jueves, 18 de octubre de 2012

El recto uso del poder





por Marcelo Vázquez Avila

¿Goza usted de una posición de poder? Si es así, ¿cómo maneja ese privilegio? 
Ejerce el poder fascinación sobre usted? ¿Cómo se siente al percibir el poder que tiene 
para ejercer influencia o control sobre otras personas? ¿El poder que detenta le ha sido 
otorgado desde afuera o también emana de su vida interior? 
¿Su estilo de ejercer el poder contribuye a la obtención de los resultados
 y metas esperados por usted y su organización?

Las respuestas a estas preguntas pueden traer revelaciones importantes acerca de cómo usted maneja el poder. Una de las motivaciones más fuertes del ser humano es la búsqueda del poder. Esta búsqueda está relacionada con el deseo y/o necesidad de controlar o transformar el entorno y las circunstancias que le rodean. Muchas personas se sienten cautivados por el poder. Las personas, organizaciones y naciones luchan por el poder, porque se sienten atraídos por el prestigio, riqueza, estatus, dominio, control y reconocimiento que parecen derivar de él. 

A lo largo de la historia de la humanidad, lograr poder ha venido a significar sinónimo de éxito. El acumular y ejercer poder ha venido a ser sinónimo de liderazgo para muchas personas. 

¿Qué entiende normalmente la gente por poder?

Muchas personas asocian el poder con la posición o con la capacidad de controlar recursos o personas. Otros lo asocian con la capacidad de dominar a otros. Algunos asocian el poder con ambición desmedida, y piensan que el poder corrompe por ser intrínsecamente malo. Hay quienes lo definen como lo opuesto a la humildad. Algunos hablan de poder bueno y de poder malo. Mientras que existen quienes creen que es necesario como fundamento de cualquier forma de gobierno y liderazgo. Pero más allá de las consideraciones morales o filosóficas sobre el poder, éste no es ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo por sí mismo. El poder es neutro. El cómo las personas lo usan es lo que establece la diferencia. 

El poder puede ser constructivo o destructivo, según cómo se emplee y para los fines que se use; por eso el uso del poder conlleva una gran responsabilidad. El poder puede ser usado con sensibilidad y respeto por los demás, como un instrumento para la contribución, el servicio y el logro de fines compartidos, o para fines ególatras y utilitarios. En esto radica el ejercicio ético del poder.

¿Qué es el poder?

Warren Bennis define el poder como “la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla”. Esta definición de poder está alejada de los estereotipos que definen el poder en función de la posición e investidura legal, para definirlo con una competencia personal. Como la capacidad para movilizar la energía propia hacia objetivos y visiones personales y organizacionales. Esta habilidad no puede faltar en el ejercicio del liderazgo.

Necesidad de contextualizar el ejercicio del poder

Muchos líderes y gerentes ven el poder como un recurso que la organización les confiere a través  de la investidura del puesto, para controlar, imponer sus ideas, ejercer la “autoridad de la posición” para hacer cumplir los requerimientos de la organización. Esta noción del ejercicio del poder ha perdido vigencia y efectividad. Los trabajadores del siglo veintiuno no son la misma clase trabajadora del siglo pasado; el trabajador de hoy en día es más educado y formado, más deseoso de participar en la toma de decisiones. La gente de hoy no se conforma con “recibir y cumplir órdenes”. 

Por otra parte, el contexto social que rodea a las organizaciones de hoy en día es más exigente desde el punto de vista de la responsabilidad social empresarial, legal y laboralmente más demandante, económicamente más comprometido, y políticamente más complejo. El esquema del mandamás ya no funciona. 

Se requiere de un ejercicio de poder basado en un liderazgo más participativo, que propicie la búsqueda del consenso, la creación de alianzas y las negociaciones creativas. Un ejercicio de poder que incluya la comunicación y el dialogo como vía para la concertación y la solución de conflictos. Un poder ejercido desde el liderazgo como instrumento de influencia orientada al logro de los objetivos comunes.   

El poder y su relación con el liderazgo

Por otra parte, el poder ejercido sin liderazgo deviene en coerción, manipulación y autoritarismo; pero el poder puesto al servicio del liderazgo es transformador. El poder sin el liderazgo como vehículo de expresión, carece de influencia real y duradera; logra adhesión, pero por miedo, sin convicción y compromiso. Podemos argumentar, como lo dice W. Bennis: 

“El liderazgo es el recto uso del poder”.

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