martes, 30 de diciembre de 2014

¿Aceptas el reto de tu propia vida?

por Marcelo Vázquez Avila


Tenemos ganas de avanzar en la vida pero, a veces, no sabemos cómo hacerlo. En un mundo dónde no tenemos tiempo para parar y conectar con nuestra esencia, la vorágine del día a día hace que vivamos anclados a personas, situaciones y hábitos que nos están impidiendo ir hacia delante. El éxito no es algo que pertenezca a unos pocos. Depende de nuestras capacidades, nuestro compromiso y la puesta en práctica de decisiones que nos permitan alcanzar resultados superiores.
¡No existen atajos para el éxito personal! Debemos hacer el trabajo oportuno para adquirir herramientas que permitan despegarnos de lo viejo y así despejar el camino para que suceda lo nuevo. Todo esto se puede adquirir a través del coaching.  Podremos adquirir herramientas para cambiar nuestras creencias limitantes y nuestros malos hábitos para así tener una visión de nosotros más positiva, permitirnos brillar y dejar de ser tan críticos. Merece la pena pagar el precio de hacernos responsables de nuestra vida. ¿Aceptaríamos el reto?
Conseguir definir perfiladamente una nueva disciplina no es asunto fácil y lo es menos cuando algunos se empeñan sin ningún cuidado ético en asociarla con aquello que evidentemente no es. El coaching hoy en España se ha convertido en un trasunto de Arca de Noé donde parece tener cabida cualquier despropósito con tal de lograr hacer caja. La confusión está servida y sus consecuencias las sufrimos los  profesionales que intentamos vivir deontológicamente de esta profesión.
Todo proceso de cambio personal hacia la excelencia (coaching), debido a su consustancial y tremenda complejidad, no podrá nunca reducirse a unos  juegos de salón, y quien ello proponga tendrá tanta responsabilidad en el engaño como quien lo acepte soñando en circenses fórmulas malabares que le curen todos sus males en jornadas de estafada esperanza y fugaz ilusión.
La gran cuestión de la vida humana pasa por el reto cotidiano de hacernos personas, aunque pocas veces sepamos responder con convicción y certeza sobre ‘eso’ que hace falta para llegar a serlo.
Cada persona es responsable de ‘esculpir su propia figura’, de construir su personalidad, biografía y modos de relación. Y, en todo caso, lo que esto significa es que para que emerja la persona en plenitud, no basta con esperar de brazos cruzados: la persona tiene que forjarse a sí misma… De modo que la persona no es tanto lo que es sino lo que está llamada a ser.
Pero el desafío de ser personas supone el equilibrio entre ambos extremos del péndulo humano: nuestras posibilidades –creatividad, actividad, vocación, capacidades, virtudes, etc.- y nuestras limitaciones –finitud, sufrimiento, muerte, vicios, etc.- que han de enfrentarse conjuntamente al cotidiano quehacer de la libertad por el que cada acto personal, aun cuando esa vida sea traspasada por el dolor en sus mil rostros, se erige en ocasión de crecimiento y conversión continua:
 Esa es la difícil y fenomenal tarea de ser personas. “El gran reto de la persona no es, por tanto, el ilustrado ‘atrévete a saber’, ni el hedonista ‘atrévete a disfrutar’, ni el economicista ‘atrévete a tener’.
                  El gran reto que se me presenta como persona es
‘atrévete a esculpir tu propia figura, tu propia vida’

3 comentarios:

babe dijo...

Me parece un enfoque muy original, que nos invita al cambio, a la acción, a través de la creatividad. Muy interesante la metáfora de "esculpir nuestra figura", que requiere de nosotros una lectura realista del mármol que tenemos delante. Sin desmerecernos, pero sin sobrevalorarnos, podremos esculpir una figura de nuestra talla.

Rita dijo...

Me gusta tu enfoque, que nos invita a ser forjadores de nuestra propia historia.
La metáfora del escultor, requiere de nosotros el conocimiento realista del mármol que tenemos delante. Sin desmerecernos, pero tampoco sobrevalorarnos, podremos obtener resultados satisfactorios.

Luis Guillermo dijo...

Qué otra cosa se puede decir que "EXCELENTE"?
Tan claro y bien dicho que no puede expresarse mejor, ya sea para comprender a lo que apunta la tarea del profesional como lo que debe aportar el "asistido", de su parte, para lograr un objetivo.
Abrazo, salud y que sigan los éxitos.

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