lunes, 25 de septiembre de 2017

Cómo funciona la creatividad según la neurociencia


Por Inma Juan en Intimind


La creatividad entendida como la producción de algo nuevo y útil es una de las habilidades más necesarias para la vida actual. No se trata únicamente de crear sino también de resolver problemas y para ello hay que encontrar nuevas maneras de hacer las cosas.

Actualmente la Neurociencia nos ayuda a comprender el proceso creativo: cuáles son sus fundamentos cognitivos y neurales. En multitud de investigaciones se ha visto que, cuando se descomponen los procesos cerebrales implicados en el logro creativo, la atención plena va claramente de la mano con la creatividad. La pregunta es si podemos aplicar de forma científica la atención plena al proceso creativo.

Podemos equiparar el cerebro con una orquesta: en cada momento intervienen distintos instrumentos y se sincronizan según el pasaje que se está tocando. La sincronía entre todos es fundamental para que suene. Pues de la misma manera, según la neurocientífica Crystal Goh la clave para optimizar el proceso creativo es el equilibrio de las redes cerebrales.

Los hombres, difieren de otros animales en el hecho de que pueden hacer esfuerzos directos y conscientes para producir resultados deseados, y que pueden diferenciar esos esfuerzos directos y conscientes de los impulsos meramente automáticos. La civilización, depende del descubrimiento humano según el cual éste puede decirse a sí mismo: “Lo voy a intentar y lo voy a conseguir”.

Wallas publicó “El arte del pensamiento”su teoría de la incubación creativa, según la cual el descanso y la pausa son esenciales para que nuestra mente obtenga sus mejores resultados. El pensamiento creativo tiene cuatro fases que son el marco para entrenar nuestra mente en la técnica de este proceso:
  1. información o preparación
  2. incubación
  3. iluminación
  4. verificación.
Todo empieza recopilando datos y, según Wallas, luego es fundamental permitir que pase un tiempo muerto durante el cual la mente reorganiza la información, la sintetiza y ordena, la asocia a anteriores datos o la completa, entre otras operaciones. Esta fase permite a la mente inconsciente trabajar sin restricciones en la información recibida. Wallas habla de la importancia de esa pausa de libertad mental pero también de lo relevante que es la capacidad humana de manejar su atención más allá de los impulsos.

Las cuatro etapas del cerebro creativo

1. Preparación

En esta fase en la que se recopilan ideas e información y se utiliza el llamado pensamiento divergente, relacionado con la capacidad de encontrar múltiples soluciones a determinado problema. Es el pensamiento que surge en sesiones de tormenta de ideas y requiere soltar juicios o ideas preconcebidas para permitir que surjan ocurrencias nuevas. Para un funcionamiento óptimo del pensamiento divergente es necesario tranquilizar la red de control cognitivo, que permite que la red neuronal (un conjunto de regiones del cerebro que colaboran entre sí y que podrían ser responsables de gran parte de la actividad desarrollada mientras la mente está en reposo), se mueva más libremente.

Este es el momento de usar la imaginación, recopilar datos y no tener ningún tipo de trabas acerca del desorden y el azar.

2. Incubación

Cuando ya has tenido tantas ideas como sea posible, es hora de desconectar. Dormir, navegar, cocinar, disfrutar de la vida mientras el cerebro se encarga de organizar la memoria  y prepara el escenario para una visión creativa.

3. Iluminación

Entonces llega el ¡Aha!, el eureka: una comprensión súbita que resuelve un problema, reinterpreta una situación, explica una broma o resuelve un precepto ambiguo. Se denomina “insight” o inspiración. Los psicólogos la han estudiado mediante métodos conductuales durante casi un siglo. Recientemente, las herramientas de la neurociencia cognitiva se han aplicado a este fenómeno. Una serie de estudios han utilizado la electroencefalografía y la resonancia magnética funcional para estudiar los correlatos neurales del “Momento ¡Aha!”, y sus antecedentes. Aunque la experiencia de la intuición es repentina y puede parecer desconectada del pensamiento inmediatamente anterior, estos estudios muestran que esa inspiración es la culminación de una serie de estados cerebrales y procesos que operan en diferentes escalas temporales.

Este es el verdadero momento de inspiración creativa, cuando las ideas subconscientes y no relacionadas entre sí se unen de repente y llegan a nuestra conciencia a través de una de las redes de nuestro cerebro, la red de prominencia. Esa red detecta y capta inmediatamente un pequeño brillo en nuestro océano de pensamientos y lo convierte en una inspiración.

4. Verificación

Finalmente viene la confrontación con la realidad de esa iluminación brillante pero cruda. Este último paso requiere un pensamiento convergente. Ahora utilizamos menos la imaginación y más el control cognitivo y las redes de atención para hacer una evaluación analítica.

Por tanto, lo que la neurociencia nos muestra hasta el momento es que la teoría de Wallas sigue vigente en algo esencial:

La creatividad requiere tanto de la libertad total como del
control de nuestro pensamiento


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