sábado, 14 de febrero de 2015

Aquello que nos hace felices

por Marcelo Vázquez Avila



 ¿qué es lo que hace realmente felices a las personas?

Cada año se publican en el mundo una multitud de títulos de libros en los que se nos aconseja acerca de cómo mantener la forma física, ganar dinero o desarrollar la autoestima. Sin embargo, lo que estos libros no explican es la manera de incrementar la calidad de la experiencia vivida. Deberíamos preguntarnos: ¿Cuál es el fundamento de que la vida merezca ser vivida?

La experiencia personal

Una de las cosas que más me impresiona en los talleres y programas de coaching, liderazgo y trabajo en equipo que he realizado en los últimos años, tanto en Latinoamérica como en España es la certeza que tienen las personas de que el máximo logro al que quieren aspirar es la felicidad, felicidad para sí mismos y para los suyos. Cada vez que le he pedido a alguien que se conecte con su propósito trascendente, con aquello que más quisieran en la vida, comienzan hablando de estar tranquilos, de no tener problemas, luego a tener más tiempo para ellos y al poco andar traducen ese anhelo en una clara aspiración de felicidad. Pareciera ser que cuando la conversación se vuelve profunda, cuando realmente vamos a hablar desde la humanidad, nuestros anhelos de felicidad se vuelven una prioridad.

En estos especiales momentos, la claridad de lo que queremos, de aquello que verdaderamente necesitamos para alcanzar la plenitud de lo que somos como personas, como individuos, parece ser infinita, desde aquí, todo es transparente, la coherencia entre lo que somos y lo que queremos ser se vuelve sólida, tangible, alcanzable, queremos ser felices, que nuestros hijos sean felices, que nuestra familia, que el mundo… sea feliz, sin embargo llegado el momento de actuar, de tomar acción para hacer realidad lo que queremos, algo inusitado e inverosímil sucede…

Como esclavos que despiertan de imposibles sueños de libertad, volvemos a nuestras celdas, asustados por los miedos que nosotros mismos hemos creado, postergamos nuestros sueños y nos encerramos en extraños modelos de existencia, postergando nuestras posibilidades de ser, de celebrar la vida, de realizarnos, para “hacer aquello que a fin de cuentas estamos condenados a hacer, aquello que es “lo realmente importante”, ser productivos, acumular riqueza, ser exitosos, necesitamos ser pragmáticos, trabajar duro, no perder el tiempo, ganarle a la vida, para que cuando llegue el momento, quizás, si tenemos suerte, al final de nuestros días, cuando ya nos quede poco o nada por entregar podamos verdaderamente, por un momento, hacer lo que siempre quisimos, ser quienes siempre quisimos ser, vivir y ser felices.

Ser nosotros mismos

Agobiados por la meta de llegar a ser alguien, nos olvidamos de ser nosotros mismos, nos olvidamos vivir el camino y de paso, cruelmente nos olvidamos de vivir, enfrascados en cumplir, en hacer lo que se nos pide o lo que hemos aprendido que debemos ser, nos confundimos y hacemos de la felicidad un destino siempre lejano, como un premio absurdo que sólo es posible ganar si pagamos con dolor el costo de vivir.

¿Quien dijo que ésta era la manera correcta de vivir?, ¿dónde aprendimos a traicionar nuestra plenitud, a renunciar a nuestros sueños?, ¿dónde aprendimos a someter nuestra felicidad, a vivir la vida desde la aspereza y la postergación? 

Hemos creado interpretaciones de la realidad, modelos, sistemas, estructuras de existencia y convivencia que nos ahogan, restringen y hasta cercenan nuestras posibilidades de realizarnos, y aun cuando en lo más profundo de nuestra humanidad sabemos que nos necesitamos unos a otros, optamos por empujarnos, excluirnos y competir hasta anularnos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El Amor ¿más que un sentimiento?

por Marcelo Vazquez Avila



El amor es el sentido más hondo de la vida humana. Amar, de acuerdo a Tomás de Aquino es querer el bien del otro, y querer estar unido al otro.

El amor no es un mero sentimiento, sino un acto del querer más profundo de la persona humana, de su voluntad. Es más, el amor personal compromete a la persona entera, no sólo implica a su querer voluntario sino también a su entendimiento y a sus sentimientos. El sentido último de la vida del hombre se halla en el amor y no en vano brota de éste el propio origen de la vida humana.

No hablamos de cualquier amor, sino del amor personal, que admira la belleza que el otro revela en cuanto es persona. Se fundamenta en la consideración de la persona como algo único e irreemplazable, inefable.

El amor, los amores, los amoríos

El corazón ama porque capta la verdad de las cosas, de las personas y en la medida que capta lo verdadero y lo quiere como tal, sus sentimientos son auténticos. A veces no queremos a cada realidad como tiene que ser querida y surgen respuestas desafortunadas. Es bueno detenernos un poco a ver cómo funcionamos sentimentalmente, partiendo de la base de que siempre hay sorpresas en nuestro querer y nunca podemos acotarlo ni agotarlo. C.S. Lewis distingue entre cuatro tipos de amores. Ellos son, el afecto, la amistad, el eros y la caridad.

El afecto: hasta los animales y las plantas participan de este tipo de amor. Es un amor de necesidad, que lo que necesita, es dar. Un amor que da pero que necesita ser necesitado. Es un cálido bienestar, el menos discriminador de los amores, no hace preferencias. Casi todo puede ser objeto de afecto. Es el más humilde, es familiar, tiene aspecto de ir por casa. Es un porcentaje elevado de la felicidad duradera de la vida natural. Pero son inseguros los afectos, si bien pueden facilitar mucho la comunicación, también pueden bloquearla. Son un conjunto de tendencias y de actos sensibles que las manifiestan.

La amistad: Cuantas más cosas nobles y buenas comunicamos a nuestro interlocutor, aunque no comparta nuestros puntos de vista, mas personal es el trato, más íntimo. Por eso, se considera a la amistad, el más feliz y humano de todos los amores. Escuela de virtudes. Es el amor menos natural, menos instintivo, el menos biológico. Es un amor sustantivo, los amigos van uno al lado de otro, inmersos en algún interés común, es el mundo e las relaciones libremente elegidas. Mientras que los enamorados se mirar cara a cara, lo amigos están uno al lado del otro, mirando hacia adelante. Sócrates decía que la amistad era el centro de su vida y que el placer de contemplar a los hombres y a las cosas está cercano a la felicidad. La amistad es una relación entrañable, libre, recíproca y exigente; desinteresada; la amistad consiste mas en querer, aunque preferimos ser queridos. Ella se alimenta del convivir compartiendo.

El Eros: hay que rescatar la grandeza de este amor: Hablar del eros, no se refiere tanto a la sexualidad, que es común al mundo biológico, sino a una variedad humana de ella, que se desarrolla dentro del amor. El deseo sexual con eros, quiere a la persona amada. El enamorado quiere a su amada en particular y en sí misma, no exclusivamente al placer que pueda proporcionarle.

El amor de caridad: Amar de cualquier manera es ser vulnerables. El amor de Dios es la invitación a que nuestros amores vayan siguiendo su curso como un río sin fondo, por su propio cauce. Nunca nos falta por parte de Dios la invitación a que nuestros amores naturales trasciendan y no se achiquen.

Por todo esto, pienso que no hay error que el amor no redima, no importa cuan serio sea un problema, cuan desesperada una situación, cuan grande un error; porque el amor tiene poder para superar todo eso.



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