miércoles, 1 de junio de 2011

“La vuelta de un campeón”

Por Marcelo Vázquez Ávila

Hay personas con las que es un verdadero placer charlar un rato con ellas y conocer más a fondo su vida. Este es el caso de Ismael Santos, con el que me reuní la semana pasada en mi casa con motivo de su visita a Madrid. Una persona apasionada por el deporte de montaña y el baloncesto en particular que rebosa serenidad, optimismo, experiencia de vida, trabajo y visión de futuro. Quiero compartir algunos diálogos de ese día.

Ismael Santos. Jugador de lujo del Real Madrid de los 90, siendo capitán del equipo blanco y miembro del equipo de ensueño que logró una Euroliga en 1995. En su época estaba considerado como uno de los mejores defensores de Europa. Como profesional de baloncesto en el Real Madrid ganó 2 ligas (1992/93 y 1993/94), una Copa del Rey (1993), una Euroliga (1995) y una Recopa (1997). Al final de la temporada 1998/99 se fue a Italia donde jugó dos temporadas en el Benetton de Treviso, allí ganó la Copa de Italia (2000), y fue subcampeón de liga en la temporada (1999/00). Durante su carrera también jugó en las diferentes categorías de la selección española: Under 16 (1 Campeonato de Europa, 6 veces internacional), Under 23 (2 Campeonatos de Europa, 1 Mundial, 37 veces internacional) y fue medalla de bronce en el Europeo de Eslovenia (1994) con la Selección Nacional. Se retiró en el Novara italiano en 2003. En la actualidad reside en la localidad francesa de Chamonix, en los Alpes, donde se ha convertido en guía de media montaña y tiene una empresa de guías profesionales de alpinismo.

_ ¿En qué estás trabajando hoy?

_ En estos momentos estoy trabajando en mi futuro. En encontrar cosas nuevas. Mi trabajo actual es el de guía de montaña, que es una persona apasionada de la naturaleza, que quiere transmitir esa pasión a la gente que confía en él para guiarle. He pasado de ser un jugador de baloncesto que ha hecho durante toda su carrera un tipo determinado de vida, a ponerse en contacto con la naturaleza, con la montaña, con algo tan salvaje, de una manera tan tocante en muchos aspectos, que al principio te desestabiliza porque empiezas a notar cosas y percepciones que antes no habías tenido. Te gusta, te sorprende y al mismo tiempo empiezas a ver cómo respondes a esas sorpresas que te presenta la montaña. Poco a poco te va cautivando, te enseña a ser más humilde, porque ella es la que decide, por muy fuerte que seas, por mucho que la conozcas, siempre tienes que escucharla, respetarla y saber que es ella y los fenómenos atmosféricos los que mandan y deciden. La montaña educa de muchas maneras, pero como todo en la vida, hay que estar preparado para escuchar. Puedes aprender de la naturaleza si estás dispuesto a hacerlo, siendo humildes. Yo lo relaciono con el mayor reto de tu vida, que es enfrentarte a ti mismo, sin filtros ni máscaras. Tienes que saber recapacitar y reflexionar, saber leer aquello que ha salido mal para poder reconducirlo.

_ Cuéntame de tu experiencia al dejar el Real Madrid

_ Hace doce años que me fui y he venido muy pocas veces. Aquí lo había dado todo. Irme a otro país y conocer otra cultura, otro idioma, otra forma de vida me costó, estaba muy vinculado a lo que hacía, cómo lo hacía y dónde lo hacía, pero creo que aprendí mucho. Tuve suerte porque fui al mejor club de Europa a nivel organización, tanto en lo deportivo como a nivel humano. El mejor manager que había en Europa y ahora sigue en Estados Unidos, estaba allí. Todo funcionaba perfecto, había un equipo extraordinario con algunos de los mejores jugadores de Europa de los años 90, ganamos títulos y aprendí muchas cosas.

_ ¿El aprendizaje surge de la ruptura con el pasado, con aquello que ya sabías hacer?

_ Sí, el hecho de tener que irme a Italia supuso romper con la rutina que había llevado durante muchos años, el mismo entorno, los mismos jugadores, entrenadores, etc. A nivel emocional, humano fue como empezar a salir del cascarón. Por primera vez no era el capitán del equipo, el líder del vestuario. Llegué a otro grupo humano donde no era yo el que hablaba cuando algo iba mal, el que tomaba la palabra cuando había que tomar decisiones. Me tuve que acoplar y coger otro rol. Fue muy enriquecedor tener que esforzarme por aprender rápido otro idioma, otra cultura, vivir otros horarios, otro modo de relacionarme con las personas. Fue el primer paso de una nueva vida a nivel personal.

¬_ Has tenido también entrenadores de otra escuela, la yugoslava ¿Qué te han dejado como experiencia?

_ La importancia de la credibilidad del entrenador. Este puede ser el mejor el mundo a nivel de conocimientos tácticos o técnicos, pero lo verdaderamente importante para lograr el éxito es ganarse el respeto y la credibilidad de los jugadores. No es que se logre solo con el respeto o la disciplina, las normas que imponga. Debe lograr que el jugador se convenza a sí mismo de que eso es así y no que lo tenga que hacer “por narices”. Pasa por el convencimiento personal. Y eso es el juego eterno, porque cuanto mejores sean los jugadores más te va a costar influir en ellos y más te van a exigir. La gestión del grupo, la verdad pasa por allí. A estas conclusiones llegas luego. Hoy puedo decir que ser entrenador, es una cosa realmente complicada.

_ Si alguna vez fueras entrenador, ¿Qué tomarías por ejemplo de Željko Obradović?

_ Convicción en mis ideas, en todos los sentidos. Tanto dentro la pista como fuera de ella, controlando el entorno, el periodismo. También transmitir mi pasión, aunque eso creo que lo tienes o no lo tienes, la personalidad. Yo me quedaría con su convicción y fe ciega en lo que él cree, en sus valores y como transmitirlos.

_ A esos jugadores de elite, ¿los mueve más el dinero o las ansias de ser cada vez mejores, de ganar siempre?

_ El dinero no es lo primero que tienen en la cabeza la gran mayoría de los jugadores de elite, si está en el entorno inmediato a ellos. Los desafía más el reto, el triunfo el ganarlo todo, el ser mejor que otro jugador de otro equipo, el orgullo de terminar tu carrera siendo mejor que los otros o con más títulos. Te hablo de los grandes jugadores. Ellos juegan porque aman el juego. Gasol no juega por el dinero. Michael Jordan tampoco lo hacía. Lo que los mueve son las ansias de mejorar y de ganar.

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