jueves, 31 de marzo de 2011

Conócete a ti mismo

por Marcelo Vázquez Avila


Axioma escrito en el dintel de la puerta de entrada al templo de Apolo en Delfos, Grecia.

¿Quién no ha sentido extrañeza ante su propia voz cuando ésta ha sido grabada o ¿quién no se ha sorprendido en una fotografía en la que aparecemos de espaldas?

Muchos hombres brillantes a lo largo de la historia, como Tales de Mileto, perteneciente al grupo llamado “de los 7 sabios” han vivido de acuerdo con aquella máxima para llegar a una vida lograda.

La persona sabia, por tanto, ha de examinar su conciencia para poder discernir si sus elecciones están por regidas por la recta razón. Por lo tanto, deberíamos preguntarnos ¿Quién soy yo y quien quiero ser? ¿Qué es lo que me mueve a actuar de esta y no de otra manera? ¿En qué cosas me vuelco realmente?¿Qué cosas me hacen vibrar? ¿Cuáles son mis reales motivaciones cuando tomo decisiones?¿ Me dejo perturbar fácilmente por emociones pasajeras o superficiales?

Esta tarea de reconocerse y auto conocerse a si mismo constituye un reto constante. Cuántas veces hemos tenido la experiencia de que nunca acabamos de conocernos! Especialmente si tenemos en cuenta que cada hombre es irrepetible e inabarcable, por lo tanto, que siempre habrá algo en nosotros que va más lejos de nuestra observación, algo que se nos escapa.

Tendemos a vernos bajo apariencias que deforman la realidad de las cosas. Con mucho acierto se ha dicho que sería un gran negocio vendernos por lo que creemos que somos y comprarnos por lo que realmente valemos. Cuantas veces nos engañamos a nosotros mismos cn justificaciones y autoengaños.

La tarea de conocernos mejor implica la necesidad de hacer un parón reflexivo en nuestra vida y nos ayudará a considerar quién soy yo, mis fortalezas y debilidades.

Nuestra compañera, la debilidad.

Falta “señorío” sobre uno mismo porque la voluntad está debilitada y sentimos la falta de libertad interior. Para ejercer esa libertad necesito saber quién soy y cómo soy. El camino parece tener tres pasos: reconocerme, tratarme (diálogo interior) y aceptarme como soy. Sólo así podré ser protagonista y sabré conducir mi vida. Sabré llevar las riendas en las diferentes situaciones que se me presentan en el día a día.

Hace poco mi amigo Pedro me decía que no se trata de ser imperturbables y apáticos, la persona con equilibrio emocional –armonía y moderación- no es indolente. Puede estar conmovida, indignada, llena de ira, pero sabe afrontar sus propias debilidades y las de los demás con serenidad, con auto dominio. Sabe percatarse de la parte emocional de los conflictos y manejarla mejor, haciendo frente con valentía y claridad al enfado, la agresividad, al dolor inesperado, la culpa propia, la traición del amigo, los sentimientos de envidia; ese tipo de situaciones con que todo ser humano se las tiene que ver antes o después, y que exigen una respuesta que no es posible eludir.

Reconocerte, tratarte y aceptarte como eres te puede enseñar incluso a sacar partido de frustraciones y desengaños; porque recuerda que mirando al corazón del hombre no podrás evitar hallar dragones.

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