martes, 23 de diciembre de 2008

2. Dialoguitos en el Ágora


2. Dialoguitos en el Ágora
por Marcelo Vázquez Ávila
La semana pasada habíamos dejado una pregunta en el aire “Cuando fantasea… ¿dónde le lleva el corazón?”. Y Pablo responde en este Blog: “Pasión es la que tiene el niño que empieza a andar, el abuelo que mira a su mujer, la misma desde hace 50 años, la madre que se levanta a las 4 de la mañana porque un hijo llora, la misma que te mueve a ti y a mi a emprender un proyecto, a arriesgarte... la pasión nos lleva a dejarnos la piel, la vida, el corazón  e incluso el alma en tu mujer, tu amigo, tus hijos...” un niño que conocí dibujaba a los cuatro años, unos árboles extraordinariamente imaginativos y para hacerlos tanto le servían los lápices como los crayones o la tiza. Árboles que mostraban cada copa en una especie de visión cubista que hubiera envidiado Picasso. La observación asombrosa de los árboles reales de la puerta de su casa, más la audacia creativa de los niños de esa edad se combinaban para producir esas notables piezas artísticas. Sólo dos años después dibuja árboles como chupetines, igual que sus compañeritos de banco. Los árboles-pirulín no es donde vivirían alondras de verdad. La escuela –la educación en general- puede alimentar la creatividad en los niños, pero también puede destruirla. La educación, debe preservar y regenerar el aprendizaje y la creatividad y dar a los niños las herramientas para crear el futuro. En su peor expresión producen adultos uniformes, con mentes convencionales para alimentar el mercado con operarios, gerentes, clientes y consumidores. EL niño que fuimos y que aún somos en nuestro interior, aprende explorando, experimentando en cada rincón que encuentra abierto. Pero tarde o temprano parece que nos cortan las alas. El mundo real pensado por los adultos viene a cerrarse sobre los niños en crecimiento, moldeándolos hasta  convertirlos en miembros cada vez más predecibles de nuestra sociedad. Sus ojos comienzan a entrecerrarse y así la simplicidad, la capacidad de asombro y la inteligencia creativa se homogeneizan en debilidad.
La educación y los negocios que podrían ser un campo fértil para expandir la expresividad humana, se confabulan, con nuestro permiso, para inducir al conformismo, para hacer que la cosas marchen al nivel del aburrimiento.
Muchas veces cometemos el error de confundir educación con entrenamiento, cuando en realidad se trata de actividades distintas. Este último tiene el fin de transmitir cierta información específica necesaria para realizar una actividad determinada. La educación es la construcción de una persona. Educar es sacar o evocar  aquello que está latente, por lo tanto educación significa dejar aflorar el talento de una persona para conocer y vivir su vida y no llenar a una persona supuestamente pasiva, de conocimientos preconcebidos.
La educación debería abrevar en la estrecha relación Juego-exploración, valorando el espíritu aventurero que por definición nos saca de lo ya probado, lo verificado, lo cierto y lo homogéneo.
Una de las trampas en este tema de la creatividad es que no se puede expresar inspiración sin técnica, pero si uno se pertrecha demasiado en el profesionalismo de la técnica pasa por alto la apertura al accidente que es esencial para la inspiración.
_Ángel: Un intérprete puede tener una magnífica formación técnica, ser capaz de asombrar y deleitar al público con su deslumbrante virtuosismo, y sin embargo… falta algo. Todos hemos tenido alguna vez la experiencia de oír una notable ejecución de un concierto en el que falta este misterioso algo.
_Rubén: Creo que el profesionalismo de la técnica y la destreza son más cómodos como ámbito que el puro poder creativo. Es como que nuestra sociedad recompensa generalmente más a los ejecutantes virtuosos que a los creadores originales porque es más fácil juzgar la brillantez técnica que evaluar el contenido espiritual y emocional que se intuyen, en forma sutil en el proceso creativo.
_Marcelo: Intuiciones! Imaginación, instinto. Palabras de las que desconfiamos muchas veces. Suprimimos, negamos, racionalizamos, olvidamos las llamadas de las musas. A veces parece que hubiera una confabulación de nuestras instituciones para comprimir el modo enq que llevamos nuestras vidas hacia una especie de molde cerrado y rígido. La vida que deja espacio a las intuiciones del corazón parece un salto a lo desconocido solo porque la “vida cotidiana” se ha vuelto rígida y traumatizada.
_Guillermo: El hecho es que no podemos evitar el fin de la infancia…el libre juego de la imaginación crea ilusiones, pero estas chocan con la realidad y se desilusionan…
_Marcelo: De acuerdo, presumiblemente en ese caso desilusionarse está bien, es la esencia del aprendizaje, pero duele. Si uno aprende, compensa. En todo caso, los bonitos árboles que comentábamos al comienzo no serían arte si vinieran de las manos de un adulto. La diferencia entre los dibujos de aquél niño y los dibujos aniñados de Picasso reside no sólo en el dominio del oficio del pintor malagueño, sino en el hecho de que él había crecido, había pasado por duras experiencias y las había trascendido. ¿ese niño que aún llevamos dentro, ¿lo podremos rescatar?

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