sábado, 7 de noviembre de 2009

Presencia Auténtica, una competencia de hoy

por Marcelo Vázquez Avila

Puestos a buscar una cualidad o competencia distintiva para el perfil del directivo ideal, me parece oportuno la de “presencia auténtica”.


Estamos convencidos de que, en nuestro ejercicio profesional, uno puede alcanzar mayor grado de desarrollo y de satisfacción. Si nos preguntáramos dónde disfrutamos más, en el trabajo o en el ocio, quizá, arrastrados por arraigadas creencias, daríamos por supuesto que en el ocio; pero, mejor pensado, admitiríamos que depende. De hecho, y aunque en muchos casos nos parezca lamentable, hay no pocos adictos al trabajo, como los hay a las drogas o al alcohol. Pero cabe hablar de trabajos... y trabajos. Hay algunos en que, aunque no lo descartemos, cuesta imaginar el disfrute; por ejemplo debido al intenso estrés de, escoltas, controladores aéreos, etc. Pero hay otros muchos —y no pensamos solo en los artistas— en que queda espacio para disfrutar, si uno se lo propone y nada se lo impide. Podemos pensar en muchas ocupaciones: médicos, docentes, guías turísticos, cocineros de restaurantes, periodistas, investigadores, profesionales de la publicidad, sólo por citar algunos. Estos y otros muchos son trabajos que, en mayor o menor medida, facilitan la autorrealización; es decir, permiten que la atención se detenga en el propio desarrollo, más allá de los resultados, y pueden, por lo tanto, resultar intrínsecamente gratificantes. Ya se entenderá que no se trata de desinteresarse por los resultados: se trata más bien de asegurarlos por la vía del trabajo hecho a gusto y a conciencia.

Hay que contar con que nuestra personalidad se dote de la necesaria actitud, de modo que seamos capaces de desarrollar la actividad con presencia auténtica, aislándonos, en su caso, de posibles problemas, tensiones o marejadas del entorno. Si nos preguntamos por qué no somos más felices en el trabajo, pensamos inmediatamente, por un lado, en la propia tarea, pero también, por otro, en las circunstancias que la rodean. En principio, de un viaje en globo nos importa más el trayecto que el destino; pero un viaje en avión lo hacemos para llegar, lo antes posible, a un destino, y no resulta sencillo disfrutar del trayecto. El hecho es que podemos disfrutar más en el trabajo que en el ocio; hay estudios al respecto, aunque también haya quien con fundamento lo cuestione.

La persona y el ejercicio profesional

En su libro La auténtica felicidad, Martin Seligman se pregunta cómo enmarca una persona el trabajo en el conjunto de su vida, y nos recuerda que los expertos distinguen entre un trabajo, una carrera y una vocación. En esta división, el trabajo es visto como un medio para cobrar un sueldo a fin de mes; la carrera añade elementos de prestigio y poder, y finalmente la vocación “constituye un compromiso apasionado con el trabajo por él mismo”. La vocación, en suma, facilita el disfrute profesional, pero no podemos vivir con mayor intensidad el aquí y ahora de cada tarea, y, por decirlo así, saborearla? ; ¿incluso en el caso del directivo de empresa, al que solemos asociar más con la carrera que con la vocación?

Cada individuo constituye un caso singular, y no deberíamos generalizar demasiado. Los directivos suelen compartir funciones diversas de gestión de problemas técnicos con otras más complejas, las que R. Heifetz llama decisiones directivas, donde intervienen personas.

Tal como podemos dar un sorbo de vino en la mesa mecánicamente, sin pensar en ello, podemos igualmente concentrar la atención y extraer agradables sensaciones, ¿cómo se disfruta más el vino? Sin duda, saboreándolo. Puede sonar discutible la analogía, pero también el directivo o empresario puede vivir con más intensidad cada instante de su desempeño cotidiano, en vez de sucumbir a la ansiedad tras los logros perseguidos; puede, aprender de los fracasos, y evitar otros; puede, en suma, mostrar disposición o actitud para el disfrute profesional y conseguirlo más a menudo.

La presencia auténtica tanto como aptitud es actitud por la cual se está en mejor disposición para participar de un diálogo, a escuchar al interlocutor, a crear un clima de confianza. Estar presente y dispuesto para el asunto que se está tratando, actuar con claridad, tratar de llegar al fondo del asunto cuando hay dificultades. Ella no sugiere perder la perspectiva de logro ni la verdadera urgencia que tienen algunas decisiones pero esa presencia invita a vivir cada momento con la necesaria atención debidamente administrada, con la libertad y el disfrute del momento, sintiendo que contribuimos al bien común, que nos cunde, cultivando relaciones, asegurando compromisos, detectando oportunidades, escuchando la voz de la intuición que nos guía, saboreando cada pequeño paso hacia las metas y aun regalándonos momentos de buen humor.

Al vivir con presencia auténtica estamos en cada momento sin que una excesiva obsesión por las metas a alcanzar nos reste reflexión y satisfacción profesional. Lo dice Mihaly Csikszentmihalyi, hablando de la calidad de vida: “El problema aparece cuando las personas se obsesionan tanto en lo que quieren conseguir, que ya no obtienen placer con el presente. Cuando esto sucede, pierden su oportunidad de ser felices”.

La presencia auténtica no es ajena al ejercicio del liderazgo si consideramos la dimensión intrapersonal del mismo (liderarse a sí mismo). Este rasgo tanto intelectual como emocional sería un componente importante al que valdría la pena dedicar mayor atención porque nos permitirá:

• Vivir con autenticidad el aquí y ahora, sin perder perspectiva.

• Creer en lo que hace y en las metas que elige.

• Concentrarse e involucrarse en cada tarea.

• Ser socialmente responsable.

• Aprender y desarrollarse continuamente.

• Saborear los logros sin incurrir en complacencia.

• Gestiona debidamente su atención y su intención.

• Cultivar las emociones positivas.

• Mostrar buen humor y confianza en sí mismo.

• Aprovechar la intuición y conciliarla con la razón.

• Ser un pensador reflexivo, crítico y creativo.

• Cultivar el orden y la paz en su conciencia.

1 comentario:

Ana dijo...

Ojalá fuesemos capaces de vivirlo así. Gracias por esta "hoja de ruta" que intentaré ir viviendo en todos los ambitos, no solo en el profesional

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