viernes, 5 de abril de 2013

Una Fábula, la magia del cuento


por Marcelo Vázquez Avila

La obra de Esopo fue recopilada entre otros  por Jean de La Fontaine y luego por Félix María Samaniego. En sus fábulas hay una enseñanza moral, no una doctrina. Ellas recogen experiencias de la vida cotidiana que forman un conjunto de ideas de carácter pragmático.

Hoy me tomo la libertad de la libre ampliación de una de ellas:

Fábula de la Liebre y la Tortuga


Había una vez una tortuga y una liebre que estaban discutiendo sobre cuál de las dos era la más rápida. Decidieron resolver la discusión con una carrera. Se pusieron de acuerdo en una ruta y comenzaron la carrera. La liebre salió disparada por delante y corrió con todas sus fuerzas durante un tiempo. Entonces, viendo que estaba mucho más delante que la tortuga, pensó sentarse bajo un árbol durante un tiempo y relajarse antes de continuar la carrera. Se sentó bajo un árbol y en seguida se quedó dormida. La tortuga pasó arrastrándose y la adelantó, y en seguida terminó la carrera, quedando como ganadora absoluta. La liebre se despertó y se dio cuenta de que había perdido la carrera.

Moraleja:

“El lento pero tenaz gana la carrera”.

Esta es la versión de la historia con la que todos hemos crecido.  Esta moraleja está en el origen de refranes presentes en casi todos los idiomas como y ha sido abreviada en refranes en casi todas la lenguas, como el italiano Chi va piano va sano e va lontano o el inglés You snooze, you lose.

PERO LA HISTORIA NO TERMINA AQUÍ, hay algunas cosas más… y sigue así:

La liebre estaba decepcionada por perder la carrera, así que se puso a hacer una introspección. Se dio cuenta de que había perdido la carrera solamente porque se había confiado demasiado, había sido descuidada y laxa. Si no hubiera dado las cosas por hechas, no habría sido posible que la tortuga la venciera. Así que retó a la tortuga a otra carrera. La tortuga accedió. Esta vez la liebre salió y corrió sin detenerse desde el principio hasta el fin de la carrera. Ganó por varios kilómetros.

Segunda moraleja:

“El rápido y firme siempre vencerá al lento y tenaz. Nos es malo ser lento si eres constante, pero es mejor ser rápido y fiable.”

LA HISTORIA TAMPOCO TERMINA AQUÍ.

…La tortuga se puso a pensar esta vez, y se dio cuenta de que no había forma de vencer a la liebre en una carrera del modo en que esta estaba trazada. Pensó durante un rato y después retó a la liebre a otra carrera, pero por una ruta ligeramente diferente. La liebre accedió. Salieron. Guardando el compromiso que había hecho consigo misma la liebre de ir rápido todo el tiempo, salió y corrió a toda velocidad hasta que llegó a un ancho río. La línea de meta estaba a un par de kilómetros del otro lado del río. La liebre se sentó allí pensando qué hacer. Mientras tanto, la tortuga pasó a su ritmo, se metió en el río, nadó hasta la orilla opuesta, continuó caminando y terminó la carrera.

Tercera moraleja:

“Primero identifica tu fortaleza principal y después cambia el terreno de juego para que vaya bien con tu capacidad”.

LA HISTORIA AÚN NO HA TERMINADO.

La liebre y la tortuga, para entonces, se habían hecho muy buenas amigas, y se pusieron a pensar juntas. Ambas se dieron cuenta de que la última carrera se podía haber corrido mucho mejor. Así que decidieron repetir la última carrera, pero correr en equipo esta vez. Salieron y esta vez la liebre llevó a cuestas a la tortuga hasta la orilla del río. Allí, la tortuga la sustituyó y nadó hasta el otro lado con la liebre a su espalda. En la orilla opuesta, la liebre cargó de nuevo a la tortuga y alcanzaron juntas la línea de meta. Ambas tuvieron un sentimiento de satisfacción mayor que el que habían sentido antes.

La moraleja final:

“Es bueno ser brillante individualmente y tener facultades importantes; pero a menos que seas capaz de trabajar en un equipo y coordinar con las facultades de los demás, siempre lo harás peor de lo normal porque siempre habrá situaciones en las que tú lo harás regular y otra persona lo hará bien.”

Es de notar que ni la liebre ni la tortuga se rindieron después de los fracasos. Le liebre decidió trabajar más duro y poner más esfuerzo tras su fracaso. La tortuga cambió su estrategia porque ya estaba trabajando lo máximo que podía.

En la vida, cuando nos enfrentamos con un fracaso, algunas veces es apropiado trabajar más duro y poner más esfuerzo. Pero otras veces lo mejor es cambiar de estrategia e intentar algo diferente. Y hay situaciones en las que lo más apropiado es hacer ambas cosas.

La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital.

Cuando dejamos de competir contra un rival y en su lugar empezamos a competir contra la situación, somos mucho más eficaces.


3 comentarios:

Rita Vazquez dijo...

Brillante análisis que permite sacar, de un texto casi trillado por lo conocido, conclusiones prácticas y contundentes.

Jose Ordoñez dijo...

BRILLANTE!!!!!, espectacular el análisis y las conclusiones, sería bueno que trabajaras otras moralejas ya que es un recurso muy didáctico. te felicito. José Ordoñez(Argentina)

Jose Ordoñez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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