Aprender a bailar un tango con la vida

Por Marcelo Vázquez Ávila Envejecer no es precisamente un paseo por el parque, ¿verdad? Es como aprender a bailar un tango con la vida: a veces vas rápido, a veces lento, y en ocasiones hasta te pisas los pies. Tienes que acostumbrarte a ese paso más pausado, a sentir cómo se despide el que solías ser y a darle la bienvenida a ese nuevo yo que llega con una sonrisa y quizás un par de arrugas. Cumplir años es un arte, una obra maestra con trazos de aceptación. En esta galería de la vida, hay que mirar con cariño ese nuevo rostro en el espejo, un rostro que ha acumulado historias, risas y, sí, también algunas lágrimas. Es hora de lucir con orgullo ese cuerpo que ha llevado a cabo tantas aventuras, y de dejar atrás las vergüenzas y prejuicios que, seamos sinceros, ya no tienen cabida en este espectáculo. En este viaje hacia la madurez, hay que aprender a soltar. Dejar ir a quienes solo estaban de paso y dar la bienvenida a quienes eligen quedarse. Ah, p...