jueves, 12 de enero de 2012

Coaching y progreso directivo

por Marcelo Vázquez Avila

Es un hecho que el Coaching se ha impuesto como principal cauce de desarrollo directivo. Varios factores han contribuido a ello, como la creciente complejidad de la labor ejecutiva, que ha de gestionar el presente y anticipar el futuro; madurar emocionalmente  para tomar decisiones bajo presión y en un en torno siempre cambiante; elegir a los más talentosos y comprometidos haciendo que crezcan sin que pierdan su propia identidad;la búsqueda de sinergias como equipo y para la organización.




El auténtico coaching  se sustenta y fundamenta en la persona como tal

El Coaching es una actividad humana que nos implica como personas, por lo que su finalidad será alcanzar un bien para el otro y conseguir que el otro sea mejor. Asesorar es orientar, encauzar adecuadamente hacia un fin bueno. Para ello es necesario detectar lo bueno (inteligencia), dirigirse y dirigir a otros hacia lo bueno (acción de la voluntad) y disfrutar en lo bueno (afectividad y emocionalidad).


Al ser una actividad personal, significa que este tipo de asesoramiento es una acción que involucra / compromete a las personas que lo realizan y que lo reciben. No nos deja indiferentes, o nos enriquece como personas o nos empobrece y no sólo en la dimensión económica. ¿Qué supone que la persona es el centro de nuestra actividad como consultores? ¿Qué implicación tiene que esta actividad conlleve unas grandes dosis de inter personalidad?

La persona como centro de nuestra actividad

La realidad personal del ser humano está en el centro de cualquier aspecto vital que queramos abordar, tal y como debe ocurrir en nuestra actividad de consultores.


Hablar de “Persona” es hablar de relación, y toda relación humana posee un sentido ético, por lo tanto es importante recordar que las relaciones económicas y empresariales no escapan de este sentido ético que debe acompañar a cualquier relación humana. Para mejorar cualquiera de las dimensiones de la persona, hay que tener en cuenta que entre todas ellas existe una conexión íntima y que el beneficio que se le proporciona a una de ellas influye en el resto.


Toda persona está dotada de una dignidad singular, plena e inalienable, por ello no se la puede reducir a cosa alguna ni tampoco ponderar su valor en comparación con otras, ya que en cierto sentido, podemos afirmar que su valor es absoluto. Cada persona es única, insustituible e irrepetible; por lo que no puede ser empleada como mero objeto, sino que ella es un fin en sí misma. La persona debe ser tratada siempre en función de esa dignidad que le es propia y que posee desde el momento de su concepción hasta su muerte, sin establecer distinción por razón de su etapa de desarrollo, raza, credo, procedencia, sexo o cualquier otra condición personal.

La inter personalidad en la gestión del coach

Nuestra profesión nos exige diariamente estar en contacto con muchas personas y por tanto contiene grandes dosis de inter personalidad. ¿Qué implicaciones tiene esto? Que vivimos en una continua presencia del otro, con el que buscamos un encuentro, para alcanzar una auténtica comunión de intereses.


Lo que hace  todo coach es discernir entre aquellas personas que están a nuestro alrededor (presencias), cuales son las idóneas para que reciban nuestro asesoramiento de coaching y producir una reunión (encuentro) para alcanzar con el tiempo una auténtica comunión de intereses con ellos (fidelización del cliente). Por ello es importante profundizar en el sentido de nuestra actividad, para conseguir ser buenos coaches/asesores  y a la vez ir construyéndonos como auténticas personas.

Las dimensiones personales que debemos tener en cuenta


Cuando localizamos una posibilidad de coaching (presencia) y buscamos un encuentro para alcanzar una comunión de intereses, debemos tener en cuenta que las personas a las que nos dirigimos tiene varias dimensiones integradas en su ser: dimensión física, psíquica, afectiva, social y trascendente.


En la relación con nuestros clientes debemos preocuparnos por él para saber ocuparnos con él. Preguntar antes por él, que dar explicaciones de nuestra gestión. La satisfacción del cliente tiene que integrar todas sus dimensiones y tan importante es preguntarle por una dolencia física o preocupación personal, como conseguir  buenos resultados en la gestión de su proyecto o carrera. Los clientes, valoran siempre en primer lugar la atención, el seguimiento, la disponibilidad que les ofrecemos, antes que los resultados, ya que estos últimos saben que están más en sus manos que en las nuestras.


Todos somos personas y lo que más valoramos es atender y ser atendidos, dar lo mejor que tengamos y ser correspondidos. Un buen coach, debe ser un experto en humanidad además de ser un buen profesional en lo suyo.  No hay que olvidar nunca que tratamos con personas que son alguien y no a cosas que son algo.


Por eso hay que conocer y vivir esa norma de oro que valoran todos los clientes: la disponibilidad y la profesionalidad. Acordarse de él, pensar en él y conseguir que ese cliente cada vez sea mejor profesional y persona.


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