miércoles, 18 de mayo de 2011

El Hombre, la Filosofía y el Vino


Desde la antigüedad y hasta el Renacimiento el vino y la filosofía eran vistos como dos cosas que se complementaban. Es en el l racionalismo moderno, a partir de Descartes, cuando se tiende a romper esa relación de complementariedad y a oponer la ebriedad al conocimiento objetivo.


El filósofo Helmut Pape ha tenido una carrera bastante heterodoxa que ha oscilado entre la semiótica, la ontología y los vinos, a los que asocia con el pensamiento. En una conferencia pronunciada en el marco del Festival de Filosofía de Hannover, Pape, actualmente profesor en la Universidad de Bamberg, sostuvo que entre la antigüedad y el renacimiento el vino y la filosofía eran vistos como dos cosas que se complementaban. El racionalismo moderno, sin embargo, a partir de Descartes, tiende a romper esa relación de complementariedad y a oponer la ebriedad al conocimiento objetivo.

Pape, a lo largo de su carrera, ha sido un académico serio pero a su vez ha tenido una tendencia hedonista que, al parecer, no siempre ha sido bien vista por el mundo académico. A pesar de ello nada le impidió a hacer de los vinos más que un pasatiempo y a crear una plataforma de distribución de "vinos filosóficos" a través de la página vinosophia.de .

Pape, tras doctorarse con un trabajo sobre la semiótica de C.S Pierce en la universidad de Hamburgo, Ha sido profesor de las universidades de Bamberg y Hannover, en Alemania, fundó, con otros amigos, un centro de discusión filosófica en el sur de Francia que llamó la "Académie du Midi". Aunque la Academia logró reunir a filósofos y científicos de diversas partes del mundo, y de que de los simposios que organizaba salieron numerosas publicaciones, conseguir financiación para sus proyectos nunca le resultó fácil.

La unión entre filosofía y vino es llevada hasta sus últimas consecuencias por el filósofo alemán, quien ha tenido una carrera bastante heterodoxa que ha oscilado entre la semiótica, la ontología y los vinos, a los que asocia con el pensamiento. Pape afirma que, recién con la llegada del racionalismo de Descartes, se empezó a considerar como inconveniente la unión de ambos. Helmut Pape se aficionó al vino francés cuando comenzó a participar en aquellas reuniones de la Académie du Midi, donde se reunían filósofos y científicos de Europa y de Estados Unidos. Allí descubrieron que disfrutar de un buen vino durante aquellas largas sesiones de debate, no sólo era agradable, sino que además les proporcionaba creatividad y puntos de vista que resultaban muy útiles. Posiblemente recordarían el Banquete de Platón y el libro de Kierkegaard, In vino Veritas. Detractores de este tipo de experiencias es fácil encontrar. Unos porque consideran que la filosofía es demasiado seria y elevada para mezclarse con prácticas mundanas y frívolas, como es el disfrute de un buen vino. Otros porque piensan que quienes beben vino, pierden la compostura y el rigor que se le supone a un concienzudo pensador o científico. Otros porque no soportarían, supongo, que un texto del pensamiento se manchase de vino, por culpa de un lector despistado o ebrio. En fin, una postura hipócrita, que no admite que el mundo intelectual se mezcle con la banalidad de los placeres. ¿Cuántos genios, y no tan genios, de la filosofía, la literatura, el arte, la política, la ciencia, se sumergían en sus pensamientos, entre copa y copa? Los anecdotarios están cargados de historias de buena amistad entre los grandes personajes y el alcohol. ¿Por qué, entonces, ese empeño en mantener alejados el vino y la filosofía?

No se conformó con ser un gran conocedor de los vinos franceses y colocarlos sobre la mesa en sus debates filosóficos, sino que acabó uniendo físicamente el vino y la filosofía, en una suerte de comercio que no deja de ser sorprendente. Todo comenzó cuando algunos de sus colegas, comenzaron a encargarle vinos y a enviarle otros de sus regiones, para que los degustara. Los pedidos e intercambios fueron aumentando y al bueno de Helmut se le ocurrió organizar su propia distribuidora de vinos, a los que les daría el nombre de los filósofos más conocidos. Entre sus vinos se encuentran: los Descartes, Platón, Kant, etc.

La página desde donde Helmut Pape vende vino por internet se llama Vinosophia.de. No creo que Pape se lo planteara como un negocio, es más un acto de rebeldía contra la razón dictadora. Cuando Descartes dijo cogito ergo sum (pienso, luego existo) le dio a la razón el poder absoluto, por encima de los sentidos, que parecía engañarle. Desde sufrimos el desprestigio de los sentidos. La vista, el gusto, el tacto, el oído y el olfato, son considerados inferiores al pensamiento y cualquier intento de mezclar la razón con los sentidos parece una frivolidad, algo poco serio. Pape se rebela contra esto y no es un simple juego, puesto que pone en riesgo su prestigio como filósofo, como profesor de universidad. Se compromete con los sentidos, les lanza un guiño de aprobación. Si en el vino participan todos los sentidos, Pape se enfrenta a la rigurosa tradición censuradora y mezcla la filosofía con el placer del vino, con los sentidos, en un hedonismo más que aceptable, gratificante. Deberíamos dar las gracias a Helmut Pape, porque está enfrentando a lo más estricto de nuestras costumbres, para hacernos un gran favor. Luego, es cuestión de cada uno decidir cómo se toma ese favor.

domingo, 15 de mayo de 2011

La Mirada y la Sonrisa

Por Marcelo Vázquez Ávila

La mirada

Una mirada padre-hijo en " La ladrona de libros"

El destino se mostró bellísimo en tu sonrisa, 
y me invitó a un paseo inesperado en los andenes milagrosos de tu mirada.

La forma y el tipo de mirada nos dicen mucho incluso en el primer contacto visual con otra persona. A través del brillo y los movimientos, los ojos expresan el estado más profundo del alma. Prestándoles atención podemos leer los deseos y actitudes más recónditas.

El contacto ocular consiste en la mirada que alguien dirige a la mirada de otra persona. El feedback es muy importante cuando dos personas hablan entre sí. Los que hablan necesitan tener la seguridad de que alguien los escucha, y los que escuchan necesitan sentir que su atención es tenida en cuenta y que el que habla se dirige directamente a ellos. Por otra parte, la disposición de una persona a brindar oportunidades de contacto ocular suele revelar sus actitudes con respecto a ella. Las personas que se agradan mutuamente mantienen mucho más contacto ocular, que las que no se gustan.

La frecuencia con la que miramos al otro es un indicador de interés, agrado o sinceridad. La evitación de la mirada o el mirar a los otros sólo fugaz y ocasionalmente impide recibir retroalimentación, reduce la credibilidad del emisor y da lugar a que se atribuyan a éste características negativas.

La frecuencia de la mirada al otro aumenta por diversos motivos y momentos, por ejemplo cuando están muy separados entre sí o están hablando de temas impersonales o sencillos. Cuando está interesada por el otro y sus reacciones, cuando ama o le gusta la otra persona, cuando intenta dominar o influir al otro o se es extrovertido. En cambio, la frecuencia con la que miramos al otro disminuye en los siguientes casos: si están muy juntos o si están discutiendo un asunto íntimo o difícil. Si no está interesada en las reacciones de la otra persona o no le gusta la otra persona: Si el que mira tiene una posición superior o si es introvertido o tímido.

Por otra parte se mira más cuando se escucha que cuando se habla, pero además el contacto ocular indica el final de una intervención, como si la persona que habla le pasara el relevo a la otra.

El mantenimiento ocular se refiere a cuánto tiempo prolongamos el contacto de nuestra mirada con la de la otra persona. Las miradas prolongadas sin parpadear se usan cuando se intenta dominar, amenazar, intimidar o influir sobre otros. También las utilizan las personas que se agradan mucho, pero en este caso la frecuencia de parpadeo es mayor.

Un prolongado contacto ocular se considera, generalmente como manifestación de superioridad, falta de respeto, amenaza o actitud amenazante y ganas de insultar. Un contacto ocular poco prolongado suele ser interpretado como falta de atención, descortesía, falta de sinceridad, falta de honradez, inseguridad o timidez. El dejar de mirar a los ojos, bajando la vista suele ser tomado como signo de sumisión.

El contacto ocular forma parte de la forma de mirar al otro. La forma de mirar es una de las conductas más importantes para diferenciar a las personas dominantes y con alta autoestima, de aquellas sumisas y por lo general con baja autoestima. La persona menos poderosa tiene más necesidad de vigilar la conducta del que tiene más poder. La comunicación entre dos personas será más efectiva cuando su interacción contenga una proporción de contacto ocular que ambos consideren apropiada a la situación.

Hay miradas fijas, otras penetrantes, interesadas, otras desorientadas, perdidas. Hay miradas de soslayo y otras francas y directas. Las hay tristes y melancólicas y están las miradas de ojos brillantes y entusiasmados.

La sonrisa

"El simple hecho de sonreír ya es un regalo para todo el mundo"

Normalmente la sonrisa se utiliza para expresar simpatía, alegría o felicidad. La sonrisa se puede utilizar para hacer que las situaciones de tensión sean más llevaderas. Una sonrisa atrae la sonrisa de los demás y es una forma de relajar la tensión. Por otra parte, la sonrisa tiene un efecto terapéutico. Se ha observado que cuando se le pedía a personas que se sentían deprimidas o pesimistas, que imitaran la sonrisa de los demás, declaraban sentirse más felices. La sonrisa está, además, influida por el poder que tiene lugar en una relación cualquiera.

Puede ser traicionera, como también la más auténtica de las expresiones. Este es el verdadero deleite del alma. La sonrisa no es escandalosa, a veces puede ser tan profunda que viene acompañada de lágrimas. Otras veces, pienso que merecería otro nombre, porque viene cargada de malicias y prejuicio.

Ya lo decía el poeta:

“Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo…”

Gustavo Adolfo Becquer

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