lunes, 11 de mayo de 2009


Hablar de la obra de Adrián Lirman


Por Ernesto Storani, Director del Museo Municipal de Bellas Artes de Luján

Es hablar de una pintura con un magnetismo muy especial, una pintura donde siempre se descubre algo nuevo, de un artista con una gran capacidad de trabajo. Su trabajo es placer, es su vida. Cuando descubrí que además de la pintura su pasión era la música, comprendí, como músico que soy, la razón por la cual me impactó su trabajo, su persona, su arte...
Por tal motivo, encontramos en su obra sus vivencias, sus búsquedas, sus estados de ánimo y hasta sus pérdidas. El pinta con un concepto musical y su pintura, afirma Lirman, es la traducción de una emoción en un acto físico.
Su trabajo lo lleva a una evolución constante, a una búsqueda, a la experimentación, así llegó, por ejemplo, a usar la mano izquierda para dejar más lugar a lo intuitivo .Por ello y por su talento en su obra reúne la energía, la música, la pintura, la pasión, logrando una obra poética, totalmente reconocible en cualquier lado.
Hace muy poco que tomé contacto con la obra de Lirman, pero cada vez que observo su trabajo es una sorpresa, me sorprende como si lo conociese de años. Cuando conocí su obra, me impactó de tal manera que se me grabó totalmente y fui en su búsqueda. Luján tenía que conocerla y disfrutarla.
Personalmente amo el talento, la capacidad, y hace años que lucho y trabajo desde mi puesto como funcionario, como docente, como músico, como artista, para brindar a la gente, a mis alumnos, a mis actores, el concepto de una realidad que nos da la vida para aprender a vivir, amar y compartir esa maravilla con gente tanto o mas capaz que nosotros.

11 comentarios:

K. dijo...

No debiéramos limitarnos a ser personas de una sola dimensión. Cuanto más variada sea nuestra vida más completos seremos como personas y, así, estaremos mejor preparados para afrontar las diversas situaciones que nos encontramos en la vida.

chapuzas realia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Borja dijo...

Lo que me sorprende de Lirman no es su capacidad de trabajo, su gran logro es que la pasión que siente por la pintura, no se haya transformado en rutina y hastio, como le pasa a muchos otros artistas (me vienen a la cabeza muchos futbolistas brasileños).

Me da la impresión que es aquí donde este hombre muestra todo su genio, e intuyo que lo logra porque sabe crearse una atmósfera especial de trabajo, en la que siempre existe un reto, una forma de hacer las cosas diferentes y mejor, que logra sacar lo mejor de sí, satisfaciéndole plenamente.

Dena dijo...

Que podemos aprender de Lirman y su obsesión por su vocación, sin duda la pasión por su trabajo; es dificil desde una orilla no creativa llegar a sentir esta devoción como Adrián pero deberíamos atrevernos a sentir esa pasión cada día no necesariamente por nuestro trabajo sino por la plenitud de nuestra vida en el hoy, en nuestro presente.
Creo que uno de nuestros problemas como personas en esta sociedad es esa falta de pasión por las cosas que hacemos y que vivimos, esa desapasionada forma de vivir nos hace sentirnos inseguros e infelices y a veces eufóricos.
Como decía Einstein: Hay dos maneras de vivir la vida: una como si nada es un milagro, la otra es como si todo es un milagro. Esa es la pasión que deberíamos ser capaces de buscar.

K. dijo...

Dena...el problema de vivir así la vida es que de la pasión al odio...hay muy poca distancia...cuanto más apasionados nos sentimos por algo más cerca estamos de que nos desilusione...hay que dejarse llevar sí...pero sin perder de vista el suelo...

Dena dijo...

Mi querido K, no establezcas tus modelos mentales para confunfir la pasión por la vida, la pasión por las pequeñas cosas del día a día con otros tipos de pasiones. Esta bien tener los pies en el suelo pero eso no debe ser un lastre. La desilución es una parte más de las distintas dimensiones de las que hablabas y hay que saber aceptarlas y no, porque sabiendo que van a existir no hacer nada por tener los pies anclados en el suelo.

Fernando Román dijo...

Nunca he entendido demasiado el arte moderno, aunque algunos pocos cuadros me gustan y llaman bastante mi atención. Pienso que, en general (aunque no es bueno generalizar) en el llamado arte abstracto (contrario al figurativo) hay mucho más de marketing que de verdadero arte. El caso de Adrian Lirman parece distinto: me atrae su arte. Pero si me atrae su obra, más me atrae su planteamiento vital. Equilibrio y felicidad dentro de una enorme pasión por su ¿trabajo? Como dijo alguien: "Si quieres dejar de trabajar, enamórate de tu trabajo"
¿Qué es lo que ve en el trance de enfrentarse a un lienzo en blanco? ¿A qué abismos de creación, primigenios, tiene la suerte de acceder? Como en un trance, pinta, pinta y se dibuja a sí mismo, a todos nosotros.
Lo de menos, para mi, es el resultado. Ha sido y es capaz de vivir y ser feliz haciendo lo que le gusta. Trasciende su persona con su Arte y, a través de su Arte, como un chamán mediúmnico, como los surrealistas con la escritura automática y onírica, entra en contacto con las fuerzas espirituales, con el inconsciente común y atávico (porque pienso que es común a todos los seres humanos y a todas las épocas) y no le importan las horas mientras elabora esos trazos que le conducen hacia la inmensidad azarosa y no planeada, hacia el mismo infinito.
Es un verdadero afortunado, aunque creo que todos, de alguna manera somos capaces de llegar a ese estado (aunque quizá no de manera tan sostenida) Sólo hemos de buscar el disparador, aquello que nos haga trascender y nos ponga en contacto con nuestro yo inconsciente. En mi caso es la música –lo tengo localizado-, pero estoy seguro que cada uno tiene su propio y distinto medio. Una misión: hemos de encontrarlo y potenciarlo.

Manuel dijo...

Es realmente fascinante ver cómo hay personas que llenan y llevan su vida a unos límites de satisfacción- pasión - devoción tan extremos.
Lirman,es sin duda, una de esas personas admirables, pero no sólo cómo ha convertido su pasión en trabajo,sino más bien, por tener ese don que sólo algunos privilegiados poseen como es la creatividad. Virtud artística de la que yo carezco, por eso , es sólo esa parte la que "envidio". Sin embargo,en contra de lo que algunas personas han comentado en este blog, para mi su modus vivendi no es un referente. La virtud está en el equilibrio. Soy feliz desempeñando mi trabajo, que me satisface plenamente, pero mi vida se completa y se complementa con otras muchas cosas.

K. dijo...

Dena...estamos hablando de lo mismo...y todos tenemos esquemas mentales...nos guste o no. Cierto que algunos más rígidos que otros pero esquemas mentales al fin y al cabo.

Es cierto que hay que dejarse llevar...pero repito...siendo conscientes de los peligros del aterrizaje forzoso y aceptándolo...

Siempre es bueno en tu triunfo por las calles de Roma que el esclavo que te acompaña en la cuádriga y te sujeta la corona de laurel te repita aquello de "recuerda que eres humano"...

Carlos dijo...

Lo que me sorprende de Lirman es lo afortunado del personaje.

Si el mercado no hubiese sido receptivo con su obra, seguramente no estaríamos hablando de magnetismo, creatividad, pasión, transcendencia, equilibrios vitales... y diversa terminología propia del mundo del arte. Hubiese sido el artista un perfecto desconocido, otro más de una larga lista de desafortunados que no han podido vivir de su pasión (en este caso, parece ser que obsesión)

Dicho de otra forma, cuando estadísticamente tenía todo en contra para conseguir vivir "del arte" (¿cual es la probabilidad? ¿del 1 por 100 quizás?), este personaje apostó al 100% a caballo ganador logrando convertir su pasión en una profesión parece ser que prometedora

Ha corrido enorme riesgo (no es sensato apostarlo todo cuando tienes semejante probabilidad en contra). Es justa la recompensa disfruta en estos tiempos

Enormes felicidades

PDTA: palabras de van Gogh en su última carta (encontrada tras su intento de suicidio)

"Yo arriesgué mi vida por mi trabajo, y mi razón siempre fue menoscabada"

Juanjo dijo...

Tantos recelos nos despierta Lirman con su supuesto “éxito” frente a nuestras calladas “frustraciones” que al final el árbol no nos deja ver el bosque. Y entonces hablamos de Lirman: de su persona, de su pintura, de su arte, de su capacidad de trabajo, de su pasión, de sus almorranas, de lo que nos gusta del él, de lo que no nos gusta, de si es feliz o no, de si lo merece o no lo merece… En fin, hablamos tanto de Lirman que al final no nos enteramos del quid de la cuestión: Señores, que Lirman carece totalmente de importancia, que aquí lo importante no es Lirman, lo único importante somos nosotros, cada uno para sí mismo. Lirman era sólo un pretexto para hacernos preguntas: ¿Qué es lo que yo quiero de verdad en la vida? ¿Qué es lo que necesito hacer para ser feliz? Si sé lo que necesito hacer para ser feliz, ¿por qué no lo hago? ¿Qué paradigmas dentro de mí me impiden hacerlo? No son preguntas retóricas, sino preguntas de autoanálisis que deben servirnos para reconocer nuestros talentos y tomar la determinación de construir nuestras vidas en torno a ellos. No valen excusas. Somos dueños de hacerlo.

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