Existe un Instituto Español de Resiliencia (IER) en el que se estudia este fenómeno en sus distintas vertientes y campos de actuación del ser humano, en cuya web podemos encontrar el común denominador de las personas resilientes: “Las que han desarrollado un alto nivel de confianza en sí mismos y se proyectan hacia adelante para conseguir los objetivos que se han propuesto, porque saben que pueden conseguirlos. Son constantes y perseveran hasta lograr la meta y se adaptan a la situación difícil buscando proactivamente la salida”. ¿Verdad que todos estamos pensando en grandes deportistas que responden a ese perfil? Y no solo en deportistas, sino seguramente en personas de nuestro entorno que también son así.

Se podría pensar, sin embargo, que este concepto aplica más a los deportistas individuales que a los de equipo, pero aunque tiene su lógica no parece del todo así. El que fuera hasta la temporada pasada entrenador del Athletic Club de Bilbao, el argentino Marcelo Bielsa, decía que la resiliencia es “la principal virtud de un jugador. Es la virtud que tiene un cuerpo de recuperar la forma original después de haber sido deformado. Los grandes jugadores superan inmediatamente el dolor de la derrota o cualquier dolor que le produzca el juego”. Y eso, como todos sabemos, sucede con frecuencia (a veces, incluso, hasta en varios partidos seguidos).
Otro Marcelo, en este caso hablamos de Marcelo Vázquez Ávila, profesor del Instituto de Empresa de Madrid y responsable del departamento del deporte del IER , explica en su blog  que el deportista debe convivir en su día a día con la necesidad de ser resiliente, porque  “los deseos de coronarse como campeón, ganar una Copa o una medalla, supone andar un camino lleno de esfuerzos y dificultades donde no sólo hay que poseer cualidades físicas, técnicas y tácticas sino que además requiere de una recia personalidad capaz de resistir el estrés que resulta de la percepción de la amenaza de no alcanzar lo deseado, del conflicto y el fracaso que tienen lugar en las condiciones de la competencia. Por tanto, la presencia de la adversidad en muchas de las actividades que realiza el deportista debe ser reconocida y tenerse en cuenta en la preparación mental de los mismos”.
Y ahora lo prometido al principio de este post. Tiene que ver con el Atlético de Madrid y la experiencia vivida por sus jugadores en los prolegómenos del partido disputado el sábado en San Mamés, contra el Athletic de Bilbao. En el hotel de concentración, la plantilla atlética recibió a Irene Villa, periodista que en 1991 sufrió el envite del terrorismo de ETA,  una de cuyas bombas la dejó sin sus dos piernas y tres dedos de una mano.  A Irene la conocemos todos en España porque es un símbolo paradigmático de persona resiliente, que nunca se ha rendido, que ha sido capaz de rehacer su vida, que es madre y deportista aunque camina gracias a dos prótesis de rodilla para abajo. Pero, a pesar de todo ello, Irene vive la vida y mira al futuro con optimismo. Es una persona feliz (lo dice ella).
Y así se lo hizo ver también a los jugadores del Atlético, exhaustos ya físicamente a estas alturas de temporada, a los que ofreció una charla de motivación con este mensaje claro: “Ganar está muy cerca de perder, pero nunca hay que dejar de luchar. Siempre hay que estar alerta porque la vida te puede golpear muchas veces, pero hay que levantarse después de cada caída. Hay que saber encajar el éxito y la adversidad. Hay que pelear día a día, sin dejar escapar ninguno”. Los jugadores flipaban ante ese ‘monumento humano al positivismo” y seguramente no paraban de preguntarse: ¿Y de qué podemos quejarnos nosotros por muy cansados que estemos?
En su crónica titulada “El Atlético ‘alineó’ ayer a Irene Villa”, el periodista Luis Aznar cuenta cómo “Irene no se rindió, decidió plantar cara a la vida y mirar hacia delante. Se propuso que su desgracia tenía que servir para que la gente aprendiera que nuestro paso por este mundo es breve y hay que saber aprovecharlo. Por eso, desde hace años se dedica a impartir conferencias en las que habla sobre la vida, sobre su caso particular, sobre cómo luchar cada día por muy duro que sea”.
La coincidencia de fechas con el partido del sábado fue casual, según cuenta la crónica. Al parecer había sido una idea previa del entrenador del equipo, Diego Pablo Simeone, porque quería “hacer ver a los jugadores lo privilegiado de su situación y que cada día deben afrontarlo como si fuera el último”.
Si los hechos transcurrieron así, tal como se nos cuentan, vaya mi reconocimiento hacia este entrenador heterodoxo que va más allá del choque frontal, el juego de hombres o el esfuerzo ilimitado para motivar a sus jugadores. Él sabe bien que hay quienes lloran porque no tienen zapatos, hasta que se dan cuenta de que otras personas no tienen pies;  que hay quienes no saben disfrutar del canto de los pájaros, hasta que toman conciencia de que otras personas no pueden oírlo, simplemente porque son sordas. De verdad, cada día me cae mejor el Cholo Simeone… Y le admiro más por lo que está consiguiendo.
¡Ah! Y, por cierto, el Atlético ganó el partido (1-2) en La Catedral y mantuvo su liderato. Quizá todo lo comentado tenga algo que ver con la victoria…