lunes, 20 de junio de 2016

El aquí, el ahora y la creatividad

por Marcelo Vázquez Avila


La atención plena o mindfulness puede describirse de múltiples maneras. Es una práctica que consiste en anclar la atención con intención en el momento presente y tomar conciencia de la naturaleza de las cosas de una forma comprensiva y libre de prejuicios. También se la considera una forma de ser y de relacionarnos con la totalidad de nuestras experiencias tanto internas como externas. No es otra cosa que redescubrir o recordar nuestra capacidad natural innata de estar plenamente despiertos en nuestra vida y relacionarnos con ella de un modo directo, sin los filtros de los preconceptos observando desapegados nuestras experiencias pasadas, nuestros gustos y elecciones.

Este tipo de percepción está disponible para cada uno de nosotros en todo momento aunque lo más probable es que gran parte de nuestras percepciones cotidianas reflejen algunos elementos de la experiencia como distracciones, deseos, rechazos, inquietudes, dudas o aburrimiento; pero quizás también encontremos momentos de simplemente “ver”. Con el tiempo la práctica del mindfulness nos hace capaces de modificar delicadamente el modo de relacionarnos con todo ello y aprendemos de forma gradual y a nuestro propio ritmo a responder y no a reaccionar a los hábitos anquilosados y a los frecuentes vuelos de la mente. También aprendemos a tomar decisiones más conscientes, intensificamos la sensación de eficiencia, equilibrio y armonía en nuestra vida.

También es conveniente tener presente la tendencia de la mente a catalogar la realidad compleja en la que estamos inmersos y el estado de atención plena es una forma eficaz de llegar a conocernos más y mejor tanto a nosotros como a quienes nos rodean, en el momento a momento y de abrirnos a la sabiduría que emerge espontáneamente cunado cultivamos una curiosidad comprensiva hacia la experiencia humana.

Y aquí encontramos otra descripción de lo que es mindfulness y que podría resultarnos muy útil: se trata de un camino del corazón que propone acoger las experiencias vividas y por vivir en un espacio comprensivo.

De este modo se va restableciendo poco a poco una relación más saludable y amistosa con nosotros mismos, sintiéndonos menos alienados y aislados, conectando otra vez con la sabiduría y creatividad profundas.

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