Cara y cruz de la Autoestima
Amarse a uno mismo parece la cosa más sencilla y
natural del mundo. Pero últimamente ha adquirido la categoría de problema. Si
la conciencia de la
propia dignidad es un índice de higiene mental, esta
crisis de autoestima
revela un fenómeno preocupante.
La baja autoestima
tiene causas diversas: problemas de inadaptación en la infancia o en la adolescencia,
crisis matrimoniales, fracasos laborales que desembocan en procesos depresivos
más o menos agudos.
Cara
y cruz de la autoestima
El concepto de
autoestima se encuentra hoy en el candelero. Y hasta en el Metro se pueden encontrar
carteles que invitan a participar en un "taller de autoestima".
Entre los expertos está generalizada la tesis de que la baja
autoestima es un rasgo de la modernidad. La depresión está muy relacionada con
la pérdida de autoestima. El depresivo no se quiere a sí mismo, posee una
memoria selectiva que recuerda sólo lo negativo de su vida. Pero la
preocupación por la autoestima tiene cara y cruz, porque es un concepto equívoco.
Por una parte, es
necesario que las personas se quieran y cuiden de sí mismas. Es algo normal que
proporciona equilibrio interno. Incluso en la tradición bíblica se nos dice que
hay que amar a los demás como a nosotros mismos; por tanto, cierto amor hacia
la propia persona es bueno, ya que sin él, entre otras cosas, no podríamos
también amar a los demás.
Quienes sufren
problemas de autoestima no se aceptan como son, se rechazan a sí mismos y
difícilmente amarán a otros. La baja autoestima provoca conflictos en el
ambiente familiar, laboral, y en la amistad.
La disminución de
la autoestima afecta a personas de diversas edades, pero es típica entre adolescentes.
A esa edad no se conocen bien: se sobrestiman algunas cualidades (aspecto
físico) y se infravaloran otras (inteligencia). Hay jóvenes que han elevado a
la categoría trascendente su aspecto corporal y "no se gustan", por
lo que caen en la tortura psíquica.
Otra etapa crítica
desde el punto de vista psíquico para la mujer y el hombre tiene lugar entre
los 40 y los 50 años. Al llegar a la madurez hacemos balance de nuestra vida y, con frecuencia, no estamos satisfechos
con ella.
La otra cara de la
moneda es la sobrestimación personal a la que se llega cuando en el
autoconocimiento no se introducen claros criterios de racionalidad. La
sobrestimación lleva de la mano al narcisismo: se desplaza el interés por los
demás a uno mismo de manera enfermiza, se minusvalora a quienes están
alrededor, que pasan a ser meros espectadores.
Por tanto, me
parece bien que se hable de autoestima para evitar su carencia; pero sin caer
en el polo opuesto. Tanto el deterioro como el exceso de la autoestima son
inaceptables, porque manifiestan de manera diferente un amor propio dañino y
frustrado.
Los
problemas de la autoestima
En
la fachada de las escuelas griegas clásicas podía leerse: "Sé el que
eres". Pienso que es un problema de autoconocimiento. Hemos de ser capaces
de sacar lo mejor de nosotros mismos. Conocer los propios valores y
limitaciones. Poner como lema de la propia existencia: "Quiere lo que
haces y haz lo que quieres", porque mucha gente hace lo que no quiere.
Hay que romper
estereotipos sobre los valores femeninos y masculinos tradicionales:
ordinariamente lo primero que se aprecia en una mujer es la belleza; si no es
guapa, se valora su simpatía; y si no posee ninguna de esas cualidades, recién se
tiene en cuenta su inteligencia. Con frecuencia se consideran excluyentes estas
notas de valoración.
Sería
positivo que se aparcaran estos decadentes patrones y que pusiéramos de moda valores
como la autenticidad, la sencillez y la
inteligencia.
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