lunes, 14 de mayo de 2012

Disfrutar de la vida


por Marcelo Vázquez Avila

Miramos a nuestro alrededor y frecuentemente vemos gente con prisa, que no tiene tiempo de pararse a saludar porque anda muy atareada. Hay mucha crispación, horarios de trabajo interminables, gente muy ocupada. No se quiere desaprovechar ninguna oportunidad. A mí me da la impresión de que no se es muy feliz. No se trabaja para vivir sino que se vive para trabajar. Disponemos de más comodidades y más bienestar que hace 30 años, y sin embargo creo que se vive con más preocupaciones. Nos olvidamos de disfrutar de la vida.

En mi opinión creo que se debería vivir con más calma. Menos acelerado. Creo que se debe disfrutar de lo que se tiene y no añorar lo que podría tenerse. Muchas veces estas cosas suceden porque uno no está satisfecho consigo mismo y busca en la acción, en hacer muchas cosas, el evadirse de esa insatisfacción. Pero ese no es el remedio. Ese es un remedio pasajero en cuanto le hace a uno olvidarse de su situación, pero la causa de la insatisfacción, el que uno no se acepta a sí mismo, sigue allí presente.

El remedio es sencillo: aceptarse cada uno tal como es y aceptar las circunstancias en las que le toca vivir. Disfrutar de lo que uno es y de cómo uno es. Sin añorar cualidades que uno ve en otro y sin echar la culpa a las circunstancias externas con las que a uno le toca vivir. Porque dificultades externas siempre habrá. Es cómo nos enfrentamos a esas dificultades lo que determina que gobernemos sobre ellas o que nos dominen.

Vivimos como decidimos vivir: amargados o dueños de nuestra vida. Esto tiene mucho que ver también con cómo uno se relaciona con su cónyuge y sus amigos más íntimos, pero esto es harina de otro costal y toca escribir otro día.

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