lunes, 17 de enero de 2011

"La riqueza del diálogo interior"

El diálogo interior


Todo hombre es un ser social, abierto a los demás. Para cualquier persona, los otros son una parte importante de su vida. Su realización plena como persona está indefectiblemente ligada a otros, pues todos sabemos que la felicidad depende en mucho de la calidad de nuestra relación con quienes componen nuestro ámbito familiar, laboral, social, etc.

Sin embargo, no puede olvidarse que el hombre no sólo se relaciona con los demás, sino también consigo mismo: mantiene una frecuente conversación en su propia interioridad, un diálogo que se produce de forma espontánea con ocasión de las diversas vivencias o reflexiones personales que todo hombre se hace de continuo.

Y ese diálogo interior puede ser estéril o fecundo, destructivo o constructivo, obsesivo o sereno. Dependerá de cómo se plantee, de la clase de persona que se sea. Si uno tiene un mundo interior sano y bien cultivado, ese diálogo será alumbrador, porque proporcionará luz para interpretar la realidad y será ocasión de consideraciones muy valiosas. Si una persona, por el contrario, posee un mundo interior oscuro y empobrecido, el diálogo que establecerá consigo mismo se convertirá, con frecuencia, en una obsesiva repetición de problemas, referidos a pequeñas incidencias perturbadoras de la vida cotidiana: en esos casos, el mundo interior deja de ser un laboratorio donde se integran los datos que llegan a él, y se convierte en un disco rayado que repite obsesivamente lo que con más intensidad ha arañado últimamente nuestra afectividad.

El signo de la madurez

La relación con uno mismo mejora al ritmo del grado de madurez alcanzado por cada persona. Las valoraciones que hace una persona madura —tanto sobre su propia realidad como sobre la ajena— suelen ser valoraciones realistas, porque ha aprendido a no caer fácilmente en esas idealizaciones ingenuas que luego, al no cumplirse, producen desencanto.

El hombre maduro sabe no dramatizar ante los obstáculos que encuentra al llevar a cabo cualquiera de los proyectos que se propone. Su diálogo interior suele ser sereno y objetivo, de modo que ni él mismo ni los demás suelen depararles sorpresas capaces de desconcertarle. Mantiene una relación consigo mismo que es a un tiempo cordial y exigente. Raramente se crea conflictos interiores, porque sabe zanjar sus preocupaciones buscando la solución adecuada. Tiene confianza en sí mismo, y si alguna vez se equivoca no se hunde ni pierde su equilibrio interior.

En las personas inmaduras, en cambio, ese diálogo interior de que hablamos suele convertirse en una fuente de problemas: al no valorar las cosas en su justa medida —a él mismo, a los demás, a toda la realidad que le rodea—, con frecuencia sus pensamientos le crean falsas expectativas que, al no cumplirse, provocan conflictos interiores y dificultades de relación con los demás.

Una persona madura y equilibrada tiende a mirar siempre con afecto la propia vida y la de los otros. Contempla toda la realidad que le rodea con deseo de enriquecimiento interior, porque quien ve con cariño descubre siempre algo bueno en el objeto de su visión. El hombre que dilata y enriquece su interior de esa manera, dilata y enriquece su amor y su conocimiento, se hace más optimista, más alegre, más humano, más cercano a la realidad, tanto a la de los demás hombres como a la de las cosas.

Aprender a conocerse

¿Puedes mirarte a ti mismo como si fueras otra persona? ¿Puedes definir, por ejemplo, el estado de ánimo en que te encuentras, tu carácter, tus debilidades o puntos de mejora, tus principales cualidades?

Usar con acierto de este privilegio humano nos permite examinar las claves de nuestra vida: conocerse a uno mismo permite al hombre a convertirse en el artífice de su propia vida. Le hace posible vivir en clave de autenticidad. Pone a su alcance esa posibilidad, tan decisiva, de ser fiel a lo mejor de uno mismo, de vivir la propia vida como protagonista y no como un mero espectador.

11 comentarios:

JORGE A. VAZQUEZ AVILA dijo...

Como es habitual uno encuentra en tu blog un aporte enriquecedor de pensamientos positivos que ayudan a valorar y sobrellevar las propias incidencias cotidianas sacándoles el verdadero provecho que tienen y que, como hoy, ayudan a madurar y mejorar el propio ser. Debieras escribir más seguido... JAVA

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido Jorge: Lo hago !! de todas maneras nunca acabamos de conocernos del todo: el hombre tiene algo de misterio, siempre hay algo de él que se le escapa, que va más lejos de nuestra propia inteligencia. El hombre cuando dirige su mirada hacia sí mismo, muchas veces tiene que dejarse llevar por suposiciones. Intuye la dirección por donde debe dirigirse a la meta, pero con frecuencia desconocemos la realidad misma de la meta. Podríamos decir que tiene de sí mismo un conocimiento progresivo. Porque tampoco sería cierto hablar de desconocimiento. ya que quien se esfuerza por conocerse, finalmente lo logra. Gracias por escribir aquí!

RQ dijo...

...me gustó mucho la metáfora del "disco rayado" que conecto con los propios "rollos" (películas enteras que se repiten una y otra vez. Coincido con JAVA en sus comentarios y aprovecho a saludarlo luego de tantos años.

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido Rodolfo: gracias por tu post. Precisamente de vos aprendí algo muy relacionado al "disco rayado" al que hacés referencia. Cuando trabajabamos juntos el tema de la queja por primera vez. Alla en Ushuaia. Es la queja de un corazón que siente que nunca recibe lo que le corresponde. Una queja expresada de mil maneras, pero que siempre termina creando un fondo de amargura y de decepción.
Hay un enorme y oscuro poder en esa vehemente queja interior. Cada vez que una persona se deja seducir por esas ideas, se enreda un poco más en una espiral de rechazo interminable. La condena que orienta hacia los otros, y luego también a uno mismo, crece más y más. Se adentra en el laberinto de su propio descontento, hasta que al final puede sentirse la persona más incomprendida, rechazada y despreciada del mundo. Tu y yo lo hemos visto...

josé dijo...

Estimado Marcelo, que bueno y que alegria , aunque sea leerlo con cuentagotas, como siempre lo que mas me gusta de sus comentarios son esa honestidad y valentia para decir las cosas como son, y me sigue llamando la atencion esa perspicacia para ver debajo del agua o del alma de las personas como deberiamos ser para estar siempre alegres y felices, coincido con JAVA, y con mister RQ
Abrazo grande y hasta pronto
jn

josé dijo...

Estimado Marcelo, que bueno y que alegria , aunque sea leerlo con cuentagotas, como siempre lo que mas me gusta de sus comentarios son esa honestidad y valentia para decir las cosas como son, y me sigue llamando la atencion esa perspicacia para ver debajo del agua o del alma de las personas como deberiamos ser para estar siempre alegres y felices, coincido con JAVA, y con mister RQ
Abrazo grande y hasta pronto
jn

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido José: Creo que estarás de acuerdo conmigo en lo siguiente:Quizá lo mejor sea esforzarse en dar más entrada en uno mismo a la confianza y a la gratitud. Pienso que gratitud y resentimiento no pueden coexistir. La disciplina de la gratitud es un esfuerzo explícito por recibir con alegría y serenidad lo que nos sucede. La gratitud implica una elección constante. Puedo elegir ser agradecido aunque mis emociones y sentimientos primarios estén impregnados de dolor.

Hernan dijo...

Querido Marcelo: muy interesante tu reflexión! Pensaba que para salir de ese diálogo interior que a veces se vuelve desesperante, hay un recurso muy humano y muy rico: compartir esos pensamientos con los verdaderos y buenos amigos. Salir solos del monólogo para convertirlo en un "dia-logo" (logo o pensamiento de a dos) con ese otro yo que son mis amigos.
Un abrazo,
Hernan

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Desde luego querido Hernán que ese es un paso esencial y posterior. Pero, hablaba yo de que la persona inmadura "En este tipo de personas, ese diálogo interior de que hablamos suele convertirse en una fuente de problemas" y que con frecuencia sus pensamientos le crean falsas expectativas que, al no cumplirse, provocan conflictos interiores y dificultades de relación también con los demás. "Si no puede dialogar consigo mismo, tampoco -debido al problema de expectativas- tampoco podrá sincerarse con un amigo. En cambio una persona madura y equilibrada tiende a mirar siempre con afecto la propia vida y la de los otros". Gracias por dar opinión !

César Isola dijo...

Querido Marcelo, siempre profundo y enriquecedor. Has estado en esa situación de hombre "disco rayado"?

Cómo recuperaste esa riqueza interior que me consta que tienes?

Cuándo descubre el verdadero provecho de las cosas cotidianas y amar lo no elegido?

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido César: qué bueno saber de vos ! Desgraciadamente es así, he tenido que pasar por esos momentos antes de aprender a trabajar con mi YO. Para responderte lo haré con la propuesta de Hernán que nos escribe en un Post unos renglones más arriba. "Para salir de ese mal diálogo interior que a veces se vuelve desesperante, hay un recurso muy humano y muy rico: compartir esos pensamientos con los verdaderos y buenos amigos. Salir solos del monólogo para convertirlo en un "dia-logo" (logo o pensamiento de a dos) con ese otro yo que son mis amigos". Te dejo un gran abrazo...

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