martes, 8 de febrero de 2011

"Estrés, la gestión de uno mismo"

por Marcelo Vázquez Avila     
                                                                                                                             
¿Qué es el Estrés? 

En general, se ha instalado entre nosotros una visión peyorativa de la idea de estrés que nos obliga a eliminarlo rápidamente de nuestra pantalla mental. Lo cierto es que la salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido, o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser. Esta tensión es inherente al ser humano y por consiguiente es indispensable al bienestar mental.

Existe actualmente la idea de que el estrés debe eliminarse a cualquier costo para vivir una vida relajada, sin embargo, lo curioso es que cuanto más lo intentamos, más estresados acabamos. La vida sin estrés no sería vida. Estamos tan presionados para evitarlo que nos perdemos el placer que conlleva afrontar desafíos estimulantes.

Necesitamos un cierto nivel de estrés en nuestra vida. Lo necesitamos para sobrevivir, y es esencial para la salud. Por lo tanto, el problema no es nuestra exposición al estrés -un despertador que me saca de la pereza y la somnolencia- sino mi escasa capacidad para responder con acierto a sus demandas y requerimientos. Si no aprendemos a vivir en la incertidumbre, a andar en arenas movedizas, a desvelar misterios eternos, el estrés será para nosotros un ladrón que nos robará salud, paz, alegría, tiempo y concentración.

El estrés, ese fiel compañero de camino

Tomando en cuenta, que en promedio nos quedan entre 20 y 30 años de vida laboral (10,000 días aproximadamente), y que en el trabajo es donde pasamos la mayor parte de nuestra vida, es imperativo el descubrir cómo hacer para pasarla bien aprendiendo a manejar las variables que dependen de nosotros, incluyendo, como no, a ese amigo inseparable, culpable de canas, gastritis, enfermedades y cambios de humor que es el estrés.

Víctor Frankl decía que lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. El hastío es hoy causa de más problemas que la tensión y, desde luego, lleva más casos a la consulta psiquiátrica.

Decíamos que el problema no es nuestra exposición al estrés sino nuestra incompetencia para gestionarlo. “No existe el mal tiempo, sino ropa inapropiada”. Si no me abrigo bien cuando hace frio, sino saco el paraguas cuando llueve, el problema no es el clima –al que no puedo cambiar- sino mi imprudencia e insensatez al salir de casa. La gente dice que la vida moderna es estresante, pero el estrés no es una característica de la vida ni del tiempo, sino de las personas. El estrés no llega desde el entorno, viene de las mentes de los estresados. Sufrimos desde el pensamiento. Hacemos ciertos supuestos sobre el mundo y nos quedamos apegados a esos supuestos. Notamos los primeros síntomas de estrés cuando llegamos a casa y seguimos conectados mentalmente al trabajo. Esas son las ocasiones en que necesito encontrar el equilibrio. Las salidas o el deporte pasan entonces no a ser una diversión, sino una obligación más en nuestra agenda. Empezamos a querer estructurar todo, a controlar todo para tenerlo equilibrado.

 
¿Y cuál es la fórmula para gestionar las tensiones? Ayudaría bastante comenzar haciendo algo de arqueología interior para conocer nuestros puntos fuertes y nuestras áreas de mejora, las competencias y valores que nos faltan desarrollar y una vez identificados éstos últimos trazarse un plan concreto de mejora, cosas que deberíamos comenzar a hacer y otras –quizás más importante aún- que deberíamos dejar de hacer. El trabajo perfecto será perfecto si nos hace felices, si nos reta, si satisfacen nuestra más auténticas necesidades. Puede que el secreto del éxito en el trabajo, consista en aprender a usar el sufrimiento y el placer, en lugar que permitir que éstos, le utilicen a uno. Si se hace así, ejerceremos el control no sólo sobre nuestro trabajo sino también sobre nuestra propia vida. Si no, la vida nos dominará a nosotros.

Saber gestionar el estrés, entiendo que es aprender a vivir con la conciencia tranquila de saber que estamos haciendo lo que podemos por lograr los objetivos trazados en todos los ámbitos (espiritual, personal, familiar, laboral y social) No depende en exclusividad de ningún factor extrínseco, no depende del dinero, ni de la compañía, ni siquiera de la salud.

La importancia de soñar despierto

Muchas veces suelo pedir a mis a mis alumnos que se pregunten: “Hago lo que me gusta” o “Me gusta lo que hago”. Detrás de estas frases se encuentra quizá una de las principales causas de nuestra intrínseca motivación. Aquellos que escogieron la primera, se estrellarán contra la realidad tarde o temprano, ya que no podemos vivir pensando que en el hogar, en el trabajo hacemos solo lo que nos gusta, muy por el contrario, la segunda frase, a simple vista no es tan atractiva pero esconde uno de los secretos mejor guardados para ser feliz, lo decía muy bien Jean Paul Sartre, “La felicidad no está en hacer lo que uno quiere sino en querer lo que uno hace”, y es que con una forma de pensar que conlleve este esquema, podremos ser felices en nuestros trabajos, atrapando lo mejor de lo que nos pasa, haciendo que nos guste, ya que de lo contrario, nos parecerá rutinario (cualquiera que sea el trabajo) y terminará por aburrirnos. Qué importante es automotivarse, crear nuestros propios retos internos, saberse dueños de su propio destino, soñar con una forma de trabajar que incluya pasión y diversión, porque así se trabaja mejor.

¿Qué necesitamos?

Cultivar el compromiso, la pasión, la humildad, elementos críticos para salir adelante. Prima hermana de la paciencia y la humildad es la perseverancia, compañera inseparable de la disciplina y el trabajo cotidiano bien terminado. Pero sobre todo mucho optimismo y entusiasmo, mucha pasión por hacer nuestro trabajo hasta el final. Lo que el hambre es en relación a la comida, es el entusiasmo con relación a la vida. A un niño se le puede obligar a ir la cama, pero no que confíe en ti. A un profesional, que cumpla, pero no que se entusiasme. Es lo mismo que la comida hecha sin pasión. Puede salirte bien, pero no sale rica. Una cosa es cumplir, otra poner el alma. Y el alma solo se pone cuando hay pasión. Y hay pasión cuando la visión y el propósito de la empresa y la visión del equipo están alineados con nuestra auténtica voluntad.

6 comentarios:

K. dijo...

Maquiavelo dijo que aquello que no se puede evitar hay que aprender a quererlo...

Que suena algo pesimista pero es lo mismo que dijo Sartre pero dicho de otra forma...

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido Kike: exactamente, aunque Sartre usaba esa frase en relación a la libertad, de la que además decía: "Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás".

Javier dijo...

Stress literalmente significa tensión. Y hay grados de tensión.

Obviamente, como dices, es necesario un nivel de tensión en nuestras vidas, pero cuando la alcanza ciertos niveles puede llegar a romperse la cuerda.

Para vivir necesitamos adrenalina, pero un exceso de adrenalina provoca accidentes cardiovasculares (y obesidad).

El asunto es cómo conseguir los niveles adecuados de estrés. Ese es el ejercicio de gestión realmente importante. Es como la medicina preventiva.

Por otra parte, pensar que los factores extrínsecos no influyen decisivamente en los niveles de stress está empíricamente equivocado.

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Si Javier, pero los factores extrínsecos que "influyen decisivamente" seguirán pertenciendo solo al entorno en la medida que yo sepa no dejralos entrar sin "gestionarlos" de allí el título del post. No somos sujetos pasivos de ellos, somos seres inteligentes, no?

K. dijo...

En nuestra voluntad e inteligencia encontraremos nuestra libertad..

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Así es Kike !
La libertad es la capacidad que tiene el hombre para actuar o no actuar, para hacer eso o aquello, de acuerdo con su inteligencia y voluntad. Para escoger, para decidir entre dos o más bienes. Al ser el hombre libre, se convierte en responsable de sus acciones; es decir, él tiene que responder por lo que hace o dice y se le pueden pedir cuentas de lo que hace o dice.

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