sábado 28 de noviembre de 2009

"Campeón, ¿se nace o se hace?"



por Marcelo Vazquez Avila

El campeón se da más oportunidades, pero tampoco se conforma en los partidos ni en los entrenamientos. Su éxito se basa en conocer su lado flaco y en trabajar para mejorarlo.


Más allá de las grandes diferencias entre un ámbito y otro, empresa y deporte tienen algunas similitudes. Semejanzas que Valdano parece extraer a lo largo de su experiencia de jugador y técnico, devenido hoy en empresario. Se trata de dos campos importantes de la actividad humana. “En la empresa, nos dejamos jirones de nuestra existencia; en el deporte, desplegamos todo nuestro arsenal de habilidades y pasiones, mostrando desnuda nuestra verdadera personalidad y, a caballo de ambos, aprendemos a caminar por la vida, nos entrenamos en el cotidiano empeño de escribir nuestra irrepetible biografía”, enfatiza el profesor Santiago Álvarez de Mon, del IESE.


Pasión vs. Rutina


A la hora de analizar distintos roles del deporte y la empresa, aparece la figura del entrenador, como así también la del gerente. “Ciertos atributos que tienen los coaches también los tienen los buenos gerentes”. “El liderazgo, saber de lo que se habla; la selección y el manejo del talento son procesos equivalentes. Un buen gerente y un buen coach atraen, seleccionan e incorporan gente valiosa”. Además, en Alto Desempeño, Figueiredo asegura que, tanto en la empresa como en el deporte, “una parte primordial de la gestión del talento que debe realizar un dirigente es brindar medios, herramientas para que se puedan expresar sin limitaciones las capacidades individuales y encuentren cauce los esfuerzos y el potencial de las personas…”.


Por otra parte, en ambas esferas, el ingreso al equipo requiere un mínimo de aptitudes técnicas. En el deporte, estas características pueden relacionarse con cierta altura, peso, destreza, ductilidad y habilidad personal. Luego, aparecerán el verdadero carácter, el temperamento, la templanza y la fortaleza anímica que definen a cada persona. “Entre los 100 mejores tenistas, la diferencia en la aptitud física entre el número 100 y el primero es casi inexistente. Es la superioridad mental lo que hace a Roger Federer y Rafael Nadal casi invencibles”, explica Figueiredo.


Juan José Angelillo es uno de los entrenadores de la primera división del San Isidro Club (SIC), club que también lo tuvo como jugador en la máxima categoría, y también formó parte de Los Pumas entre 1990 y 1994. Además, es directivo de STC, empresa de logística postal que fundó en 1988, junto con otros dos compañeros de club y selección: Diego Cash y Fernando Conti. Cabalgando entre las dos realidades, para Angelillo el rol de coach en la empresa es más complejo. “Si el martes a la noche, en un entrenamiento en el SIC pregunto quién quiere ir a su casa, la respuesta es nadie. En cambio, si esa misma pregunta la hago el martes a las 9 de la mañana en la compañía, la respuesta es todos. Existe un aspecto afectivo, emocional y lúdico que hace una diferencia gigantesca en el deporte”, asegura.


“En el SIC, los jugadores ponen el entusiasmo”, opina y luego agrega: “Como entrenador, esa emoción no la pongo yo, sino el jugador”. “A veces te equivocas”, afirma, y asegura que en la empresa hay menos tolerancia al error. “En el deporte, la mejor escuela de aprendizaje es equivocarte y es imposible no hacerlo. Un crack puede no convertir un penal, pero un contable no puede errarle en una coma. El juego te enseña a ser tolerante porque la intolerancia no te lleva a ningún lado. Si yo reacciono mal frente a la equivocación, genero un mal clima”.


Otra similitud entre empresa y deporte radica en la medición de los objetivos. Es decir, las dos esferas tienen metas y procesos, pero en el deporte puede verse la medición casi on line, semana a semana. “En cambio, en otras actividades, el vínculo entre los procesos y los resultados no es tan visible. ¿Cómo se evalúa a un gerente? ¿Por campaña, por año? La actividad empresaria es más compleja que el deporte”, asegura Figueiredo.


"Habría que preguntarse por qué la gente puede, en ámbitos como el juego y el deporte, entregarse con más pasión que en una compañía. Ciertas respuestas tienen que ver con la vocación, el gusto y el propio juego”, sostiene. Y entonces, el trabajo sería lo contrario: el no juego, la rutina, la alienación.


En este aspecto, el deportista profesional se parece más al trabajador. “Existe una paradoja: deportistas amateurs, sin dinero de por medio, son capaces de entregar años de su vida al juego. En la empresa, no podría desarrollarse este tipo de entrega. Hay cosas que se dan en el deporte que no se dan en la empresa como los márgenes de libertad, autonomía y creatividad. En la compañía, esto hay que hacerlo más conscientemente”.


En el mundo del trabajo esa pasión, creatividad y juego sólo los encuentra el que tiene una vocación genuina por lo que hace, que disfruta como un tenista o un deportista y que muestra a ese niño que quiso ser ingeniero o médico. Cuando lo disfruta, sale lo mejor de él, la pasión, el amor, y no sólo el afán por el dinero.


¿Buen deportista, buen empleado?


¿Practicar deportes trae un valor agregado en la empresa? “No busco deportistas en la compañía”, dice Angelillo, pues no cree que el deporte sea la única actividad que desarrolla la personalidad. También resalta las distintas expresiones artísticas. “Pero, por ejemplo, en Atención al cliente busco personas con don de gentes. Me das a elegir entre un individuo con estas características y otro más preparado técnicamente, un crack pero un amargo, y me quedo con el primero”, sentencia Angelillo.


“Cuando hago entrevistas para incorporar a un empleado, siempre le pregunto si practica algún deporte y cuál”, relata Mariano Keena, socio y fundador de FK Group, una empresa de comunicación visual. Keena ama el deporte: jugó al rugby durante muchos años en el Club Newman, luego se dedicó al golf –llegó a cinco de handicap–, y actualmente realiza carreras de aventura en equipo y entrena a los chicos menores de 15 de su club. “Necesito hacer deporte, porque es un buen canalizador del estrés. Además, rindo el doble en el trabajo y veo que los que practican deporte se cansan mucho menos”, asegura y cuenta que, para no robarle tiempo a su familia con la práctica en horarios nocturnos, entrena yendo a la oficina en bicicleta o corriendo.


Según Figueiredo, cuando una compañía selecciona a alguien lo hace por sus capacidades técnicas y no por ser un deportista. Pero una vez que muestra sus atributos, si además practica deportes, puede dar indicios de cómo es esa persona. El deporte tiene un aspecto formativo muy importante, y el de alto desempeño parecería tenerlo más aún. Enseña a tolerar la presión, trabajar en situaciones adversas, enfrentar a rivales más duros, ser regulados con las pautas de un árbitro, respetar decisiones de otros, prepararse, entrenarse y esforzarse, entre otras cosas.


“El deporte muestra la pasión por lo que haces, la perseverancia, el entusiasmo por cumplir metas y objetivos, porque en un juego sin objetivos no llegas a ningún lado”, dice Keena y asegura que una de las mayores enseñanzas que le dejó el deporte y que aplica a su trabajo es la de “mente fría y corazón caliente”. El deporte también resalta valores como la solidaridad, la confianza y la capacidad de establecer vínculos. Para Figueiredo estas características parecieran estar más presentes en las personas que han desarrollado deportes en equipo. Mientras tanto, los deportistas individuales parecieran ser personas con una capacidad de autonomía y de entereza frente al rival, a diferencia del que opera en equipo que siempre tiene en quién apoyarse. “Descubrir y arbitrar adecuadamente el proceso de relación entre las partes –que son procesos únicos e irrepetibles porque se dan en circunstancias de cada partido; descubrir cómo hay que relacionarse con esa realidad cambiante, dinámica y compleja, es un adicional que tienen los deportistas de equipo”, afirma Angelillo y destaca que, en la alta competencia, todo lo que es destreza física o técnica está en un mismo nivel. “Todos los equipos de primera división tienen buenos jugadores. La diferencia está en los funcionamientos, cómo se combinan y en el saber que uno juega cuando no juega”.

La nobleza y el fair play son aspectos intrínsecos del deporte, como así también la capacidad para tomar decisiones rápidas, la actitud, la cabeza, el empuje propio, el siempre “dar un poquito más”, el disfrutar y aportar, además de beneficios para la salud, una visión lúdica y desacartonada de la vida. Y en los deportes más individuales, se nota mucho el competir contra uno mismo, el afán de superación. El motor que tienen los deportistas es una escuela de vida impresionante. Podría decirse que casi irreemplazable.

miércoles 25 de noviembre de 2009

"Estrés, trabajo y libertad"


"El estrés es un estado de ignorancia. Se cree que todo es una urgencia"



Natalie Goldberg

Los propios psicólogos no se ponen de acuerdo en definir que es el estrés, difícil de evaluar y de medir dado su componente subjetivo. Según el Diccionario de la Lengua Española, el estrés es una tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

El estrés laboral se relaciona con la angustia, la depresión, las inadaptaciones sociales, la somatización. Sin ser considerado una enfermedad, el estrés es considerado hoy como uno de los riesgos laborales mas importantes y que sufrido de forma continuada puede acarrear problemas de salud física y mental. Entre las complicaciones mas típicas se encuentran las afecciones cardiovasculares, digestivas, respiratorias, neurológicas e incluso el cáncer.

El estrés esta considerado por la Unión Europea como el segundo problema de salud mas frecuente. El coste anual en Europa se ha llegado a cifrar en torno a los 21.000 millones de Euros . Diversos estudios realizados sugieren que entre el 50% y el 60% del total de los días laborables perdidos están vinculados al estrés.

Muchos de los afectados y aquellos que los soportan o ayudan, tienden a coincidir en la naturaleza de sus causas: sus aptitudes físicas, la incertidumbre de las condiciones de trabajo, la actitud ante las propias tareas, el clima organizacional…

Si el trabajo, el jefe o la compañía son el verdadero problema, la solución es doble y sencilla a la vez. Por un lado, el individuo puede introducir hábitos que favorezcan su equilibrio interno, como una dieta sana, realizar ejercicio físico y organizar racionalmente el trabajo y su tiempo; por otro lado, la empresa puede también contribuir a evitar las situaciones de estrés de sus empleados con iniciativas diversas tales como mejorar las condiciones de trabajo, reconocer al personal según sus meritos o potenciar la comunicación interna.



“El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”

Oscar Wilde
La historia nos ha dejado visiones bien distintas y a veces opuestas, sobre el trabajo y como este complementa la vida del hombre. EL valor del trabajo debería residir en la aspiración de todo hombre de realizar una actividad digna que de sentido a su vida.

En la actualidad existe una cierta crisis del hombre como sujeto de la actividad laboral, debida en parte a la concepción materialista de nuestra sociedad, que considera al trabajador únicamente como fuente de beneficio, subordinándolo por tanto a la eficacia de las ganancias. Por toro lado, la difundida concepción tecnócrata centrada en la eficiencia y en una visión instrumental, también incide de manera negativa en el contexto personal tanto como en el social.



“En el trabajo olvido mis sufrimientos… ¡El trabajo es mi salvación!”


Honore de Balzac
Hay personas que consideran que el trabajo es lo único importante. La vida resulta así terriblemente vacía, carente de sentido, de compromiso personal claro; es entonces cuando no queda otra que aferrarse al trabajo, viendo en el un refugio individual en el que poder aislarse de otras inquietudes, sin duda, mas profundas.

La adicción al trabajo no beneficia a nadie, ni siquiera a los propios adictos, que se sienten culpables cuando no están trabajando; los colaboradores pueden verse abrumados por el nivel de dedicación de sus jefes y sus compañeros pueden incluso ir deteriorando su relación con ellos.

La sociedad tiende a respetar esta adicción pensando mezquinamente en un desarrollo implícito del hombre. Pero hay que recordar que el valor de una persona no esta asociado al mero éxito profesional, ni depende de la consideración de los demás, ni se asienta en el tener, sino que reside en el ser y en la riqueza de su vida interior.



“Solo el conocimiento que se descubre desde dentro es el verdadero conocimiento”


Sócrates
Cuales son mis talentos? Cuales son mis valores? Que espero del trabajo? Son algunas preguntas que nos podríamos plantear. Que ocurre cuando lo hacemos? No contamos con respuestas para todas esas preguntas, bien porque no hemos reflexionado sobre ellas suficientemente o en el peor de los casos no hemos querido ahondar en su solución.

El conocimiento de nuestro talento procede de nuestro interior. Todos tenemos talento para hacer algo, un talento que debemos hacer que aflore. Cuando el contenido de nuestro trabajo no esta alineado con nuestros talentos o no cumple con nuestras expectativas se va produciendo una creciente insatisfacción ante la que podemos tomar diversas actitudes.



“No cuentan tanto los años de tu vida como la vida que hubo durante esos años”


A. Stevenson
Todos merecemos gozar de un trabajo con sentido, no seamos conformistas, no aceptemos con resignación aquello que tenemos entre manos si nos separa de lo que realmente queremos. Arriesgar en busca de lo aquel trabajo que nos despierta verdadera pasión hará nuestra vida mas atractiva, consistente y responsable. Pensemos en el trabajo como un elemento en la formación del ser humano que complementa la educación y la cultura.

Hemos de trabajar intensamente, apasionadamente, exprimiendo el momento, sin caer en el riesgo de la adicción, asumiendo compromisos inaceptables. Levar la vida en nuestros propios brazos, pues si bien las cartas están dadas, somos cada uno de nosotros quienes debemos jugarlas. Dándonos tiempo para el humor, la san autocrítica, para imaginar el futuro y recordar el pasado. Para conciliar la vida laboral con la familiar. Todos tenemos 24 horas cada día, lo que nos diferencia es la liberad para usarlas.





jueves 12 de noviembre de 2009

El amor ¿es sólo un sentimiento?

El amor es el sentido más hondo de la vida humana. Amar, de acuerdo a Tomás de Aquino es querer el bien del otro, y querer estar unido a otro.

El amor no es un mero sentimiento, sino un acto del querer de la persona, de su voluntad. Es más, el amor personal compromete a la persona entera, no sólo implica a su querer sino también a su entendimiento y a sus sentimientos. El sentido último de la vida del hombre se halla en el amor y no en vano brota de éste el propio origen de la vida humana.

No hablamos de cualquier amor, sino del amor personal, que admira la belleza que el otro revela en cuanto es persona. Se fundamenta en la consideración de la persona como algo único e irreemplazable, inefable.

El amor, los amores, los amoríos

El corazón ama porque capta la verdad de las cosas, de las personas y en la medida que capta lo verdadero y lo quiere como tal, sus sentimientos son auténticos. A veces no queremos a cada realidad como tiene que ser querida y surgen respuestas desafortunadas. Es bueno detenernos un poco a ver cómo funcionamos sentimentalmente, partiendo de la base de que siempre hay sorpresas en nuestro querer y nunca podemos acotarlo ni agotarlo. C.S. Lewis distingue entre cuatro tipos de amores. Afecto, amistad, eros y caridad.

El afecto: hasta los animales y las plantas participan de este tipo de amor. Es un amor de necesidad, que lo que necesita, es dar. Un amor que da pero que necesita ser necesitado. Es un cálido bienestar, el menos discriminativo de los amores, no hace preferencias. Casi todo puede ser objeto de afecto. Es el más humilde, es familiar, tiene aspecto de ir por casa. Es un porcentaje elevado de la felicidad duradera de la vida natural. >Pero son inseguros los afectos, si bien pueden facilitar mucho la comunicación, también pueden bloquearla. Son un conjunto de tendencias y de actos sensibles que las manifiestan.

La amistad: Cuantas más cosas nobles y buenas comunicamos a nuestro interlocutor, aunque no comparta nuestros puntos de vista, mas personal es el trato, más íntimo. Por eso, se considera a la amistad, el más feliz y humano de todos los amores. Escuela de virtudes. Es el amor menos natural, menos instintivo, el menos biológico. Es un amor sustantivo, los amigos van uno al lado de otro, inmersos en algún interés común, es el mundo e las relaciones libremente elegidas. Mientras que los enamorados se mirar cara a cara, lo amigos están uno al lado del otro, mirando hacia adelante. Sócrates decía que la amistad era el centro de su vida y que el placer de contemplar a los hombres y a las cosas está cercano a la felicidad. La amistad es una relación entrañable, libre, recíproca y exigente; desinteresada; la amistad consiste mas en querer, aunque preferimos ser queridos. Ella se alimenta del convivir compartiendo.

El Eros: hay que rescatar la grandeza de este amor: Hablar del eros, no se refiere tanto a la sexualidad, que es común al mundo biológico, sino a una variedad humana de ella, que se desarrolla dentro del amor. El deseo sexual con eros, quiere a la persona amada. El enamorado quiere a su amada en particular y en sí misma, no al placer que pueda proporcionarle.

El amor de caridad: Amar de cualquier manera es ser vulnerables. El amor de Dios es la invitación a que nuestros amores vayan siguiendo su curso como un río sin fondo, por su propio cauce. Nunca nos falta por parte de Dios la invitación a que nuestros amores naturales trasciendan y no se achiquen.

Por todo esto, pienso que no hay pecado que el amor no redima, no importa cuan serio sea un problema, cuan desesperada una situación, cuan grande un error; porque el amor tiene poder para superar todo eso.







sábado 7 de noviembre de 2009

Yo ¿y cuántos más?


por Marcelo Vázquez Avila

Puestos a buscar una cualidad o competencia distintiva para el perfil del directivo ideal, me parece oportuno la de “presencia auténtica”.


Estamos convencidos de que, en nuestro ejercicio profesional, uno puede alcanzar mayor grado de desarrollo y de satisfacción. Si nos preguntáramos dónde disfrutamos más, en el trabajo o en el ocio, quizá, arrastrados por arraigadas creencias, daríamos por supuesto que en el ocio; pero, mejor pensado, admitiríamos que depende. De hecho, y aunque en muchos casos nos parezca lamentable, hay no pocos adictos al trabajo, como los hay a las drogas o al alcohol. Pero cabe hablar de trabajos... y trabajos. Hay algunos en que, aunque no lo descartemos, cuesta imaginar el disfrute; por ejemplo debido al intenso estrés de, escoltas, controladores aéreos, etc. Pero hay otros muchos —y no pensamos solo en los artistas— en que queda espacio para disfrutar, si uno se lo propone y nada se lo impide. Podemos pensar en muchas ocupaciones: médicos, docentes, guías turísticos, cocineros de restaurantes, periodistas, investigadores, profesionales de la publicidad, sólo por citar algunos. Estos y otros muchos son trabajos que, en mayor o menor medida, facilitan la autorrealización; es decir, permiten que la atención se detenga en el propio desarrollo, más allá de los resultados, y pueden, por lo tanto, resultar intrínsecamente gratificantes. Ya se entenderá que no se trata de desinteresarse por los resultados: se trata más bien de asegurarlos por la vía del trabajo hecho a gusto y a conciencia.

Hay que contar con que nuestra personalidad se dote de la necesaria actitud, de modo que seamos capaces de desarrollar la actividad con presencia auténtica, aislándonos, en su caso, de posibles problemas, tensiones o marejadas del entorno. Si nos preguntamos por qué no somos más felices en el trabajo, pensamos inmediatamente, por un lado, en la propia tarea, pero también, por otro, en las circunstancias que la rodean. En principio, de un viaje en globo nos importa más el trayecto que el destino; pero un viaje en avión lo hacemos para llegar, lo antes posible, a un destino, y no resulta sencillo disfrutar del trayecto. El hecho es que podemos disfrutar más en el trabajo que en el ocio; hay estudios al respecto, aunque también haya quien con fundamento lo cuestione.

La persona y el ejercicio profesional

En su libro La auténtica felicidad, Martin Seligman se pregunta cómo enmarca una persona el trabajo en el conjunto de su vida, y nos recuerda que los expertos distinguen entre un trabajo, una carrera y una vocación. En esta división, el trabajo es visto como un medio para cobrar un sueldo a fin de mes; la carrera añade elementos de prestigio y poder, y finalmente la vocación “constituye un compromiso apasionado con el trabajo por él mismo”. La vocación, en suma, facilita el disfrute profesional, pero no podemos vivir con mayor intensidad el aquí y ahora de cada tarea, y, por decirlo así, saborearla? ; ¿incluso en el caso del directivo de empresa, al que solemos asociar más con la carrera que con la vocación?

Cada individuo constituye un caso singular, y no deberíamos generalizar demasiado. Los directivos suelen compartir funciones diversas de gestión de problemas técnicos con otras más complejas, las que R. Heifetz llama decisiones directivas, donde intervienen personas.

Tal como podemos dar un sorbo de vino en la mesa mecánicamente, sin pensar en ello, podemos igualmente concentrar la atención y extraer agradables sensaciones, ¿cómo se disfruta más el vino? Sin duda, saboreándolo. Puede sonar discutible la analogía, pero también el directivo o empresario puede vivir con más intensidad cada instante de su desempeño cotidiano, en vez de sucumbir a la ansiedad tras los logros perseguidos; puede, aprender de los fracasos, y evitar otros; puede, en suma, mostrar disposición o actitud para el disfrute profesional y conseguirlo más a menudo.

La presencia auténtica tanto como aptitud es actitud por la cual se está en mejor disposición para participar de un diálogo, a escuchar al interlocutor, a crear un clima de confianza. Estar presente y dispuesto para el asunto que se está tratando, actuar con claridad, tratar de llegar al fondo del asunto cuando hay dificultades. Ella no sugiere perder la perspectiva de logro ni la verdadera urgencia que tienen algunas decisiones pero esa presencia invita a vivir cada momento con la necesaria atención debidamente administrada, con la libertad y el disfrute del momento, sintiendo que contribuimos al bien común, que nos cunde, cultivando relaciones, asegurando compromisos, detectando oportunidades, escuchando la voz de la intuición que nos guía, saboreando cada pequeño paso hacia las metas y aun regalándonos momentos de buen humor.

Al vivir con presencia auténtica estamos en cada momento sin que una excesiva obsesión por las metas a alcanzar nos reste reflexión y satisfacción profesional. Lo dice Mihaly Csikszentmihalyi, hablando de la calidad de vida: “El problema aparece cuando las personas se obsesionan tanto en lo que quieren conseguir, que ya no obtienen placer con el presente. Cuando esto sucede, pierden su oportunidad de ser felices”.

La presencia auténtica no es ajena al ejercicio del liderazgo si consideramos la dimensión intrapersonal del mismo (liderarse a sí mismo). Este rasgo tanto intelectual como emocional sería un componente importante al que valdría la pena dedicar mayor atención porque nos permitirá:

• Vivir con autenticidad el aquí y ahora, sin perder perspectiva.

• Creer en lo que hace y en las metas que elige.

• Concentrarse e involucrarse en cada tarea.

• Ser socialmente responsable.

• Aprender y desarrollarse continuamente.

• Saborear los logros sin incurrir en complacencia.

• Gestiona debidamente su atención y su intención.

• Cultivar las emociones positivas.

• Mostrar buen humor y confianza en sí mismo.

• Aprovechar la intuición y conciliarla con la razón.

• Ser un pensador reflexivo, crítico y creativo.

• Cultivar el orden y la paz en su conciencia.

domingo 18 de octubre de 2009


del Humor y la Risa
por Marcelo Vázquez Ávila


Comparto con Oscar Wilde que “la risa no es en absoluto un mal comienzo para una amistad, y desde luego es su mejor final”.




La magia de la sonrisa es indescriptible. Inicia conversaciones, amistades, amores. Concluye debates, discusiones, disgustos. Reírse de uno mismo, con otros, en grupo, relajarse, romper máscaras, mostrar lo mejor que llevamos dentro. Una sonrisa es el mejor pasaporte que abre todas las fronteras, un gesto honesto, un lenguaje humano irrepetible. Signo de apertura, de confianza, esperanza compartida, que no conoce diferencias, por sexo, raza ni edades. La risa tiende a contagiar, a perpetuarse en el tiempo, a recordarse. Ahora que lo pienso, no es mal epitafio: ¡Y se rió con ganas!

La ciencia y la risa


Destacados científicos dicen que con el humor y la risa se puede escapar de las enfermedades, inclusive de los males crónicos. Hormonas cerebrales como la serotonina o las endorfinas que el cuerpo produce, generan una sensación de euforia que alimenta al individuo con una pequeña dosis de alegría cuando una persona ríe.


Además, la risa produce en el cuerpo un efecto analgésico, y aporta beneficios desde el punto de vista inmunológico, lo cual se demuestra en el buen progreso de los enfermos que son tratados con “dosis” constantes de buen humor. No es necesario ser completamente feliz para sonreír, pues es cuestión de tener una actitud positiva. Cuando se tiene buen humor se puede aprender a ver los problemas de una manera relajada y buscar soluciones más creativas y flexibles.


Entre otros beneficios fisiológicos de la risa se menciona su efecto en la duplicación de la capacidad pulmonar y en la estimulación del sistema muscular, que se pone en funcionamiento cada vez que nos reímos. Los músculos de la cara, tórax y abdomen se relajan y contraen con gran velocidad, mejorando su tono. En esos momentos, y debido a la intensidad del ejercicio, cada grupo muscular se estimula como lo haría en una sesión de gimnasia. La activación simultánea del sistema respiratorio y el circulatorio permite transportar eficientemente la riqueza del oxígeno adquirida en la respiración a todos los tejidos del organismo.


Por si fuera poco, la risa es un buen activador metabólico, que provoca la liberación de adrenalina, favoreciendo la pérdida de calorías. También puede considerarse un buen bálsamo para el espíritu, ya que cada vez que una persona ríe, denota un estado de ánimo positivo. Y, finalmente, algo muy importante: la risa y el buen humor son tan contagiosos como un bostezo.


Quien no ría y no llora se ha muerto, pues cuando el corazón se ha secado, cuando los ojos no brillan, ya no se es persona.
También es cierto que hay quien circula en sentido contrario, ríen y disfrutan con el sufrimiento de los otros. Esto es pensar la risa como expresión de superioridad propia y degradación del otro que es la teoría que sustenta el rechazo platónico a la risa. El inicio del desprecio por la risa como respuesta a la incongruencia podríamos ubicarlo en La República de Platón, el filósofo también condenaba la risa “violenta”, esto es, la carcajada, por ser algo inconveniente, obsceno y perturbador. Aristóteles no se quedaba atrás y repetía una variante de la valoración platónica de la risa: Ésta era una mueca de fealdad que deforma el rostro y desarticula la voz.

Homo ridens: una apología de la risa
La risa es el antídoto para la melancolía. Si bien ha estado entre los temas más olvidados por la filosofía occidental, no deja de ser absurdo, pues el ser humano sin la risa y el humor no podría sobrevivir en este mundo de peregrinaje y sinsabores. Si no fuéramos “homo ridens”, no seríamos. Cada sociedad tiene una concepción de la congruencia y, de acuerdo con ella, percibe lo incongruente como tal. Ante esto, la descarga de la risa libera al individuo de la tensión ante sus incongruencias. Y esto es lo que le salva. Y esto es lo que verdaderamente nos salva.
Lo muestra Peter Berger en su obra sobre la risa , que comienza precisamente con el enfrentamiento entre el pensar y la risa: el pensar de Tales de Mileto y la risa de una esclava tracia. En efecto en Teeteto, el Sócrates platónico nos cuenta que: estando ocupado Tales en la astronomía y mirando a lo alto, cayó un día en un pozo, y que una sirvienta de Tracia, de espíritu despierto y burlón, se rió, diciendo que el sabio quería saber lo que pasaba en el cielo y se olvidaba de lo que tenía frente a sí y ante sus pies.
El sentido del humor es la capacidad humana para percibir algo como cómico o gracioso. La risa es la expresión de esa capacidad e implica, y eso es lo que aquí quiero mostrar, un salto fuera de la cotidianidad provocado por aquello que se ha percibido como gracioso. Y en este sentido me interesa reflexionar únicamente sobre la risa que es producto de esa capacidad de reír, producto del sentido del humor ante una situación indolora e inofensiva, o incluso ante una situación dolorosa para el propio individuo, pero a la vez irremediable, como lo puede ser una enfermedad. Me interesa reflexionar y revalorar este tipo de risa porque ella es indicativa de una cierta facultad para vivir la vida en el marco de lo que Spinoza llamó la laetitia: la alegría. El fin último de toda Ética era para Spinoza, la alegría: nada bueno surge de la tristeza. Lo sano es la alegría, y con ella, la risa. Se puede afirmar que Spinoza fue el primer filósofo en decir algo verdaderamente positivo sobre la risa. Para este filósofo son dos los afectos fundamentales de los cuales se derivan el resto de las emociones: la alegría y la tristeza. El único camino posible hacia el perfeccionamiento tanto del cuerpo como del espíritu —pues para este filósofo poseen ambos la misma dignidad— es el camino de la alegría: cualquier afecto derivado de la alegría es positivo, mientras que ninguno derivado de la tristeza puede conducir a la perfección ni al bien. De manera que para Spinoza la risa es un bien deseable y resulta benéfica para el cuerpo y el espíritu.
Marie Taylor sugiere la razón por la cual reímos ante lo incongruente: en el ser humano, nos dice, existe un impulso básico a ordenar la realidad: la respuesta humana ante el desorden es imponer un cierto orden, para lo cual es del todo necesaria la competencia de la razón. La risa, en cambio, ante la incongruencia o el desorden, no ordena racionalmente, sino que simplemente festeja la incongruencia; percibir algo como gracioso y la risa que ello provoca, dice Collins, es también la expresión del impulso humano básico de ordenar la realidad, sólo que en lugar de ordenarla se la acepta tal y como es y se la festeja. Encontramos aquí nuevamente la imagen de Tales de Mileto y su insuperable seriedad frente a la risa de la muchacha tracia. Tales no soporta la incongruencia y ordena el mundo racionalmente para no morir de desesperación: es el primer filósofo de Occidente. La muchacha tracia, ante la incongruencia de ver al sabio imposibilitado de llevar a cabo la más elemental función, a saber, caminar sin caer, no ordena nada ni pretende regresar las cosas a su quicio. No levanta del suelo a Tales ni le dice que tenga cuidado, no se preocupa por la incapacidad de los filósofos para manejarse en la cotidianidad: no ordena el mundo, simplemente rompe a reír.


Comedia y Tragedia
Tanto la comedia como la tragedia tienen el poder de arrancar al individuo fuera de su cotidianidad e introducirlo en una experiencia distinta y distante de lo ordinario.
En sus orígenes la comedia tenía un momento asignado dentro de los programas de la tragedia: las piezas satíricas se presentaban después de las obras trágicas y ofrecían la posibilidad de un desahogo cómico: tenemos así la descarga ante la incongruencia a través de la risa. Después de la seriedad de la tragedia seguía la risa curativa; después del dolor, la carcajada, que ni anula ni niega a la tragedia, sino simplemente la hace más soportable.
La risa puede jugar un papel similar a aquel que juega el arte; arranca al individuo de la cotidianeidad en que se mira sin ver y se oye sin escuchar, para llevarlo a ver y escuchar de una manera nueva y diferente. La comedia y la tragedia, la risa y la filosofía, la jovialidad y la seriedad, la alegría y el dolor no son más que dos formas diferentes de reaccionar ante la percepción de una incongruencia: en una se reacciona ordenando, en otra se acepta la incongruencia y se festeja.

El individuo se rinde ante la incongruencia a través de la risa
en lugar de intentar imponer un orden racional.
Hay algo alado, sagrado en la risa, que la filosofía no ha terminado de valorar. Los libros escritos sobre la verdad, la belleza o la tragedia podrían llenar bibliotecas enteras; sin embargo lo que se ha escrito sobre la risa desde el ámbito de la filosofía ha sido más escaso.
Ante el mismo estímulo, ante la misma realidad, podemos reaccionar de maneras muy diversas: podemos reír o llorar. Es verdad que nuestras reacciones ante la vida no dependen de manera exclusiva de nuestro estado interior. Es imposible reír ante un gran dolor o ante aquello que consideramos peligroso o dañino. Quien intenta cultivar el sentido del humor reacciona de manera diferente ante las mismas inclemencias de la vida. Es necesario, aprender a reír. Por eso ejercitar el sentido del humor debería ser casi una disciplina porque aprender a reír puede brindar una experiencia y una interpretación completamente nuevas y revitalizadoras de la existencia humana. Sólo la risa redime, como lo sugiere Peter Berger desde el título de su mencionada obra: sólo la risa que expresa alegría vital puede salvarnos . ¡Aprended a reír! Quizás ésa sea una de las claves de la existencia...

lunes 28 de septiembre de 2009


Técnicas de teatro para Directivos




¿Qué relación hay entre una obra de Shakespeare y un directivo de empresa? Más de la que podríamos imaginar. Impartir una sesión o dirigir una junta tiene enormes semejanzas con participar en una obra de teatro.



El gran teatro del mundo[1]


El tema fundamental que articula esta obra de Calderón es el de la vida humana como un teatro donde cada persona representa un papel. La imagen de la vida humana como un teatro puede rastrearse desde la Antigüedad en los filósofos pitagóricos y en Platón. Se divulga sobre todo en la obra de los estoicos, en particular en las Epístolas morales de Séneca y el Enquiridion de Epícteto. En particular este último texto fue clave para la difusión de la imagen del theatrum mundi en el Renacimiento europeo. Según diversos autores, el texto que fundamentalmente propició la popularidad de este tema durante los siglos XVI y XVII fue la labor de asimilación que Erasmo de Rotterdam hiciera de las Epístolas de Séneca y los Diálogos de Luciano de Samosata. Un precedente interesante e inspirador de El gran teatro del mundo sería el Epícteto de Quevedo[2] por cuanto es la primera vez en que aparece Dios como autor de la obra teatral que es el mundo.



“No olvides que es comedia nuestra vida


y teatro de farsa el mundo todo

que muda el aparato por instantes

y que todos en él somos farsantes;

acuérdate que Dios, de esta comedia

de argumento tan grande y tan difuso,

es autor que la hizo y la compuso.”


Un Descubrimiento

Hace ya algunos meses fui invitado por tercer año consecutivo a dar un Seminario en una Escuela de Negocios de España en Madrid. Diseñé con esmero mi programa de 12 horas de clases sobre Coaching y Liderazgo personal, tema que siempre he considerado de mucha importancia para cualquier directivo, pues se ha demostrado que las empresas que triunfan en el siglo XXI son aquellas que han logrado inculcar un espíritu de apertura y desarrollo personal en su plantilla de ejecutivos y colaboradores.
Cual fue mi sorpresa cuando me encontré en ese evento con una antigua colega, quien también había sido invitada como profesora a otro Programa Internacional para Directivos y le pregunté por el curso que había ido a impartir y con toda naturalidad me dijo:
_ ¡Técnicas de teatro para Directivos! Pues sí, ¿de qué te extrañas? Tú lo sabes, la dirección de empresas y el teatro tienen muchos temas en común, después de todo, en ambos casos se trata de comunicar un mensaje, de transmitir algo. La diferencia entre el actor y el ejecutivo es que el actor sabe que está actuando.
_Una respuesta interesante pero enigmática, le respondí en ese momento. A continuación, con ánimo inquisitivo, pregunté: Pero, ¿tú también actúas en todas las facetas de tu vida?
_¡Claro!, porque a veces soy jefa, a veces compañera, a veces madre, otras profesora y otras actriz. ¡Y actúo de forma distinta en cada caso!, pero todas las caras son mías por igual.»
En medio de nuestra conversación le dije: «Muchas veces cuando tiempo atrás estaba en la formación de profesores principiantes, preparando a un alumno para un role playing, y aún en sesiones de coaching, al trata el fenómeno de la comunicación efectiva, recomiendo no llenar los huecos con palabras, dar pausas y no temerle a los silencios>. Porque un silencio antes de decir algo importante crea expectativa, después fomenta la reflexión. «Les señalo que manejar las pausas es más difícil que las palabras y estas últimas conviene aprender a administrarlas bien».
Mi interlocutora casi no me dejó terminar la frase y me respondió a bote pronto:
«Pues estás enseñando actuación teatral».
Luego supe, para mi sorpresa, que en otras Escuelas de Negocio mi amiga daba un curso dirigido a altos ejecutivos, que era muy popular y con frecuencia había sido el primero en cerrar inscripciones por exceso de participantes: “Técnicas de actuación para Directivos ”.

El Placer de Aprender

Aquella conversación me dejó inquieto. Luego se presentaron oportunidades que no esperaba que se dieran tan rápido. En la Escuela[3] donde trabajo organizaron en Sevilla un Seminario para la formación de profesores en Técnicas Teatrales, como facilitadoras para impartir el Método del Caso a los participantes. Fantástico. Allí conocí a Alberto[4], un lujo de facilitador y maestro de la interpretación.
Este domingo, en Madrid y el Estudio de Teatro de Juan Carlos Corazza, luego de dos fines de semana consecutivos, terminé un Seminario de Actuación que se llamó “Teatro para ejecutivos y otras profesiones”, una nueva oportunidad que se me había abierto por delante y no quise dejar de aprovechar. Alberto había hecho las invitaciones y todo estaba preparado al fin para meternos en el mundo de la interpretación. Creo que con el grupo que formamos
[5] hemos comenzado a palpar lo que ya decía hace más de cuatro siglos el dramaturgo “La improvisación es la piedra de toque del ingenio, de la creatividad” [6].
Hemos vuelto a comprobar que, salvando las distancias, el aprendizaje es un proceso de ósmosis
[7] por incitación de lo que hay adentro y por absorción de lo de afuera. Pero ha de ser tenaz, continuado, creativo, alegre. En casa, en la profesión, con los iguales, con los colaboradores, con los hijos, con los amigos. Un aprendizaje es algo siempre vivo, entusiasta, apasionado, desde el principio al fin. Aprender es una delicia que debe ser incentivada desde el aspecto lúdico, desde la curiosidad intelectual. Habría que “enseñar a aprender” o al menos deberíamos “aprender a aprender”, porque hay que saber perder el tiempo –como una inversión- para poder trabajar grupalmente, con autonomía y responsabilidad, generando expectativas positivas, debatiendo ideas desde el respeto y la empatía, consensuar criterios . Estos cuatro días bajo la tutela adulta de un verdadero maestro hemos salido estimulados a seguir construyendo responsablemente nuestra vida intentando compaginar las obligaciones con el gusto por el aprendizaje.


[1] Auto sacramental alegórico de Pedro Calderón de la Barca. Fue publicado en 1655 y escrito probablemente en la década de 1630. Es el auto sacramental más famoso de Calderón.
[2] Francisco Gómez de Quevedo. Madrid (1580-1645)
[3] Instituto Internacional San Telmo. Escuela de Negocios de Sevilla y Málaga. España
[4] Alberto López-Murtra. Profesor de Interpretación.. Actor formado en Barcelona. con Nancy Tuñón, Txiqui Berraondo y Manuel Lillo y en Madrid en el Estudio Corazza. Formado también en canto lírico y musical con distintos maestros. Desde muy joven desarrolla su carrera profesional trabajando en teatro, cine y televisión en España, en Francia y en EEUU.
[5] Aprovecho para agradecerles a todos y a cada uno de ellos por su entrega, paciencia y dedicación. Sin dejar de lado el humor, la humildad y la valentía de meterse por caminos desconocidos de la propia razón y la emocionalidad. Ellos son: Ángela, Chus, Flor, Jesús, Mónica, Paula, Pedro y “la rumana MJ”, llevados por un maestro como Alberto.
[6] William Shakespeare. (1564-1616)
[7] Fenómeno biológico importante para la fisiología celular de los seres vivos. Tal comportamiento entraña una difusión simple del agua, a través de una membrana semipermeable sin "gasto de energía".


jueves 24 de septiembre de 2009


Gracias a la vida
Llueve. Estoy en mi despacho escuchando Soulería de Pitingo. Hace frío, ha llegado el otoño. Una lámpara alumbra la habitación. Miro la biblioteca y veo reflejada la oscuridad de la noche, tomo un libro que ya he leído otras veces “El héroe de las mil caras ” de Joseph Campbell. El autor a lo largo de su vida investigó las grandes tradiciones y los mitos tanto de Oriente como de Occidente. En ese libro habla del proceso de transformación interior que se produce en el ser humano cuando al enfrentarse a sus miedos en un universo desconocido, empieza a descubrir dentro suyo unos recursos, fortalezas y debilidades que jamás soñó poseer. Es como si más allá de la idea que tenemos de nosotros mismo existiera un gigante dormido que estuviera deseando despertar para mostrarnos todo lo que podemos lograr. Lo fantástico del camino del héroe consiste en que uno aprende a verse a sí mismo desde una perspectiva completamente diferente y aprende a quererse y a valorarse de otra manera. En cierto modo nos vemos reflejados en un tipo de espejo completamente diferente y por lo tanto contemplamos otra realidad. No existen recetas para avanzar por el camino del héroe, lo que sí existen son guías que nos pueden ayudar de una manera muy notable en nuestro propio despertar. Para poder comprender y utilizar esas orientaciones con la máxima eficiencia, precisamos conocer antes ciertos aspecto de la persona humana y descubrir la forma en que nos relacionamos con el mundo de la incertidumbre. El mágico poder de la pegunta...
Cuentan que en una ocasión le preguntaron a Einstein sobre lo que él haría si le dijeran que la tierra iba a ser destruida en 60 segundos. Contestó que emplearía los primeros 59 en hacerse una pregunta y el restante en contestarla. El mensaje que nos quiso transmitir fue que la clave no está en tener las respuestas, sino en el tipo de preguntas que nos formulamos. Las preguntas abren en nuestras conciencias espacios nuevos de exploración que aún no hemos imaginado.
Conecto todas mis neuronas al corazón para encontrar la respuesta a esta pregunta que comprometen mi futuro… ¿Qué dos cosas seguiría haciendo de aquí en más si no tuviera la más mínima necesidad de ganar dinero?
Y mi pensamiento me trae dos certezas que me impactan: 1) seguiría haciendo coaching a ejecutivos, ayudándolos a que sus alturas no sean tan frías y solitarias… a lograr sus metas al mejor precio para sí mismos y para sus equipos, pares y organizaciones, y 2) seguiría facilitando dinámicas en grupos, en el Aula sobre temas que dejen huella en la vida de Otros, impulsando expansiones profundas de conciencia y ayudando a encender la chispa de la acción y del cambio genuinamente deseado.

Ha terminado el CD de Pitingo y ahora reconozco la voz de Mercedes Sosa que me dice: "Gracias a la vida, que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto. Y el canto de ustedes, que es mi propio canto”