miércoles, 11 de marzo de 2015

Los Líderes son agentes de cambio


por Prof. Marcelo Vázquez Avila
Área Comportamiento Humano
IE - Escuela de Negocios. Madrid. España

La calidad del liderazgo, la capacidad del líder para desempeñar los papeles propoios de la función es de particular importancia en situaciones de transformación y cambio estratégicos. 

Los líderes no sólo deben preparar la organización (y a los individuos que la componen) para el cambio, y luego efectuarlo, sino que también deben mantener la innovación y el entusiasmo en la organización una vez culminado el proceso. Deben ser visionarios y poder levantar una construcción sólida sobre su visión originaria.

Por definición, los líderes carismáticos son agentes de cambio. ¿Cuáles son las características especiales que les otorgan el título de carismáticos y les proporcionan la capacidad para realizar el cambio con éxito? A esta pregunta responde una amplia literatura. 


Los líderes:


*Se muestran insatisfechos con el estado actual de las cosas.


*Son incansables y llenos de energía.


*Son personas de acción.


*Su descontento los impulsa a buscar nuevas oportunidades.


*Son emprendedores, impacientes y tienen el don de poder presentar su visión estratégica de modo que en general parezca al alcance de sus seguidores.


*Son hábiles en formar alianzas y en hacer que la gente se sienta especial.


Los líderes con estas características sobresalen como faros en el mundo empresarial (como sobresalen también estos líderes en los mundos de la política, el arte y los deportes), tanto por su rareza como por su brillo.

El dilema del liderazgo es que los líderes de las grandes organizaciones -en contraste con la mayoría de nosotros, simples mortales- deben hacer malabarismos con las fuerzas externas y con la poderosa corriente de su propio carácter y el de sus empleados. Desde luego, las fuerzas del medio ambiente juegan importante papel en la vida organizativa cada industria tiene sus características particulares, pero las organizaciones son microcosmos de la vida social humana y subestimar el factor personal produce un análisis desequilibrado. Para bien o para mal, el estilo y el carácter de un director ejecutivo tienen considerable impacto sobre su compañía. Lejos de ser simples reactivos de una fórmula predecible, los líderes excelentes en su vital papel de catalizadores del cambio, tienen la capacidad de transformar las restricciones estratégicas en nuevos desafíos, influir sobre la cultura organizativa y proporcionar dirección.

Tales líderes saben que para que avance el proceso de cambio, cada individuo debe estar completamente comprometido y dotado de verdaderos poderes, y creer que ellos o ellas son esenciales aunque no indispensables. Los empleados inspirados, con poder y libres para actuar se exigen a sí mismos y llevan a cabo grandes esfuerzos; tienen alto grado de compromiso y están dispuestos a asumir riesgos. Esta clase de actuación de parte de los empleados impulsa el proceso de cambio, y simultáneamente refuerza las nuevas bases de la organización. El plano del proceso de cambio es la identificación con las capacidades e ideales del líder y una visión compartida; los ladrillos y el cemento son la comunicación, la confianza y la recompensa. Si el líder no permite la comunicación abierta, no existe confianza y el proceso de cambio se auto-destruye.

Cultivar una actitud positiva hacia el cambio es esencial debido al peligro de despreocuparse ante los signos externos de amenaza y al riesgo de hallar resistencia. Como dice el aforismo: “Nada mata tanto como el éxito”. Los colaboradores han de darse cuenta de que el cambio es un aspecto permanente de su organización no un estado temporal. Como resultado, tienen menos probabilidades de oponer resistencia al cambio.

Los dos desafíos principales para una compañía en el proceso de cambio son:


1. motivar a la gente a funcionar eficazmente en un ambiente impredecible, y 
2. manejar la dinámica opuesta de la resistencia. 


Exige mucha determinación y mucha perseverancia porque es siempre más fácil estar en contra de algo que a favor de algo. Somos animales conservadores, nos gusta el pasado, nos gusta lo histórico.

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