miércoles, 24 de noviembre de 2010

"Primero escuchar, para después intuir"

Para saber hablar es preciso saber escuchar” Plutarco (125-50 AC)


Cuando un actor sube a un escenario está concentrado en su papel, en el texto a recitar y en cómo se debe mover. Pero no olvida que su papel forma parte de una obra y debe seguir el ritmo de la misma. El actor no puede limitarse a esperar a hablar, debe estar muy pendiente de lo que sucede en escena, porque a veces deberá introducir modificaciones en el texto ensayado. En el escenario puede pasar de todo, como en la vida real.

Cuando un directivo debe comunicar un mensaje y sube al escenario –un despacho, la sala de una reunión o una tienda- suele llevar en mente las dos o tres cosas que quiere decir a su interlocutor o al público en general, más uno o dos rasgos de cómo van a ser sus conductas, qué papel va a asumir en escena. Pero eso no basta. Es necesario escuchar a los otros actores, colegas, socios, colaboradores presentes e incorporar en el propio discurso lo que el otro le dice con la palabra o a través del lenguaje no verbal.

Es muy importante escuchar a los demás y adaptarse en consecuencia. Cuánto nos cuesta esta flexibilidad. Para quienes están sentados y hacen las veces de público resulta evidente la necesidad de adaptación del discurso de quien está hablando. Pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo.

Si la persona está dispuesta a escuchar al resto de los actores, mantendrá en escena una actitud abierta, eso hará que note cualquier cambio y pueda adaptarse al mismo. Como hacen los pianistas cuando dan un concierto. No hay dos pianos que suenen igual, sin embargo la dificultad que tiene el pianista frente al violoncelo, flautista o violinista es que todos estos músicos llevan sus instrumentos consigo y el pianista no. Esto es parte de su singular genialidad, la habilidad para amoldar su arte a las circunstancias de cada escena.

Quien escucha activamente puede cambiar la escena. El lenguaje es generativo, tanto las palabras como el modo de escucharlas e interpretarlas, generan nuevas verdades. La escucha activa puede hacer que transformemos la realidad. Los grandes actores, como buenos interlocutores son también grandes creadores.

Si cuando subimos al escenario –de la vida- queremos preservar nuestro discurso en un comportamiento unidireccional, estanco, lo matamos sin remedio. Aunque nos sepamos de memoria aquello que queremos decir y lo hayamos ensayado, hay que estar abierto a la reacción del otro. Observar el auditorio, compuesto por uno o muchos, no importa, será muchas veces el feedback que necesitamos para corregir el rumbo de nuestra actuación y seguir compenetrados con el escenario en el que nos movemos, la realidad.

Intuir al otro

Que buena sensación es sentir que tu opinión se tiene en cuenta. Pensemos en cualquier empresa de servicios con la que nos relacionemos, una agencia de viajes, la panadería de nuestro barrio o ese restaurante que nos gusta y donde llevamos a nuestros amigos cada vez que pasan por nuestra ciudad de visita. ¿A quién no le gusta ese maître que conoce nuestros gustos e incluso se adelanta a ellos porque ha observado cómo has elegido otras veces y te sugiere el postre más adecuado? No hay nada peor que un camarero me pregunte: ¿todo bien? Mientras va recogiendo y se está alejando de la mesa, porque en realidad no desea una respuesta, no está interesado en qué te ha parecido la comida. Si de verdad le importas a alguien o a una empresa lo notas. El actor/emisor tiene muchos modos de descubrir si la comida ha sido de tu agrado, si el discurso está siendo el adecuado, si el tono de voz es suficientemente alto, si el chiste se ha entendido, si esta transparencia interesa… simplemente observando.

Cuanto más observa uno, más intuitivo se vuelve. Es algo que si bien es un talento en unos pocos, por todos puede ser mejorado. Parte del papel del actor consiste en observar primero e intuir lo que hará el otro. La intuición se desarrolla con la práctica. Es preciso estar atento, no dejar que tu discurso te envuelva hasta tal punto que sólo pienses en lo que tú debes decir y te olvides de la reacción de los demás a tus palabras.

A veces incluso te podrá ahorrar parte de lo que ibas a decir, pude que percibas que lo que estás contando ya es conocido por tu interlocutor o no es de su interés y seas capaz entonces de adaptarlo.

Ninguna representación es idéntica a la anterior. En el mundo empresarial quienes pueden dar fe de esto son todos aquellos que se dedican a vender, ya sea en una multinacional o en una empresa familiar. Un vendedor, ante un determinado cliente sabe que cada presentación o negociación es, de algún modo, única, y que dependerá de las reacciones de su público ante lo que él presente. Aunque su portfolio de productos sea idéntico y el núcleo de su argumento de ventas también, sus interlocutores influyen en el curso de su comunicación y por lo tanto, de la negociación.

Es vital conocer a nuestro público, a través de la intuición soportada por la escucha y la observación. Esto nos permitirá salir a escena con confianza, porque en principio el público está siempre a favor de los actores, sólo si somos auténticos mostrándonos abiertos y receptivos, seremos creíbles.







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