viernes, 18 de diciembre de 2009

Otra Navidad

por Marcelo Vázquez Avila




              Días de encuentros, de cenas y comidas entre compañeros, de algún décimo de lotería guardado con ilusión. Días para compartir con los niños, para enseñarles las luces de la ciudad, hacer la carta a los Reyes Magos. Días de compras y más compras. Cada año nos hacemos el propósito de ser mesurados, lógicos, pero llegado el momento nos cuesta contenernos, ¿cómo no vamos a comprar esto a los niños?

Distintas Navidades. Ponemos el mismo árbol, el mismo Belén, en la misma fecha cada año. Escribimos las felicitaciones de Navidad, ahora de forma más eficaz a través de correos electrónicos y enviado uno solo a todas nuestras amistades. Pero nos emociona ir al buzón y encontrar la letra de un amigo que se ha acordado de ti al escribirte.

Preparamos la cena de Nochebuena ¿dónde nos toca cenar este año? Momentos que generan tensión. Tiempo de conversaciones, sonrisas, calidez, conflictos y tal vez alguna indigestión. Nos quejamos, pero nos gustan la tradición y estar con la familia. Hacemos lo que el resto del año no tenemos tiempo de hacer, vivir y convivir. Mostramos nuestro lado más humano, damos lo mejor de nosotros mismos. 

Con los pequeños se vive con gran ilusión, los ojos abiertos, la sorpresa, la magia de los Reyes Magos. Los menos niños preparan muy bien los regalos, se desean lo mejor.

Es necesario creer, la gente quiere ver luces en las calles porque así hay un poco de tintineo en el corazón. Fiesta de raíz religiosa, de trascendencia, de realidad, que nos une, que nos mueve. Villancicos que nos devuelven la infancia.

Hay gente a las que no les gustan estas fechas, también ellas son tristes desde la soledad, desde la ausencia de un ser querido, de no tener a alguien a quien regalar.

Se acaba el año. Deseos y propósitos para el que comienza, el mío sería que nadie se sienta profundamente solo , que haya con quien brindar, que quede una esperanza que se pueda compartir. 


Que la Navidad siga siendo ese día en el que a todos se nos permite, se nos invita, 
a ser niños. Como nos pide el Niño Dios.


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