viernes, 6 de noviembre de 2015

Sinergia de equipos

por Marcelo Vázquez Avila





“La forma de medir a un hombre no es por lo que hace en momentos de comodidad y conveniencia, sino por lo que hace en circunstancias controvertidas y desafiantes”

Martin Luther King Jr.

Los equipos son la herramienta de acción más poderosa de la que disponemos en las empresas para lograr los objetivos organizacionales. Especialmente en momentos de crisis se hace imprescindible gestionar correctamente nuestras emociones para alcanzar el éxito personal y profesional.

Imaginemos por un momento un equipo de trabajo que no interactúa o lo hace negativamente; un equipo que no ejerce prácticas colaborativas o que no está abierto a recibir las críticas o los mandatos jerárquicos… Pues sí, sería un verdadero caos incluso si la compañía estuviera en una situación de estabilidad. Ahora bien, traslademos la hipótesis pero situándola en un escenario adverso que sugiere momentos de inestabilidad e incertidumbre; seguramente la conclusión aquí, haría referencia a un verdadero colapso emocional y estructural del que difícilmente la compañía se pueda recuperar.

Frecuentemente, los ciclos corporativos se repiten y suelen pasar por períodos de expansión, recesión y recuperación. Sin embargo, es posible que nunca se aprenda tanto como en los momentos de convulsión y revolución, pues esas crisis son aquellas que obligan a aprender nuevas formas de apreciar y de hacer las cosas. Por tal motivo, es necesario que los equipos y cada uno de quienes los conforman estén preparados, entrenados y capacitados no sólo para hacer frente a posibles adversidades, sino para hacer de su lugar de trabajo un ambiente equilibrado, cooperativo y ameno.

Coaching y Resiliencia

La resiliencia significa desarrollar la capacidad de adaptarse  poder superar las adversidades; es la forma en la que nos hacemos más fuertes y más duros pero, paradójicamente, aprendemos a ser más flexibles frente a las situaciones de la vida. Trabajando con el coaching orientado a la resiliencia, es posible identificar ciertos hitos de comportamiento que facilitan, tanto a los sistemas y a las personas, trabajar sobre ellos reenfocándolos y convirtiéndolos en partes constructoras de un mejor futuro.

“La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Cuando hay sinergia, la energía se multiplica.” Al adoptar entonces la perspectiva de la resiliencia, se deja de ver a las personas y empresas en crisis como entidades dañadas y se las percibe como equipos capaces de enfrentar los desafíos reafirmando sus fortalezas, mediante la colaboración ante la adversidad. Cuando cada uno de los recursos humanos implicados se sientan plenos, seguros y logren aplicar una visión más amplia y más positiva, todo fluirá con mayor facilidad, pues el entorno se construye con los aportes individuales y aquí es donde cobra sentido la afirmación de que uno más uno es mucho más que dos. Las empresas que logren implementar estrategias que generen un clima amigable y preparen sus recursos para hacer frente a cualquier situación son las que lograrán cambios profundos, verdaderos y sostenibles.

Ahora bien ¿cómo se logra internamente la alineación y la preparación de los recursos para que sean capaces de enfrentar tales desafíos con creatividad, inteligencia y trabajo en equipo?. Cuando nuestro trabajo requiere liderar equipos, sabemos que las mayores dificultades se dan en momentos de incertidumbre o en situaciones adversas. Para ello, el coaching es un excelente aliado.

Sabemos que se trata de una práctica que ha crecido exponencialmente y que con el avance de la crisis mundial y el crecimiento de la incertidumbre local tuvo un marco especial de desarrollo y cada vez más líderes lo requieren para optimizar su gestión y lo demandan para sus equipos, con el objetivo de que adquieran la capacidad de mejorar aspectos de su vida personal y profesional.

Trabajar en el coaching orientado a la resiliencia, es preparar -tanto a los líderes como a los equipos-, a desarrollar la capacidad de resolver, de colaborar y de aportar valor al desempeño individual y de equipo. ¿Cómo?
A través de métodos de desarrollo que permitan a los equipos aprender a verse de forma diferente, a ver las cosas de manera distinta y, en función a ello, encontrar mejores y nuevas alternativas para hacer las cosas.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Celebrar la vida

por Marcelo Vázquez Avila




Celebrar la vida vale la pena para todos aquellos que todos los días nos empeñamos en aprender algo nuevo, desde el nacimiento hasta el presente.


Ser mejor persona

Y es que la vida ofrece un sinfín de oportunidades cada día para aprender a ser mejor persona y aprovechar cada minuto de la misma. La vida transcurre muchas veces en medio de momentos rutinarios que ocupan casi mecánicamente las horas y los días. Pero es también la oportunidad para que se den otros acontecimientos, buscados expresamente o simplemente inesperados, capaces de romper esa rutina y hacer que se les dedique un tiempo especial para "celebrar". La diferencia entre unos y otros no está tanto en la actividad o en lo que se realiza, sino en la forma y en el sentido con el que se viven. Son esencialmente significativos no porque sean distintos a los de todos los días, sino porque se los vive de una manera diferente.

Esta realidad tan cotidiana ayuda a descubrir el valor de saber detenerse para generar un tiempo distinto al de la rutina diaria, un tiempo para gozar más intensamente de la vida y sus situaciones, realidad que si bien se puede experimentar en las actividades de cada día, se hace más palpable en esos momentos especiales.

Celebrar es festejar

Celebrar es una dimensión propia de la vida de las personas y uno de los momentos en que más se pueden expresar como tales. Las formas de hacerlo varían mucho de acuerdo a los ambientes y las culturas, pero hay una que tiene un sentido muy especial particularmente en el mundo de los más jóvenes -no lo somos todos en algún recóndito lugar de nuestro corazón?- se trata de las fiestas.
La fiesta es un tiempo que se dedica para celebrar un acontecimiento que nos permite romper la rutina, experimentar la profundidad de la vida, sentirla como regalo y descubrir que vale la pena ser vivida; nos da la posibilidad para manifestarnos como somos en un clima de libertad y espontaneidad; nos ayuda a superar la soledad, porque es imposible hacer fiesta solo, pues la alegría exige ser compartida siempre con otros; nos da libertad de espíritu para "perder el tiempo", porque en la fiesta parece que simplemente el tiempo no pasa o pasa de un modo muy agradable y placentero.

La fiesta es un tiempo para la personalización, para ser más en profundidad, para recrear y recrearse, para la creatividad, para el encuentro, la comunicación y el diálogo. En una sociedad donde el diario vivir se nutre de acciones muchas veces interesadas, la fiesta es un tiempo para la gratuidad; la fiesta es participación en el dinamismo de la liberación y la utopía; en un mundo materialista e individualista, la fiesta permite hasta expresar la propia fe, y hasta abrirse al sentido pleno de lo trascendente.

Entendida de esta manera, la fiesta es una realidad profundamente humana que eleva y dignifica, impide quedarse en la dimensión meramente horizontal de la existencia, lleva a Dios y permite celebrar la vida.

Celebrar es algo inmemorial

Celebrar, es pues, disponer de un tiempo y de un espacio para que, a través de gestos, signos, palabras y actitudes, un acontecimiento se haga realmente vital. El cumpleaños o el santo, la finalización de los estudios, el reencuentro con un ser querido y mil otras celebraciones más van alegrando y enriqueciendo el diario vivir. Como en la vida de las personas, hay también momentos significativos en las familias, los grupos juveniles, las comunidades, la historia de los pueblos, etc.

La vida es para celebrar, como una fiesta permanente y personal, pero se tiene que saber cómo celebrar. Ninguno de nosotros sabemos cuántos años más estaremos por aquí, pero sí sabemos que nuestro tiempo está limitado. Celebrar la vida es  darle un “me gusta” o un sí a la vida y es una oportunidad para reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia. Es la oportunidad para renovar nuestros compromisos personales y darnos cuenta de que tenemos la libertad para decidir cada acción, cada actitud, cada movimiento que hacemos para ser absolutamente responsables de nuestra historia.

Celebrar la vida es agradecer cada instante, por estar vivos, por estar rodeados de personas que inspiran un inmenso amor, por tener el privilegio de acceder al conocimiento que nos brindan las personas que con su modo de estar en el mundo enriquecen nuestro viaje.

Celebrar la vida es abrazar, amar, sonreír, vivir con calma,
vivir a plenitud cada instante y compartir nuestra

interpretación del mundo.

Insignia identificativa de Facebook