viernes, 2 de mayo de 2014

El Hobbit: ¿y si Tolkien tenía razón?


Los fanáticos de “El señor de los anillos”, “El Hobbit” y “El Silmarillion” (J.R.R. Tolkien) tienen nuevos elementos para creer que esas grandes obras de mitología tienen algo de veracidad: el análisis de tres huesos fósiles de un brazo corrobora la controvertida tesis según la cual el “hobbit“, un pequeño humanoide cuya osamenta fue descubierta en 2003 en Flores, una isla de Indonesia, es una especie hasta ahora desconocida de homínidos.

Los hobbits son una raza ficticia de seres con formas humanas que pertenece al legendarium del escritor británico J. R. R. Tolkien. Su historia se narra principalmente en la novela El Señor de los Anillos, especialmente en el prólogo, que está dedicado a ellos y a la tierra donde vivían, la Comarca. No obstante, su primera aparición fue en El hobbit y también son nombrados en El Silmarillion. Están emparentados con los hombres y se caracterizan por su baja estatura, la abundante vellosidad que les crece en el empeine de los enormes pies, las orejas algo puntiagudas y una figura normalmente rolliza.

Los fósiles encontrados en el año 2003, en la isla de Flores (Indonesia) pertenecen a los restos de unas criaturas de unos diez mil años de antigüedad, con una talla de aproximadamente un metro de altura y con un cerebro del tamaño del de un chimpancé; aunque con una relación cerebro-masa corporal comparable a la de Homo erectus. Sus descubridores pronto les apodaron Hobbits, en referencia a los creados por Tolkien, aunque su nombre científico es Homo floresiensis. Los hallazgos datan de hace aproximadamente entre 120.000 y 10.000 años, recuerdan los autores del estudio publicado en la revista estadounidense Science.

El Homo floresiensis fue bautizado “hobbit” en referencia a esos diminutos personajes de las novelas de J.R.R. Tolkien. “Los hobbits no necesitan usar zapatos, pues sus fuertes pies tienen una suela de piel natural que les protege. Son hábiles con las manos y se dedicaban especialmente a la agricultura, debido a la abundancia y fertilidad de la Comarca. Antes de habitar dichas tierras, los hobbits solían hablar las lenguas que usaban los hombres con los que habían entrado en contacto en algún momento”.

El descubrimiento citado creó una división en dos bandos entre los científicos encargados de estudiar los restos, situando a un lado a aquellos que creían que éstos pertenecían a un Homo sapiens, o bien con microcefalia o bien sano y debiéndose su estatura al aislamiento insular, y a otro a aquellos que creían que se trataba de una especia de Homo nueva.

Posteriormente los estudios realizados, probaron que el Homo floresiensis no era un Homo sapiens, ya que tanto sus hombros como sus muñecas estaban más relacionadas con las de la especie Homo erectus. Tiempo después,  se encontraron partes de otros nueve individuos, todos diminutos, así como una serie de herramientas de piedra que permitieron datar los restos en un periodo comprendido entre 90.000 y 13.000 años de antigüedad (estamos hablando de fechas en las que ya existían los Homo sapiens plenamente formados). Estos dos factores, el pequeño tamaño de su cuerpo y su reciente supervivencia, hacen que estos homínidos sean algo realmente extraordinario. No en vano han sido conocidos como “Hobbits”.

La Isla de Flores ha sido descrita en algunos medios, como la revista Nature, como una especie de mundo perdido, donde las especies han evolucionado a su manera, encontrándose elefantes enanos  y lagartos gigantes. Igual por eso no es tan extraño que allí floreciese, nunca mejor dicho, el Hombre de Flores.



Generalmente se ha señalado al Homo erectus como antepasado inmediato del Homo floresiensis, pero esto es un problema: los H. erectus tenían aproximadamente el mismo tamaño medio que nosotros, así que debieron “encoger” después de su llegada a la isla (que se propone en torno al 500.000 a. C.), según creen los que defienden esta teoría, por el limitado aporte alimentario de la isla, lo que le produjo en enanismo isleño, algo observado también en otras islas, afianzado por endogamia. Además, los especímenes parecen semejantes en sus características a los Homo erectus asiáticos, que vivían desde hace milenios por la zona.

Otros investigadores, en cambio, proponen una alternativa: el hobbit no es un Homo erectus que se hizo enano, sino que ya salió enano de África, porque proviene de una especie aún más antigua, de una época en que los homínidos aún no habíamos crecido de tamaño. 



La verdad es que esta especie es un rara avis en toda esta historia.

Y lo que más mosquea es su diminuta estatura, mucho menor que la altura media de los grupos humanos más pequeños, como los Pigmeos africanos, que rondan el metro y medio. Además, tenía brazos relativamente largos, lo que impide que fuese un pueblo con acondroplásia o enanismo, pues estas personas no son proporcionalmente más pequeñas que las demás por regla general, sino que sólo tienen sus miembros más cortos.

También es sumamente interesante que, aun teniendo un cerebro mucho más pequeño que el Homo erectus, tenían comportamientos sociales y técnicos similares: hay evidencias del uso del fuego para cocinar, empleaban herramientas de piedra bastante sofisticadas empleadas para caza cooperativa al más puro estilo Homo sapiens.

Además hay otro misterio

¿Cómo llegaron hace 100.000 años a esta isla de Flores estos pequeños Hobbits? Sus descubridores plantean que la isla permaneció aislada durante la edad de hielo más reciente debido a un profundo estrecho, lo que  ha llevado concluir que la especie o sus antecesores sólo pudieron haber alcanzado la isla aislada por medio de algún transporte marítimo, quizás llegando en balsas de bambú hace unos 100.000 años. Y por supuesto, el gran misterio ¿Cómo sobrevivieron hasta hace tan solo 12.000 años? Esta fecha es muy posterior a la llegada de los primeros humanos modernos a la región, que se produjo hace entre 35.000 y 55.000 años, aunque se desconoce cómo pudieron haber interactuado.

Esto nos plantea otra cuestión: ¿Cómo desaparecieron?

Se piensa que fue por culta de una erupción volcánica de hace justo 12.000 años, que motivó su desaparición, junto con gran parte de la fauna local, incluido el Stegodon (elefante primitivo) enano y las ratas gigantes de la isla. Si no fuese por esto, igual aún estaban por aquí… 

Sea como sea, se trata de un ejemplar de homínido curiosísimo, y su descubrimiento uno de los más importantes de la historia reciente, pues es el único homínido contemporáneo a nosotros encontrado en los últimos tiempos.

En la cueva de Liang Bua, en el interior de la accidentada Isla de Flores, cazaban en grupos al estegodón, con herramientas que tallaban en piedra. Eran humanos, pero no de nuestra especie. La prensa en inglés, sacudida por la publicación del descubrimiento en la prestigiosa revista científica Nature, enseguida los ha bautizado como “hobbits” de J.R.R. Tolkien. El novelista nacido en Sudáfrica, de hecho, siempre insistió en que los hobbits de sus novelas de fantasía eran muy plausibles y que no eran ni pigmeos ni afectados por enanismo ni una raza no humana: “son humanos, de un tamaño más pequeño y de hecho por la calle se puede ver gente de estas estaturas”, escribió a un lector. La arqueología ahora le estaría dando da la razón…

Asombra el cerebro y asombra la época

El descubrimiento ha sido como un meteorito por absolutamente inesperado y por sus importantes implicaciones. Por un lado, se comprueba que un homínido no necesita tener un cráneo y cerebro tan grande como se pensaba para desarrollar inteligencia, uso de herramientas, trabajo en grupo, fuego, caza, etc... El tamaño del cráneo pierde importancia, y se comprueba que lo que importa es la complejidad de las conexiones neurales.

Por otro lado, asombra que hace 12.000 años aún viviera esta especie humana, porque se pensaba que nosotros, los Homo Sapiens, éramos los únicos humanos sobre la tierra desde que desaparecieron los Neandertales hace unos 30.000 años en su último reducto, la Península Ibérica. Y he aquí que aparece en la isla de Flores otro reducto de otra especie humana, estos hobbits bautizados como Homo floresiensis.

¿Se encontraron en las selvas montañosas de Flores los pequeños hobbits cazadores de Estegodones con nuestra gente, los Homo Sapiens? Es perfectamente posible: parece que los hobbits “llegaron” hace unos 100.000 años a Flores, mientras que el Homo sapiens estaba ya en la cercana Borneo hace 43.000 años y en Australia hace 40.000 años. Pudieron haber convivido (con mayor o menor armonía) en la aislada Flores durante miles de años, aunque la isla es tan accidentada que quizá vivieron en valles adyacentes sin conocerse. Aunque quizá...

¿Y si quedaran hobbits vivos?

Si sobrevivieron hasta hace 12.000 años, ¿por qué no hasta nuestros días? Esa es la esperanza soñadora de aventureros y exploradores. Puede parecer que nuestro mundo ya está medido, contado y dividido al milímetro, pero no es exactamente así. Estas maravillas animan a los “buscadores de yetis” a insistir en sus sueños. Los exploradores Adam Davis y Andrew Sanderson, por ejemplo, ahora buscan en la selvática isla de Sumatra, una posible especie de homínidos de baja estatura que los nativos llaman  Orang Pendek   (hombre pequeño) y que al parecer mencionó Marco Polo en 1292.

¿Un mito o existen aún hobbits vivientes? Aún hay zonas sin explorar en Sumatra...

El significado de ser hombre

Peter Brown, el arqueólogo encargado de analizar los hallazgos de Flores, señala en Nature una de las consecuencias del descubrimiento. “Antes de estos hallazgos, no se podía pensar que un homínido con el tamaño cerebral y la habilidad cognitiva posiblemente limitada del Homo floresiensis pudiese hacer el tipo de herramientas asociadas con los esqueletos, e incluso llegar a Flores. Supongo que esto cambia las nociones de lo que significa ser humano”.

Más allá de la maravillosa aventura del conocimiento, siempre está la de la ideología. Henry Gee escribe en una artículo desenfadado en Nature: “si resulta que la diversidad de los seres humanos siempre ha sido alta, ha permanecido elevada hasta muy recientemente y podría no estar extinguida del todo, nos podemos cuestionar la seguridad de algunas de nuestras creencias más profundas. ¿Podría levantarse, por favor, la verdadera imagen de Dios?”

Se podría responder al señor Gee que la existencia, en el pasado o en la actualidad, de diversas especies humanas, no resulta más problemática para la relación entre Dios y el hombre, que la existencia de diversas razas o culturas humanas. El mismo Dios al que dirigen sus ojos judíos o gentiles, griegos y romanos, podría ser perfectamente el padre de Neandertales, Homo sapiens o hobbits de la isla de Flores. Existe un Dios, y parece evidente que no le teme a la diversidad. Confío en que la ciencia nos seguirá desvelando el tamaño maravilloso de esta diversidad, por lo tanto, de Dios.




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