miércoles, 10 de febrero de 2016

Los lunes y la Felicidad

por Marcelo Vazquez Avila



"Lunes" es casi una mala palabra para mucha gente porque significa volver a trabajar. Pero Csikszentmihalyi ha detectado una paradoja: el trabajo es más propicio que el ocio para alcanzar lo que él llama "estado de flujo" -algo que podría interpretarse como la felicidad-. La clave está en que, para mucha gente, el ocio es un tiempo muerto y el trabajo, todo lo contrario. Tener objetivos claros y poder gestionarlos  es clave para fluir.

Mihaly Csikszentmihalyi es el director del “Quality of Life Research Center” de la  Claremont Graduate University, en California. Allí se dedica a investigar la base y las aplicaciones de los aspectos positivos del pensamiento, como el optimismo, la creatividad, la motivación intrínseca y la responsabilidad. Sus teorías han revolucionado la psicología hasta tal punto que han sido adoptadas por algunos líderes mundiales. Sus libros, como Flow (Fluir), se han convertido en grandes éxitos de ventas y en influyentes manuales de las nuevas escuelas de psicología positivista.

Antes de leer sus libros, desde hace muchos años, me encuentro con mucha gente que está preocupada por el “problema” de la felicidad, y a menudo me preguntaban y hoy lo siguen haciendo, cómo resolvía yo el dilema entre el descubrir o construir el camino de la felicidad personal. Y me suelen confesar cosas como “es que yo no tengo tiempo”, o “voy de una obsesión a otra”, y “no tengo un espacio mental para pensar en ello”, pero “ya me gustaría alcanzarla” y largos etcéteras.

Hay gente que no puede comprender por qué te puedes dedicar toda una vida a mirar por el microscopio y estudiar las células de los insectos, o por qué te puede gustar el escuchar  cada día con un poco más de atención que otro a un paciente con problemas. Se puede pensar que es una tontería, pero los que lo hacen saben que les gusta, que están en control de sus vidas y que obtienen beneficios, a veces alejados de lo económico,  de aquello que hacen y en lo que invierten. Esto los hace de lo más felices.

Felicidad y Creatividad

Las personas creativas difieren las unas de las otras en muchos aspectos, pero en uno son unánimes: todas aman lo que hacen. No es la esperanza de lograr fama o riqueza lo que las conducen necesariamente; en vez de eso, es la oportunidad de hacer el trabajo que ellas disfrutan haciendo lo que las guía. Debemos asumir que no es lo que ellos hacen lo que cuenta, sino que cómo lo hacen.

Programados para la creatividad

He comprobado que cuando se le da una lista a la gente preguntándole acerca de la mejor descripción de lo que más disfrutan haciendo, la respuesta elegida con más frecuencia es el “diseñar o descubrir algo nuevo”. La evidencia sugiere que  hay un grupo de gente que disfrutaría descubriendo y creando por sobre todo lo demás.

Algunos individuos han desarrollado un sistema nervioso en el cual el descubrimiento de novedades estimula los centros de placer en el cerebro. Probablemente somos los descendientes de ancestros que reconocieron la importancia de la novedad, protegieron a aquellos individuos que disfrutaban siendo creativos y aprendieron de ellos. Muchos de nosotros también compartimos la habilidad para disfrutar casi todo lo que hacemos y podemos crear y descubrir algo nuevo al hacerlo. Esta es la razón por la cual la creatividad es tan placentera, no importa donde tenga lugar.

Pero hay otra fuerza que nos motiva, y es más primitiva y más poderosa que la tendencia a crear: nos da placer cuando estamos cómodos, cuando estamos relajados, cuando podemos sentirnos bien sin gastar demasiada energía. Sin este regulador interno podríamos agotarnos fácilmente y no tener las suficientes reservas de fuerza o energía cerebral para enfrentarnos a lo inesperado.

Todos nosotros somos atraídos entre estos dos sets opuestos de instrucciones programadas en el cerebro. En la mayoría de los individuos parece ser más fuerte el  disfrutar de la comodidad de lo establecido más que el desafío del descubrimiento. Unos pocos son más proactivos a las recompensas del descubrimiento. A menos que haya la suficiente gente motivada por el placer que proviene del enfrentamiento de los desafíos, no hay evolución de la cultura, ni progreso en los pensamientos o sentimientos. Así que es importante entender mejor en qué consiste el placer y cómo la creatividad lo puede producir.

¿Qué es el placer?

Ciertas personas dedican muchas horas a la semana a su trabajo sin excesiva recompensa de dinero o fama. ¿Por qué continúan haciéndolo? Está claro al hablar con ellos que lo que los mantiene motivados es la calidad de la experiencia que sienten en ese momento. Este sentimiento a menudo incluye esfuerzos dolorosos, arriesgados, que presionan la capacidad de la persona, y también incluye un elemento de novedad y descubrimiento.

Csikszentmihalyi llama a esta experiencia “flujo”, porque mucha gente –artistas, atletas, científicos, gente común y corriente- han descrito el sentimiento en palabras similares. El flujo es un estado de conciencia que consume poco esfuerzo aunque está altamente focalizado. Y las descripciones no varían mucho según cultura, género o edad.

En las entrevistas, la gente menciona repetidamente ciertos elementos clave en sus impresiones de esta experiencia placentera: Hay metas claras en cada paso del camino: en el estado de flujo siempre se intuye lo que debemos hacer. A mayor flujo que experimentemos en la vida diaria, más probable es que nos sintamos felices en general.

Desafortunadamente, mucha gente encuentra que los únicos desafíos a los que puede responder son la violencia, el juego, sexo desordenado, o drogas. Tales experiencias pueden ser efímeramente placenteras, pero estos episodios de flujo no agregan un sentimiento de satisfacción y felicidad con el pasar del tiempo. Éste  placer no conduce a la creatividad, sino que pronto deriva en adicción, con lo que esto supone de falta de libertad. Por lo tanto, de falta de humanidad.

Libertad, felicidad y creatividad

El problema es que es más fácil encontrar placer en cosas que son más fáciles, en actividades como el sexo y la violencia que están ya programadas en nuestros genes. Es mucho más difícil aprender a disfrutar el hacer cosas que hemos descubierto recientemente en nuestra culturización tales como hacer negocios o componer música y aprender acerca del mundo y nosotros mismos.

Las escuelas y la universidad generalmente fallan en enseñar lo bonita que puede ser la ciencia y las matemáticas y ellas enseñan en cambio una tediosa rutina en  la literatura y la historia en vez de su intrínseca aventura. Es en este sentido en que los individuos creativos se nos aparecen a menudo como vidas ejemplares. Ellos muestran lo interesante y placentera que puede ser una actividad simbólica y completa.

Desarrollando nuestra creatividad y felicidad

Csikszentmihalyi  suele dar unas cuantas sugerencias para incrementar la creatividad y la felicidad personal:

  • Trata de dejarte sorprender y de sorprender al menos a una persona cada día.
  • Cuando algo te parezca interesante, síguelo o al menos dale su oportunidad.
  • Reconoce que si haces cualquier cosa bien ésta se vuelve placentera.
  • Deja tiempo para la reflexión y relajación.
  • Descubre qué te gusta y qué odias de la vida.
  • Comienza a hacer más de lo que te gusta y menos de lo que odias.
  • Descubre una forma de expresar lo que te mueve.
  • Mira los problemas desde todos los puntos de vista posibles.
  • No critiques tus ideas originales por distintas que te parezcan y ten tantas ideas como sea posible.

El vínculo entre el flujo y la felicidad depende de si la actividad que realizo
me  conduce a nuevos desafíos y de esta manera al crecimiento personal y cultural.


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