viernes, 28 de octubre de 2011

Ser humano es ser Creativo

Por Marcelo Vázquez Avila
La especie humana presenta multitud de facetas en las que destaca cada vez que la comparamos con cualquier otra especie de este planeta. Entre las tan traídas y llevadas diferencias respecto a otras especies, casi siempre se habla del lenguaje, pero también de la capacidad de razonamiento, del pensamiento abstracto o de la planificación, al fin y al cabo, de la Inteligencia.

Pocas palabras son tan apreciadas actualmente como la palabra creatividad. Se intenta fomentar la creatividad en la empres, en la investigación, en el arte, en la política, en la educación… pero ¿sabemos de forma precisas lo que implica la actividad creadora, qué exigencias plantea, cuál es su articulación interna?.

Se suele entender por creatividad la capacidad de dar origen a una realidad nueva y sobresaliente, como la actividad de un gran artista, un escritor de calidad, un estadista genial. Esta calificación es justa. Pero se nos presentan unos interrogantes.

1. La experiencia creativa, ¿brota de la nada? O por el contrario es dialógica?
2. Basta unirse con cualquier realidad para realizar una acción creativa?
3. Puede darse una actividad rigurosamente creativa en la vida cotidiana más sencilla?

Si encontráramos la respuesta adecuada estaremos en disposición de aumentar nuestras posibilidades de desarrollo personal y de revalorizar la vida diaria.

Hasta el lenguaje podría ser fruto de la creatividad. A pesar de su  importancia para entender de verdad al ser humano, la atención que le ha dado a esta faceta de nuestro comportamiento ha sido siempre escasa desde el ámbito académico. Quizá sea consecuencia de su naturaleza esquiva, tanto a la hora de ser definida como a la hora de ser susceptible de ser estudiada en un laboratorio. Esta situación está cambiando, principalmente gracias a la mejora constante en las técnicas para visualizar la actividad cerebral y al ingenio de recientes investigadores.

La consecuencia de esta nueva situación no se ha hecho esperar, y estamos asistiendo a un creciente interés desde diversos foros, tanto científicos como de la sociedad en general, por la creatividad. Fruto de este interés ha sido el reciente curso sobre Creatividad y Neurociencia Cognitiva, que tuvo lugar en septiembre en Madrid auspiciado por la Fundación Tomás Pascual, en el que se encontraron científicos de las más diversas disciplinas.

Psiquiatras, psicólogos, biólogos, paleontólogos y arqueólogos, entre otros, expusieron sus trabajos y e intercambiaron reflexiones. Si algo quedó claro de dicho encuentro es que este campo científico está en plena ebullición, lleno de curiosidades y enconados debates. Por un lado, la definición más actual de creatividad coincide curiosamente con la que ya antes habían propuesto pensadores como Teilhard de Chardin o Fernando Savater. Para éstos, la creatividad consiste en conectar, en tender puentes entre dos ideas antes nunca conectadas. Por otro lado al día de hoy, no queda claro si la creatividad es sinónimo de inteligencia o son dos cosas distintas.

Para algunos, la creatividad sería un rasgo más de las personas con cocientes intelectuales excepcionales. Para otros, sin embargo, la creatividad se puede encontrar independientemente del cociente intelectual. Una de las pruebas más frecuentes a las que son sometidos los participantes de los estudios sobre creatividad es la de encontrar funciones nuevas para objetos o utensilios ya conocidos. Sirva de ejemplo el de una lata de refresco, ¿qué podemos hacer con ella que sea creativo? Respuestas como la de convertirla en un florero o hacer de ella un pequeño invernadero, se consideran creativas. Lo que demuestran los diversos estudios es que durante estos momentos "creativos” se activan áreas del cerebro que muchas veces tienen que ver con la tarea manual o perceptiva concreta que se esté llevando a cabo. Dicho de otra forma, cuando creamos una idea que implica la manipulación manual, nuestras áreas motoras y de orientación espacial se ponen en marcha. Si de lo que se trata es de generar nuevas imágenes o sonidos, nuestras zonas cerebrales encargadas de procesar la visión y el oído son de las más importantes. De ahí que se pueda concluir que la creatividad, en realidad, estaría repartida por todo el cerebro, que no hay una zona especialmente relevante para su desarrollo, al menos no una zona que sólo se encargue de generar ideas creativas. Todo el cerebro, por definición, podría considerarse creativo.

Campo para la Neuroestética

Y es que la creatividad es en realidad un campo muy extenso. La mayoría de las veces creemos que sólo se da en el arte, que sólo los artistas son "creadores”. De ahí que en numerosas ocasiones se confundan y entremezclen estos estudios con los de la valoración de una obra artística, presuntamente creativa. En realidad, en este tipo de situaciones cabría más hablar de estética o quizá mejor de Neuroestética, un término acuñado por el neurólogo Semir Zeki para describir los estudios neurocientíficos sobre la apreciación de la belleza.

La artística es sólo una entre las muchas facetas de la creatividad 

La creatividad puede darse en prácticamente todos los ámbitos del comportamiento humano. Ahí tenemos a Einstein o a Newton como ejemplos de mentes altamente creativas en el ámbito científico. Por ejemplo se dice que Newton descubrió la ley de la gravitación universal mientras veía caer una manzana, o que Einstein formulo la teoría de la relatividad mientras soñaba viajar en cima de un haz de luz. Esto no es algo puntual ya que se pueden rastrear comentarios similares en autores de todos los tiempos.  Otro paradigma sería también aquel Homo erectus  que tuvo la genial idea, hace más de un millón de años, de tallar una herramienta con simétrica tridimensional, una auténtica "navaja suiza” a mitad de camino entre la tecnología y la obra artística. Y creativo sería también Ferrán Adrià, como en el mismo ámbito lo sería aquel ancestro nuestro que descubrió que la comida cocinada podía digerirse mejor y más fácilmente. Fue aquél no sólo un magnífico invento que ha perdurado en el tiempo, sino que modificó la evolución de nuestro propio aparato digestivo y, como consecuencia, de nuestro propio cerebro. Y con éste, también mejoró a su vez nuestra propia capacidad creativa.

La creatividad tiene dos propiedades características: a) reorganización adaptativa y estructural de la información de una forma novedosa y b) aplicación innovadora, útil y practica de la información para la resolución de un problema.

El fenómeno de la creatividad hasta el advenimiento de la neurociencia cognitiva y sus métodos de registro de la actividad cerebral y saber qué áreas hacen qué cosas, era considerado un evento mágico, místico o si se quiere elusivo e inexplicable.

Hoy sabemos que procesos cognitivos de alto nivel como la atención, memoria, percepción, tienen una localización precisa en regiones concretas y discretas de nuestro cerebro y que las áreas neuronales responsables de los procesos mentales básicos son las mismas áreas envueltas en la creatividad.

La creatividad no es algo mágico

Hay un modo de pensamiento que subyace al fenómeno de la creatividad, los teóricos lo llaman modo de pensamiento deliberado. El centro de la personalidad, de la mente cultivada es el lóbulo pre frontal, y se encargaría de generar el comportamiento inteligente y dar lugar a la creatividad  porque desde este punto de vista, la creatividad se basaría en saber ser persistente, en saber estructurar el conocimiento obtenido y explorarlo desde múltiples puntos de vista a lo largo del tiempo, para esa teoría, la creatividad es la "exploración del espacio conceptual estructurado". El lóbulo pre frontal haría precisamente eso: sostener la atención, mantener en la memoria de trabajo el contenido consciente y mantenerlo en línea, aunque el estimulo no esté presente y así guiar el comportamiento.

Pero hay otros teóricos de la creatividad que sostienen que la creatividad se genera mediante la fluidez cognitiva y procesos de analogía o conexiones laxas entre ideas, llevado a cabo por la des focalización de la atención,  en este enfoque el lóbulo pre frontal no sea el correlato neuronal de la creatividad, sino todo lo contrario, dado que su inactividad es la que posibilitaría la creatividad. Evidencias en favor de el  modo de pensamiento espontaneo son las anécdotas de genios y creadores a lo largo de la historia de la humanidad que han hablado de haber encontrado una solución a un problema planteado, un ¡Eureka!, o la inspiración necesaria para crear una obra de arte o científica, en sueños, de forma casual o espontanea.  Valga el ejemplo dado para  Newton y Einstein que no es algo puntual ya que se puede rastrear comentarios similares en autores de todos los tiempos. Esta creatividad espontánea estaría basada en una hipoactividad del lóbulo prefrontal, porque se sabe que los distintos estados del sueño, por ejemplo el estado REM, se producen por una inactividad del lóbulo prefrontal y de allí las características de los sueños en la que el tiempo presente, pasado y futuro se funden, no hay inhibición de las emociones y la estructura de la información es caótica. También dentro de este enfoque de la creatividad basada en el modo de pensamiento espontáneo muchos autores, han vinculado la enfermedad mental a la creatividad o la psicopatología al genio. Lo característico de algunas enfermedades psiquiátricas es la desorganización del pensamiento y la facilidad para hacer analogías o conexión entre ideas dispares, de ahí que según en este enfoque de la creatividad basado en un estilo cognitivo o modo de pensamiento espontaneo de la creatividad, la locura y el genio es un continuum.

Dos teorías, una paradoja

Recapitulando, se habla al fin y al cabo de dos modos de procesamiento de la información o modos de pensamiento distintos: el modo de pensamiento deliberado y el modo de pensamiento espontaneo. Los correlatos neuronales de ambos tipos de procesamiento de la información en la creatividad son la actividad del lóbulo pre frontal o su inactividad: en el modo de pensamiento deliberado de la creatividad hay actividad de los lóbulos frontales, y en el modo de pensamiento espontaneo de la creatividad, no hay actividad en los lóbulos prefrontales.

Desafíos a Futuro

La creatividad, por tanto, está a la orden del día. Probablemente, todos seamos creativos en mayor o menor medida y diariamente tengamos que hacer uso de nuestra creatividad cada vez que nos surge algo inesperado. Pero también parece evidente que no todas las creaciones son igualmente comparables, que unas son más acertadas, más exitosas y más perdurables que otras. Descubrir dónde está en el cerebro el secreto de esas creaciones excepcionales es el gran reto de la neurociencia para los próximos años.

 ¿Cómo el cerebro genera ideas novedosas y soluciones creativas?,
¿Es posible desarrollar y/o potenciar la creatividad?”,
¿Se puede mirar dentro del cerebro y estudiar cómo es el pensamiento creativo?

 El cerebro creativo, con capacidades, entre otras, tales como alta flexibilidad de pensamiento, alcanza soluciones novedosas e innovadoras en la toma de decisiones y percibe las características del entorno de manera particular. Así mismo, es capaz de expresar un pensamiento abstracto profundo y elaborado, como se manifiesta en la mitología, el arte, el pensamiento místico o la espiritualidad.

domingo, 23 de octubre de 2011

Verdad, Belleza y Bondad “reloaded”




Howard Gardner (Universidad de Harvard ), Premio Príncipe de Asturias 2011 de Ciencias Sociales, reflexiona sobre la posibilidad de dotar de un nuevo sentido a los conceptos de verdad, belleza y bondad, erosionados por el escepticismo.

Desde los albores de la civilización el hombre se ha esforzado en definir los conceptos de verdad, belleza y bondad. Todas las sociedades han desarrollado sus propias interpretaciones de los trascendentales del ser,  como le  llamaron los escolásticos.

¿Como podemos distinguir la verdad de las pseudoverdades en estos tiempos donde el bombardeo de información de carácter inmediato que llegan a través de la Red, de Blogs y Wikipedias? ¿Cómo juzgar la belleza cuando muchos artistas la consideran un “concepto inadecuado y anticuado” y sus obras pretenden sólo causar algún tipo de impacto y no precisamente placer en quien la admira? ¿Cómo distinguir lo bueno de lo malo cuando ética y moralidad está tan relativizada y no valorada? Son cuestiones que desconciertan siendo fundamentales y que en los próximos Post de este Blog vamos a tratar de poner sobre el tapete como tema para un diálogo constructivo.

Desde que en los años 80 formulara la teoría de las inteligencias múltiples y comenzara a trabajar en su aplicación práctica en el campo de la educación, el investigador y profesor de la Universidad de Harvard Howard Gardner ha ganado un justo y amplio reconocimiento a nivel mundial. El reciente premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2011 viene así a sumarse a las numerosas distinciones y doctorados honoris causa obtenidos a lo largo de una prolífica carrera, en la que sus ideas sobre los procesos de aprendizaje y la formación del liderazgo han suscitado un vivo interés no sólo en el terreno científico, sino también en el de las instituciones de enseñanza. 

Gardner en su último libro[1] viene a reformular estos valores y el propósito de su obra consiste en convencernos de la necesidad de seguir contando con ellos como guías imprescindibles de nuestra vida y, una vez sentado esto, abordar la cuestión de cómo transmitirlos de la manera más adecuada a unas generaciones nacidas bajo el signo de Internet y la revolución digital.

Para Gardner, la inteligencia no es una destreza unidimensional, susceptible de ser medida de forma global por los test de inteligencia y cuantificable sin más mediante el indicador llamado cociente intelectual. Fueron sus trabajos empíricos, los que lo convencieron de que la inteligencia es una capacidad mucho más plástica y polivalente, que se adapta en su modo de funcionamiento a los diversos ambientes en que se ve inmersa y a las distintas tareas que ha de afrontar. De ahí que Gardner siempre haya hablado de ella en plural, llegando a distinguir hasta nueve modalidades diferentes de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, corporal y cinética, visual y espacial, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y existencial o filosófica. Y aunque hay una labor cooperativa entre todas ellas, se desarrollan con cierta independencia. Esto significa que los individuos pueden mostrar un nivel elevado de desarrollo intelectual en algunas facetas y, sin embargo, un nivel mucho menor en otras. También las diferentes culturas y los diferentes estratos sociales, al igual que las diversas etapas de maduración personal, pueden incidir en una mayor potenciación de una habilidad intelectual u otra. 

La consecuencia directa de esta teoría ha sido la necesidad de diversificar las estrategias educativas en función del tipo de desarrollo cognitivo que se quiera favorecer en cada caso. A lo largo de más de veinte años, en diversos programas de investigación como el  Proyecto Zero[2] , Gardner ha venido profundizando en los mecanismos del aprendizaje y sus ideas han ayudado de manera notable a revisar los principios estandarizados de enseñanza y evaluación a favor de otros más personalizados. Estos trabajos constituyen, sin duda, una sugestiva aportación en un momento en que la reflexión sobre los profundos cambios que han de experimentar los modelos educativos para responder a los retos del presente resulta tan necesaria. Una concepción estrecha del proceso de la formación intelectual, contaminada por el lenguaje economicista de la rentabilidad, y una insistente mentalidad de nuevo rico en buena parte de la pedagogía contemporánea,  han contribuido perniciosamente al verdadero mal que hoy sufre el ámbito de la enseñanza: el de la falta de sentido y la importancia de su tarea.  Como recordaba no hace mucho Martha Nussbaum[3],  “una mera educación para el empleo, la buena renta y la prosperidad económica no es una educación para la buena Vida",  también llamada Vida Lograda (Alejandro Llano, Editorial Ariel. 2002).

Esta concepción sigue apegada en el fondo a viejos modelos de desarrollo, que descuidan el cultivo de cualidades esenciales, como la Verdad, la Belleza y la Bondad, e impiden  forjar  individuos sanos y de mente abierta, capaces de argumentar con auto crítica y contribuir a la mejora de la vida en sociedad.

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