viernes, 22 de enero de 2010

El ciclo de la vida

Por Marcelo Vázquez Ávila



Un tema que nos afecta a todos

El hombre ha sabido siempre que es temporal; temporal en varios sentidos: en que está en el tiempo, está dentro del tiempo, en que tiene un tiempo limitado, a lo largo de su vida...

Hay dos formas de tiempo que hay que distinguir: hay el tiempo histórico y el tiempo personal, el tiempo biográfico, diríamos. Es evidente que el tiempo es continuo, la continuidad del tiempo es un rasgo esencial, pero la continuidad no excluye la articulación. Hay cosas que son continuas pero tienen una articulación: tomen ustedes el ejemplo más sencillo que es el andar: cuando una persona anda va dando pasos; los pasos no significan una interrupción de la marcha, pero sí su articulación.

El tiempo histórico por supuesto es continuo, pero está articulado en dos sentidos: tiene una articulación menor, que son las generaciones, y una articulación mayor, una especie de macro estructura, que son las épocas. Es decir, la historia transcurre en diferentes épocas, cada una de las cuales representa una forma de vida en un nivel histórico y hay además – dentro de cada época – una articulación en diversas generaciones.

Algo parecido ocurre en la vida: la vida también es continua desde el nacimiento hasta la muerte, pero está articulada, articulada en edades. Y eso ha sido evidente siempre, desde las culturas más antiguas se ha reconocido la pluralidad de edades y se ha tratado, en cierto modo, de definirlas.

Lo que pasa es que ha predominado el punto de vista biológico; se ha visto el problema de la edad como un problema de desarrollo biológico en diferentes fases, que se han llamado de diferentes maneras, desde el nacimiento hasta la vejez y finalmente la muerte. Y esa ha sido la manera habitual de interpretar las edades a lo largo de la historia.

Hace ya muchos años se ha empezado a distinguir –especialmente lo han hecho los psicólogos, los biólogos, los educadores– fases en el niño. Ha habido, por ejemplo, tratados de pediatría o de disciplinas próximas sobre el niño hasta los dos años, el niño de dos a cinco años, el niño de cinco a ocho años etc. Se distinguía, diríamos, la variedad dentro de los años llamados “infancia”. Eso ya ha sido un paso dentro de la concepción biológica o psicofísica del niño.

Después se pasaba a la juventud. La juventud estaba definida por el poder, la energía, a veces exuberante... Por ejemplo, una expresión que está en la literatura de largos siglos: se decía “la loca juventud”. Evidentemente, luego esta especie de pasiones e impulsos juveniles se iban serenando y después había la madurez.

La madurez que tenía un rasgo interesante que es su longitud. La madurez es una etapa larga, una edad larga, en la cual se suponía que había estabilidad, frecuentemente una impresión de triunfo, de plenitud... El hombre maduro era, diríamos, el hombre ya logrado, conseguido.

Y luego venía la vejez. La vejez venía pronto. Hoy tenemos la fortuna de vivir mucho más que en cualquier época. Los hombres a los sesenta años hasta hace muy poco tiempo eran viejos o eran muertos, con gran frecuencia. Yo siempre he tenido la impresión de que si ustedes toman un fin del siglo, un año con dos ceros y averigüen cuántas personas habían nacido antes del cuarenta del siglo que terminaba, verán que pocos eran. Eran supervivientes, eran restantes, de generaciones diezmadas por la muerte y los supervivientes estaban, en general, en mal estado.

Los antiguos, los griegos y romanos, habían tenido una visión relativamente favorable de la vejez –vejez que era temprana, si se miran las biografías de los grandes griegos y romanos verán que, en general, duraban poco. Pero escribieron tratados "De Senectute". En ellos se suponía que el anciano, el viejo tenía experiencia – un atributo que no se le negaba: el viejo tenía experiencia. En general, estaba libre de pasiones, tenía serenidad y, por tanto, una cierta autoridad. Por ejemplo, las instituciones llamadas “senados” eran los consejos de viejos, de los senes, los viejos. Ahora los senadores son muy jóvenes, pueden tener cerca de treinta años... ¡han cambiado mucho las cosas! Pero, normalmente los senadores eran los senes, los viejos.

Esta era la visión "normal" del esquema de las edades de la vida durante casi toda la historia. Pero creo que esta visión biológica o psicofísica es insuficiente e inadecuada. Deberíamos volver a plantear los problemas desde el nivel de la vida humana, de la vida personal. Y entonces las cosas cambian bastante y vemos que ella tiene una estructura dramática. La vida es lo que hacemos y lo que nos pasa. Se trata por tanto de un concepto que no es biológico, que no tiene que ver ni con la fortaleza, ni con el deterioro: es el argumento.

La vida humana tiene argumento, tiene una estructura proyectiva. Creo que este es el punto de vista desde el cual se puede plantear ahora la cuestión de la edad. Es la hora de reflexionar sobre ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿hacia dónde la dirijo?

El hombre que se vive a sí mismo como quien es, como persona, con un proyecto... con tantas cosas que ha querido hacer y no ha podido y piensa que podrá realizar o por lo menos podrá desear, podrá seguir deseando...

2 comentarios:

Juan dijo...

Querido Marcelo, esperé con ansias el inicio del 2010 en tu blog! Tu último post, me ha llegado tanto, que quise tomarme un tiempo para reflexionar sobre el mismo y poder escribirte unas líneas al respecto...

Pensar en nuestra vida como un argumento, puede ayudar a aclarar y a hacerme nuevas preguntas... pero no puedo pensar en esta idea sin reflexionar sobre lo que considero la cuestión básica y más importante de la existencia humana, el sentido mismo de la vida. Son cuestiones íntimamente ligadas, no puedo escribir o pensar el argumento de mi vida, sin pensar primero para qué tengo vida? En esta búsqueda, “El hombre en busca de sentido” de Victor E. Frankl, ha sido una permanente fuente de consulta.

Los proyectos que tuve y que tengo, cumplidos o no, podrían mostrarme hacia dónde , conciente o inconscientemente, estoy tratando de ir. En definitiva, si la vida es lo que nos pasa y lo que hacemos nosotros con ello, la vida es un largo camino de experiencias. Será posible que lleguemos algún día a respondernos las cuestiones básicas, si aprendemos a capitalizar esas experiencias.

Por mi parte, sigo en la búsqueda...

Un gran abrazo, Juan

Bazko dijo...

Marcelo,
Dos reflexiones:
1) hablas de experiencia (en la vejez), por qué no de sabiduría?
2) las etapas también tienen sus momentos de crisis (como la de la edad media de la vida), las cuales bien llevadas redundan en crecimiento.
Abrazo

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