lunes, 8 de julio de 2019

Vivir apresuradamente






El ser humano es, por definición, un ser social que tiende a establecer vínculos, a formar comunidades y a crear redes. Esto exige una cierta capacidad de acción que define a la misma condición humana. La persona es persona en cuanto que actúa, claro que no nos referimos a cualquier obra sino a través de una acción consciente (K. Wojtyla).

El ser humano, en tanto que ser reflexivo y autoconsciente, es capaz, también, de tomar distancia, de su agitado y loco entorno y de su misma vida, anhelando espacios de para reencontrarse y no perderse.

Todos vamos con prisa, tenemos la sensación de no llegar. ¿Por qué corremos tanto? ¿Adónde vamos? ¿Qué o quién nos espera?

La etapa de la vida que estamos viviendo esta llena de obligaciones: cuidar de nuestros hijos y asegurarnos su incierto futuro, cuidar de los padres que se han hecho mayores y van perdiendo facultades, hemos de defender nuestro lugar de trabajo con uñas y dientes en un momento nada fácil como el que estamos viviendo y por si fuera poco, tenemos que cuidar de nuestra pareja, de nuestro cuerpo y mente. Todo son exigencias, el tiempo no da mas de si y quisiéramos estirar el día como si fuera una media, pero no podemos.

Estamos acostumbrados a hacer muchas actividades y hay gente que cuando se encuentra con un tiempo muerto se inquieta mucho y tiene que llenarlo con cualquier acción. Es un miedo al “tiempo vacío”, a la agenda en blanco, a las tardecitas sin “nada que hacer”. A veces creo que esa hiperactividad encubierta no es otra cosa que un modo de escapar de nosotros mismos, de huir de la quietud.

Hay personas que están huyendo de esa posibilidad de reflexión de su propia vida mucho tiempo, les da pánico. Sienten que están hechos para moverse, para realizar actividades, para ir de aquí para allá. Incluso sienten culpa cuando se encuentran a gusto y embelesados frente a un amanecer…

No soy nadie para dar consejos, tampoco me los has pedido, pero ahora que ha comenzado el crepúsculo de mi vida, lo veo un poco distinto que hace unos años. Es como si tuviera ojos nuevos, veo mas que antes y con mayor nitidez.

Entiendo que tienes múltiples obligaciones y que todos te reclaman, pero cuando puedas practica la quietud reflexiva, analiza tus actos, ¿cual es mi beneficio para esta siguiente acción?, ¿cual es mi pérdida? soy capaz de asumirla?

No quieras llenar el poco tiempo libre del que dispones con mas actividades. Busca un sitio tranquilo, deja que fluyan tus pensamientos, que afloren los sentimientos, no te veas obligado a encarcelar ninguno. Por un momento despréndete de los recuerdos y también de tus expectativas, deja que todo fluya y relájate, fija la mirada en un punto del horizonte, respira hondo una y otra vez, sin hacer nada.

Los frutos de esa inacción son inmensos, cuando estas quieto y presente, captas mejor todo lo que pasa a tu alrededor, disfrutas con mas intensidad de cada faceta de la realidad. Vives mas intensamente, te permite ver las cosas con claridad, priorizar, saber decir lo correcto y, sobre todo saber callar cuando es necesario. Te das cuenta de cuándo estas de mas y también de cuándo eres necesario…

No se trata de ser pasivo, de dejar de hacer lo que te corresponde aquí y ahora, ni menos aun, de incumplir las propias obligaciones. Pero, esa inacción nos da la habilidad de discernir, en cada momento lo que hay que hacer, lo que hay que decir, lo que hay que callar y dejar pasar.

No dediques tiempo a lo que es innecesario y cuando estés en un sitio, que sea de verdad, con los cinco sentidos, como si fuera la ultima vez que estas allí.

Ojalá que nunca tengamos la sensación de habernos pasado la vida dentro de un tren de alta velocidad y que no hemos saboreado todo lo que la realidad nos regala a cada instante

domingo, 6 de enero de 2019

Una vez vi a los Reyes Magos

Anónimo





Una vez vi a los Reyes Magos. No eran tres, eran dos y eran los mejores magos que vi en mi vida. Se las arreglaban para que siempre hubiera algo en los zapatos, lo mínimo, lo que fuere. Aunque no hubiera nada, ellos lograban que haya lo que para mi era todo. 


Al tercero nunca lo vi, pero seguro que lo dejaban cuidando los camellos. 
Nunca, nunca olvidaré a los dos Reyes Magos que vi. 

Seguro que ustedes también lo vieron y saben quiénes son y saben que son más magos que reyes. 

Si dejaron de creer, si esta noche no ponen los zapatos, ni el pasto, ni el agua, acérquense a sus reyes, denles un beso en la frente (ustedes saben que los tienen cerca) y los que no los tienen con ustedes, sepan que desde un cielo hermoso siguen viajando para seguir entregando ilusiones y sonrisas...

Agradézcanle la herencia porque ahora muchos de ustedes se han convertido en reyes y en magos. Y lo mejor que pueden dejarles a sus hijos es esa magia que los convertirán en reyes y en magos…. Y dentro de unos años, nosotros recibiremos ese beso en la frente y así será hasta el fin de los tiempos… 


Feliz noche para los reyes de hoy, para los de ayer y los reyes del futuro, porque no hay mejor reino que el mágico, ni mejores reyes que aquellos dos!! 

Si, una vez vi a los Reyes Magos

sábado, 22 de diciembre de 2018

Carta a un Amigo

... en el día de tu cumpleaños !



Pienso, - y espero que estés de acuerdo- que tener 60 años es tener dos veces 30; es reconocer la densidad y riqueza del ayer y lo frágil y precario del mañana; es estar dispuesto a vivir intensamente la década que se abre con la lúcida convicción de que puede ser la última en poder vivirse intensamente; es ya no posponer los sueños y hacerlos realidad.

Tener 60 años es tener respeto a los espejos porque no mienten y no volverán a mentir nunca más. Es alegrarse cuando, al despertar, a uno le duele algo: una articulación, la garganta, la cabeza, porque significa que estás vivo. 

Tener 60 años es por fin saber quiénes son tus verdaderos amigos y haberse ganado el enorme privilegio de no simular más frente a los otros; es saber decir “no” cuando es “no”; es conocerse a fondo y poder, por fin, dialogar con su cuerpo, conocer los caprichos de su digestión, los ritmos de su corazón, la capacidad de sus pulmones y la susceptibilidad de sus articulaciones en tiempos de lluvia. 

Tener 60 años es burlarse de todas las dietas de las revistas y libros de autoayuda porque ya uno sabe perfectamente cuál es su régimen de vida. 

Tener 60 años es conversar con la soledad y nunca sentirse solo con ella.

Tener 60 años es ya no pedir permiso a nadie para cumplir un viejo sueño, para ir a cine a las tres de la tarde, o prender la luz a las tres de la mañana para leer nuevamente un capítulo de la última novela de misterio que tenés en la mesa de luz porque no lograste conciliar el sueño.

Sí, porque al escribir esto, sé una vez más que sos un hombre privilegiado. Porque a la vuelta de la esquina de tu casa, hay personas como vos, de 60 años, desplazadas y olvidadas. 

Tener 60 años es asombrarse de lo que has logrado con tus hijos y tus hijas que ya están en la década de los 20. Es inaugurar con ellos nuevas miradas, nuevos diálogos, con ese sentido de desprendimiento y de levedad, frente a ellos y ellas.

Tener 60 años hoy y en un cercano e irreverente mañana, que llegará antes que lo pienses dos veces, es volverse un abuelo complaciente, enamorado, liviano y desculpabilizado como no lo has sido con tus hijos. 

Tener 60 años es entender el misterio de la vida y empezar a confrontarse con la muerte, sin temor ni tristeza, porque está ahí asomándose, tímida pero inexorablemente.

Tener 60 años es empezar a despedirte demasiado temprano, siempre demasiado temprano, de buenos amigos o amigas.

Te escribo estas líneas, querido amigo para sugerirte que, entrando en esta etapa, que supe iniciar un puñado de años atrás, es necesario aprender a burlarse de los discursos de una cultura que nos quiere, o nos vuelve, invisibles y deterioradas. Discursos de una sociedad basada cada vez más en una lógica de mercado que exige productividad y consumo, lógica que los medios se encargan de difundir y que no hacen sino mostrarnos el universo de una juventud que pretende ser eterna y asociada solamente a la belleza perdurable y al éxito. 


Amigo querido termino como empecé, tener 60 años es tener dos veces 30
Que los cumplas muy feliz, todos los días de tu vida

martes, 20 de noviembre de 2018

Un corral de gallos de riña





Según Lindred Greer, profesora de Comportamiento Organizacional de la Stanford Graduate School of Business, las personas que llegan a los puestos más altos de las empresas tienden a dar prioridad a sus propios objetivos sobre los de los demás, no tienen en cuenta las perspectivas ni los sentimientos de otras personas y son menos educados. Actúan para preservar su poder, a veces agresivamente, cuando sienten que éste se ve amenazado.

Lo que la mayoría de las empresas no han reconocido plenamente es el daño que estos directivos pueden causar, sobre todo cuando deben trabajar juntos en el mismo equipo.

La investigación publicada por el equipo de Greer en los últimos tres años, muestra un panorama sombrío para las organizaciones que ignoran el daño que un poder descontrolado puede causar. Cuando la gente con mucho poder trabaja con compañeros que pueden suponerles una amenaza potencial, entonces atacan. El conflicto se produce.

Y esto es así porque el poder es tan valorado que la gente que alcanza la máxima responsabilidad de una organización luchará para conservar su posición en lo más alto del organigrama. En este contexto, la investigación demuestra que los conflictos de poder en los equipos de gestión son tan comunes que, pese a que cabría esperar que estos equipos fueran los más eficaces de la empresa, en realidad pueden ser menos efectivos que equipos de trabajo situados en niveles inferiores.

El mal menor de estos conflictos se traduce en una enorme pérdida de potencial para una organización que dependa de sus empleados más cualificados y experimentados. En el peor de los casos, los conflictos terminan en despidos y en fracasos rotundos. Las empresas que hacen caso omiso de las luchas por el poder, no encarando ese problema,  finalmente pagan el precio.

La investigación del equipo de Greer, publicada en ‘Behavior and Human Decision Processes and the Journal of Applied Psychology’, sugiere que las empresas se fijen en modelos de gestión y liderazgo tendientes a evitar o minimizar las luchas de poder en sus equipos de alta dirección. Por otro lado, la claridad es también importante: equipos en los que los roles de poder y liderazgo se han establecido con claridad y equipos en los que la percepción de las personas sobre su propio poder coincide con la percepción de sus compañeros de equipo sobre este aspecto consiguen un mejor desempeño.

El establecimiento de una cultura sana en equipos con mucho poder no es fácil. Las organizaciones pueden cambiar el entorno en el que los ejecutivos están operando, pero, probablemente, no puedan transformar los personajes de los directivos o la naturaleza adictiva del poder. Lo ideal es realizar tres pasos que las organizaciones pueden dar para afrontar estos conflictos de poder:

1.       Definir, discutir y reforzar los roles. Los problemas en los equipos de gestión desaparecen si los miembros del equipo pueden llegar a un acuerdo claro y aceptado sobre los roles y lo mantienen y refuerzan con el paso del tiempo. Si un CEO saliente nombrara a su sucesor, los conflictos entre los directivos de nivel inferior que se postulan al puesto podrían reducirse. El conflicto también puede gestionarse mejor cuando la experiencia de cada miembro del equipo es reconocida, ya que una persona que se siente segura en su papel es menos probable que se sienta amenazada.

2.       Establecer una toma de decisiones compartida. De esta manera, compartiendo decisiones, los miembros de los equipos se sienten menos amenazados por otros miembros del equipo. La competencia compartida reduce las diferencias de poder real o aparente entre los miembros.

3.       Proporcionar formación en conflictos y crear una cultura de respeto. Los equipos de gestión que tienen suficiente formación en técnicas de gestión de conflictos son mejores en el reconocimiento de estos y en abordar problemas reales subyacentes. Las luchas de poder surgen a menudo en la discusión de las tareas o asuntos de procesos aparentemente triviales, como, por ejemplo, qué día de la semana se fija para reuniones. Los equipos pueden establecer una cultura de respeto en esas discusiones o encontrar formas creativas para ampliar el “pastel de jerarquía”, de manera que cada persona en el equipo tiene poder, aunque tal vez no en la forma deseada. Reconocer qué miembros del equipo están involucrados en una lucha por el poder y resolverlo de forma rápida y con respeto es una habilidad que solo poseen unos pocos líderes. La investigación mostró lo rentable que es para una organización invertir en la identificación, aceptación, y posterior desarrollo de esa habilidad.

Desconozco si has trabajado con algún Comité de Dirección tipo “Corral de Gallos de Pelea”, pero si lo has hecho te recomiendo que te olvides de ellos, saques los aprendizajes positivos que seguro tiene toda experiencia, e intenta no imitarlos. 

El mal ejemplo, aunque parezca paradójico, puede servir para generar buen ejemplo. 
De ahí el dicho: ”no hagas con los demás lo que no quieres que hagan contigo”.

lunes, 5 de noviembre de 2018

La importancia de expresar las emociones (II)



Te presento diez claves de posibles comportamientos, comprueba por ti mismo el cambio que algunas de ellas pueden suponer en nuestra vida.
En mi anterior post te prometí compartir algunos comportamientos que nos pueden facilitar el hecho de poder expresar nuestras emociones. A continuación encontrarás diez estrategias que nos ayudaran a comunicar las emociones de forma más natural, empática y asertiva. Una vez que las ponemos en práctica, verás cómo la confianza y autoestima mejoran a la vez que las relaciones tienden a afianzarse.
1. Intenta ponerte en el lugar del otro
En primer lugar, es necesario que te pongas en la piel de la otra persona y te imagines que alguien viene a decirte lo que tú le vas a decir. ¿Cómo te sentirías? ¿Qué pensarías? Ponerte en el lugar del otro te ayudará a entender mejor la emoción que quieres comunicar, de modo que le estarás ayudando a que te comprenda.
2. Comenzar expresando un sentimiento positivo
Antes de lanzarte a expresar tus emociones negativas, te será útil elegir una persona de confianza y expresarle algún sentimiento positivo que hayas tenido últimamente. Si tiene que ver con tu situación vital, la fórmula es tan fácil como Me siento [muy feliz] por [haber aprobado el examen]”.Si está relacionado con un comportamiento suyo la fórmula sería la siguiente:
Me sentí [acompañado/halagado/satisfecho]
Cuando tú [te quedaste conmigo después de que todos se hubiesen ido /me dijiste que me sentaba bien el traje/cocinaste una cena buenísima]”.
3. Utiliza verbos emocionales
Hay una serie de verbos sensitivos como “siento”“noto” o “percibo” que no pueden ser rebatidos porque se refieren a tu estado interno, y eso es alguien que nadie puede discutir.
Imagínate que uno de tus amigos te dice “Sé que he conseguido el trabajo que tanta ilusión me hacía, pero aun así me siento vacío.” ¿Crees que alguien podría rebatir una afirmación así? A diferencia de los razonamientos, las emociones se sienten sin que nosotros las podamos controlar, de modo que no hay discusión posible. Otros verbos emocionales que puedes usar son: “Me alegra”“Me entristece”“Me asusta”“Me sorprende” o “Me indigna”.
4. Explica el porqué de tu emoción
Solemos creer que no es necesario que justifiquemos cómo nos sentimos, pero lo cierto es que explicarnos o describirnos nos ayudará a que el otro nos entienda. Cuando nos explicamos, demostramos que somos humanos, que tenemos motivos (no que tenemos la rezón para ello) para sentirnos así, y con eso conseguiremos que se sienta más cercano a nosotros.
Imagínate por ejemplo que quieres decirle a tu amigo que te sientes muy desafortunado en las relaciones y que al final ninguna te sale bien. Dicho así parece un lamento más, pero ¿y si lo expresases con honestidad? “Me siento muy frustrado cada vez que una relación no sale bien, porque me da la sensación de que hay algo malo en mí que no sé qué es.”
En este momento estarás revelando tus sentimientos en profundidad, te quitarás un peso de encima y tu amigo podrá apoyarte con más empatía.
5. Usa la perspectiva subjetiva
Cuando quieras acompañar tu emoción de un razonamiento, te recomiendo que uses la perspectiva subjetiva (también conocida como mensajes “Yo”). Con ella evitarás que la otra persona se sienta atacada o discuta lo que le estás diciendo.
Para conseguirlo, introduce elementos en tu mensaje que lo conviertan en subjetivo, como “en mi opinión”“bajo mi punto de vista”, “considero” o “para mí”. Observa la diferencia:
“Ayer me trataste mal y me siento ofendido”. Este mensaje puede provocar conflicto porque, si la otra persona cree que no te trató mal, se defenderá de tu acusación.
“Considero que ayer me trataste mal y por eso me siento ofendido”. Este mensaje es más asertivo, porque nadie puede discutir tu perspectiva y visión de las cosas. Estás asumiendo la responsabilidad de tus propias emociones, sin atribuirlas a nadie.
6. Di el nombre de la otra persona
Cuando quieras expresar tus sentimientos a alguien, puede serte de gran ayuda empezar diciendo su nombre.
Oír el propio nombre activa el área cerebral de la recompensa, así que al escuchar cómo decimos su nombre, toda su atención se dirigirá hacia nosotros. Es una forma de generar cercanía y predisponerle para que acepte mejor lo que vamos a decir a continuación (Howard & Kerin 2011).
Imagínate que le quieres explicar a un amigo que hoy te encuentras malhumorado, pero no sabes bien cómo hacerlo porque tampoco tienes claros los motivos. Intenta expresarlo incluyendo su nombre en la frase (“Marta, me siento muy alterado hoy, no sé por qué, pero me siento así”).
Conseguirás captar su interés, que te escuche con más atención y que empatice mejor contigo. Claro que esperar empatía nos es lo mismo que te diga que tienes razón ¡! Tú no buscas eso, solo comprensión aunque no esté racionalmente de acuerdo contigo.
7. Asegúrate de que te entiende
El lenguaje de los sentimientos es muy subjetivo, así que es importante que te asegures de que la otra persona te está entendiendo.
La mejor forma de hacerlo es pedirle que intente explicar con sus palabras lo que le estás diciendo“No sé si me estoy explicando bien, ¿me podrías decir qué has entendido de lo que te he dicho hasta el momento?”. Así te permitirá clarificar tus intenciones y evitarás malentendidos.
8. Utiliza el humor
Si quieres tratar un tema serio que te genera bastante incomodidad, no lo dramatices. Aunque expresar tus emociones te haga sentir vulnerable, con humor podrás aligerar esa sensación y ver la situación desde diferentes perspectivas. Además, ayuda a evitar que ninguna de las personas involucradas se ponga a la defensiva, por lo que es un gran aliado.
9. Pregúntale cómo se siente
Aunque en el momento en que expresas tus sentimientos quieras ser escuchado, todo el mundo tiene esa necesidad en las situaciones de alta carga emocional. Y suele ocurrir que, cuando hay una emoción enquistada dentro de nosotros que queremos expresar, se nos olvida que probablemente la otra persona también esté sintiendo algo que quiera expresar.
Preguntar cómo le hace sentir lo que estás diciendo os ayudará a empatizar, permitiendo que os pongáis en la piel del otro y reduciendo la posibilidad de que se cree un conflicto.
10. Practica mentalmente
Visualizarte a ti mismo realizando paso a paso las acciones que quieres llevar a cabo ha demostrado ser un potente motivador del cambio que buscas. Si te cuesta expresar tus emociones, siéntate en un lugar tranquilo, cierra los ojos e imagina una pantalla ante ti, donde se va a proyectar la escena de una persona que se comporta como a ti te gustaría hacerlo.
Por ejemplo, podrías visualizarte en estas situaciones:
·         Un compañero de trabajo se acerca a ti y te pregunta cómo estás. Sin entrar en detalles, puesto que no es un amigo íntimo, le contestas: “La verdad es que últimamente me siento regular, hay un par de asuntos que me tienen irritado.”
·         Te encuentras con un amigo y le comentas un sentimiento positivo que has tenido últimamente, por ejemplo: “Estoy muy satisfecho con la tarea que me han encargado en el trabajo”.
Practicando mentalmente varias situaciones en que te gustaría expresar tus emociones conseguirás sentirte más seguro cuando llegue el momento de la verdad.
Conclusión
Estamos programados para sentir emociones. Por eso, la mejor manera de habitar este mundo es aprender a relacionarnos con ellas de la forma más satisfactoria posible y no intentar evitarlas. Cuando expresamos esas emociones explotando o culpando al otro, no solo aumentará nuestro malestar e impotencia, sino que provocaremos un profundo distanciamiento con la otra persona.
Aprender a expresar asertivamente nuestras emociones nos conecta no solo con los demás, sino también con nosotros mismos Nos servirá para regularlas, reducir su impacto negativo y crear empatía con las personas que nos rodean.





viernes, 2 de noviembre de 2018

La importancia de expresar las emociones





La mayor parte de la ansiedad y estrés que sufrimos en nuestra vida está causado por una creencia muy nociva: pensamos que es mejor mordernos la lengua antes de decir cómo nos sentimos.
Es natural que sintamos un cierto bloqueo ante abrirnos a los demás; da miedo y nadie nos ha enseñado cómo hacerlo. Se ha dado por supuesto que es algo que tenemos que aprender por el camino, pero también intuimos que expresar las emociones de forma adecuada no sólo te ayudará a sentirte mejor, sino que  ayudará a mejorar nuestras relaciones.
Beneficios psicológicos
Parece ser que, si se realiza apropiadamente, comunicar los sentimientos tiene tres consecuencias muy interesantes:
a.    Permite que los demás empaticen con nosotros
En un sorprendente experimento en Facebook, los investigadores observaron que los estados que los usuarios escribían en su muro eran muy similares a los sentimientos que leían de sus amigos. Dicho de otra forma, las emociones se contagian por empatía, ¡incluso a través de una plataforma digital! (Kramer, Guillory & Hancock 2014). Cuando los demás saben cómo te sientes, inconscientemente conectarán contigo y se pondrán en tu piel. A partir de ahí tus mensajes serán mucho más empáticos y persuasivos.
b.    Hablar de nuestras emociones resulta liberador.
Al expresar nuestras emociones en voz alta les estamos poniendo nombre. Eso disminuye la respuesta de la amígdala (la zona del sistema límbico responsable de nuestra reacción emocional), lo que reduce instantáneamente la intensidad y malestar que nos pueda estar provocando esa emoción (Lieberman et al., 2007).
c.    Resultamos más atractivos
La empatía crea atracción entre las personas. Cuando expresamos las emociones demostramos honestidad y valentía, sin miedo a ocultar nada. Y eso es muy atractivo, nos hace más cercanos.
¿Cómo identificar los sentimientos?
El primer paso para expresar nuestros sentimientos es identificarlos correctamente. Pero, ¿cómo vamos a necesitar ayuda para saber qué es lo que estamos sintiendo? ¿No se supone que es evidente?. Pues no!
No es tan sencillo. En una sociedad que nos presiona tanto para ocultar nuestras emociones (¿te suena el “no seas tímido” o “¡deja de llorar!” que te repetían tus maayores cuando eras pequeño?) la mayoría de nosotros hemos acabado reprimiéndolas. La consecuencia es que a menudo nos sentimos mal, pero no tenemos claro exactamente de qué manera ni por qué.
Haz un stop y busca la emoción básica
Cuando sientas una emoción, encuentra un lugar en el que puedas estar tranquilo durante un par de minutos y cierra los ojos. A continuación, intenta reconocer la emoción básica a la que corresponde de las siete posibles (tristeza, alegría, enfado, asco, miedo, desprecio o sorpresa). En el siguiente paso le pondrás un nombre más específico.
Por cierto, aceptar que eres capaz de sentir todo tipo de emociones también aumentará tu fortaleza psicológica y mejorará tu capacidad de enfrentarte a los malos o buenos momentos que nos muestra la vida (Kross et al., 2009).
Encuentra un lugar tranquilo, concéntrate en tu respiración durante unos segundos e intenta ponerle un nombre general, sin concretar demasiado, a lo que estás sintiendo.

Encuentra la palabra específica para tu sentimiento
Existe un vocabulario emocional, ampliamente desconocido por la mayoría, que nos permite ser mucho más específicos con nuestros sentimientos.
Por ejemplo, en lugar de decir que te sientes “bien”, podrías encontrar más matices y usar palabras como “alegre”“afortunado”“agradecido” o “excitado”.
O en vez de decir que te sientes “mal”, podrías utilizar “irritado”, inseguro, decaído o rechazado. Cuanto más específico seamos, mejor comprenderemos qué es lo que realmente sentimos. Se ha demostrado que eso también te hará estar mejor, aumentando tu autoestima y afecto hacia los demás (Swinkels & Giuliano 1995).
Una vez que has identificado tus emociones, el siguiente paso será expresarlas sin caer en las trampas de la comunicación. Pero para ello, lo primero es entender qué has estado haciendo mal hasta ahora.
Errores típicos al expresar los sentimientos
De pequeños aprendemos matemáticas, lengua, literatura y ciencias sociales. Con suerte, nuestro plan de estudios también tendría alguna asignatura de ética, pero la realidad es que nadie nos ha enseñado a comunicarnos emocionalmente.
Esta es la causa de que mucha gente exprese sus emociones de manera impersonal y con consecuencias desastrosas, tanto para ellos mismos como para los demás. Estos son los errores más habituales que todos hemos cometido alguna vez:
1. Expresar un pensamiento en vez de un sentimiento
Cuando empezamos diciendo “Siento que…” a pesar de usar el verbo correcto, finalmente estamos comunicando un pensamiento, no un sentimiento.
La diferencia radica en el que. Haz la prueba. Cuando dices “Siento tristeza” estás hablando de tu sentimiento. Pero cuando dices “Siento que esta tristeza me va a matar”, te refieres a un juicio del pensamiento: que la tristeza va a acabar contigo.
Si hablas de tus pensamientos te estarás enfrentando a la situación de una forma racional y los demás no podrán empatizar contigo. Pero cuando te refieres a tus sentimientos, la vulnerabilidad que demuestras al expresar lo que sientes les permitirá conectar contigo (Brown, B. 2013).
2. Empezar con “Me haces sentir”

Aunque pueda parecer que estás expresando un sentimiento, en realidad estás culpabilizando al otro, responsabilizándole de tus emociones. Tú, me haces sentir… estamos echando la culpa al interlocutor
La comunicación se transforma en una fuente de conflictos cuando no nos ayuda a ser conscientes de que somos los únicos responsables de nuestros pensamientos, sentimientos y actos. “Me haces sentir…” provoca discusiones porque niega nuestra responsabilidad personal, y la atribuye en su totalidad a los demás.
3. Tratar de olvidar lo que sientes

Desde pequeños nos han enseñado que las emociones son complicadas y es mejor evitarlas, pero con el paso de los años comprobamos que ese “Tú tranquilo, intenta no pensar en ello” no funciona.
Se ha comprobado que intentar reprimir nuestras emociones negativas en vez de validarlas incrementa la ira. Sus consecuencias van incluso más allá, con estudios que hablan de un aumento en el riesgo de cáncer del 70% en aquellas personas que evitan expresar sus sentimientos (Chapman, Fiscella & Kawachi 2013).
4. Explotar cuando ya no puedes más
Esta es la fase natural a la que se llega después de haber aguantado demasiado tiempo. Pero cuando la única salida para nuestros sentimientos es la explosión podemos provocar daños, quizás irreversibles, en cualquier relación.
Imagínate que tienes un amigo que suele llegar tarde. La primera vez que lo hace, sonríes y le dices que no pasa nada. A la segunda y la tercera, te sabe mal pero te callas. Y al final, empiezas a pensar que no tiene ningún respeto. Quizás, cuando lo haga la próxima vez, termines gritándole y mostrándote furioso, reprochándole que si te apreciara no te haría esperar cada vez que quedáis.
Y probablemente tu amigo se quedase atónito, puesto que hasta ese momento le habías estado diciendo que no pasaba nada y nunca habías mostrado ninguna señal de molestia.

En nuestro próximo Blog trataremos de “Algunas claves imprescindibles para poder expresar lo que sentimos”.

Insignia identificativa de Facebook