miércoles, 21 de noviembre de 2012

Entre la Vida y la muerte



En plena adolescencia su cuerpo le dio las primeras señales. Tenía todo en la vida y era imposible  imaginar el calvario que le esperaba cuando supieron que padecía Esclerósis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad catalogada como rara que actúa sin piedad. Poco a poco atrofia los músculos hasta dejarte inmóvil, completamente dependiente y consciente de todo.

Aquel día cambió su vida para siempre. Al poco de cumplir la mayoría de edad, le diagnosticaron ELA. Poco a poco tuvo que asumir cada nueva pérdida y renunciar a muchas de las cosas que constituían su día a día. El diagnóstico nos sorprendió a todos. Incredulidad y quizás también, un poco de ignorancia. Era la primera vez que muchos de nosotros escuchábamos aquella enfermedad degenerativa: Esclerosis Lateral Amiotrófica. Rafael Cattarini era una persona con ilusiones, carisma, atractivo y toda una vida por delante. ¿Por qué le tocaba a él?  “No te das cuenta la suerte que tienes. No eres consciente de que para dar un solo paso tengo que pensar. Tengo que hacer un esfuerzo”, decía Rafa.

Primero fueron pequeños síntomas, la falta de fuerza en una mano, temblores en el brazo... pero lejos de alarmarse, Rafa continuaba haciendo su vida como cualquier joven; iba a la universidad, practicaba varios deportes y tenía bastante éxito entre las chicas. Más adelante fue evidente que algo iba mal, empezó a necesitar grandes esfuerzos para realizar actividades tan básicas como hablar, comer o abrir un bote de mermelada.

Han pasado varios años y la enfermedad ha seguido su curso. Rafa no puede moverse solo y, para hablar, lo hace por gestos. Una lámina de letras y palabras es la forma de materializar sus pensamientos, su madre desliza los dedos por ella y él gesticula para precisar las respuestas…

¿Cómo has conseguido asimilar el cambio tan grande de pasar de ser un chico "10" a dejar de hacer muchas de las cosas cotidianas de un joven?

"A la fuerza ahorcan...  No me queda otra opción que aceptarlo. Lo difícil en la vida es tener que tomar decisiones y es, paradójicamente, esa falta de libertad lo que me da tranquilidad. Yo no dejo de hacer cosas, yo tengo que dejar de hacer cosas."

Una frase que siempre tienes en mente: "si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas", ¿qué te hace ser mentalmente tan fuerte?

"Instinto de supervivencia, supongo. La situación es siempre susceptible de empeorar, así  que es mejor no pararse a pensar en lo que has perdido, porque mañana vas a estar peor y tienes que aprovechar lo que aún te queda hoy. El tiempo que empleas en lamentarte porque un dedo te ha dejado de funcionar, por ejemplo, es tiempo que pierdes en pensar cómo puedes utilizar los otros cuatro para suplirlo."

¿Cuáles son las principales motivaciones que te ayudan a seguir sonriendo día a día?

"Cuando enciendo el móvil por la mañana, me llegan varios mensajes; cuando miro mi mail, otro tanto de lo mismo; por las tardes siempre viene alguien a verme y los fines de semana directamente tengo que dar cita a dos semanas vista... Si eso no es motivo para levantarme todos los días, no sé yo cual más puede haber. El porqué sonrío es un secreto."

¿Tienes alguna creencia o religión? Si es si, ¿te ayuda en tu vida diaria? 

"Católico, por eso tengo esperanza y no temo a la muerte."

Personas como tú aportan mucho a una sociedad tan superficial y desconectada del mundo. Si tuvieses la oportunidad de sentarte en un estrado y dirigirte a un grupo enorme de jóvenes, ¿qué te gustaría decirles?

"Que se den cuenta de todo lo que tienen, porque igual mañana lo pierden. Hay que vivir como si mañana se acabase el mundo. Que nunca se sabe lo que va a pasar, por eso siempre hay que intentarlo. Los que nunca pierden son los que nunca lo intentan."

Todos sabemos que algún día moriremos, pero no sabemos cuándo. Rafa nos dejó el lunes pasado, 19 de noviembre. El cambio de estación nos ha recordado que la muerte puede llegar en cualquier momento. No importa la edad que tengamos e independientemente de la dimensión, es ella, la muerte, probablemente, la mejor maestra de la vida. Rafa no tenía miedo a la muerte. Tampoco tenía miedo a la vida, a pesar de su sufrimiento. Esa es una de las enseñanzas que nos ha dejado. Era una persona atenta, educada, deportista, espiritual y se sentía por encima de todo muy orgulloso de ser español.

La enfermedad fue mostrándonos sus síntomas. Primero fueron las muletas, luego la silla de ruedas y posteriormente la cama, en la que ya no podía comunicarse con palabras. Pero sí transmitir, y mucho, a través de sus ojos. Un abecedario impreso en una lámina transparente que se podía leer por ambos lados. Bastaba un guiño para interpretar unas pocas palabras. Pero su mirada vislumbraba cariño, reflejo de una persona generosa, fuerte, alegre, optimista… espejo de un alma noble que hasta el último momento nunca perdió la sonrisa.

La enfermedad poco a poco le iba ganando la batalla. Pero sólo en lo físico porque en lo mental, lo emocional y lo espiritual, Rafa demostró una fortaleza fuera de lo normal que fue y seguirá siendo un ejemplo para todos. Y nos enseñó algo muy importante: no podemos manejar los efectos de una enfermedad sobre nuestro cuerpo, pero sí podemos dominar emocionalmente la adversidad con fortaleza y esperanza.

Su experiencia nos coacciona a discernir lo que es importante de lo que es accesorio en la vida, y más en estos tiempos que corren. Nos enseñó desde la cama a no olvidarnos de dar gracias por la oportunidad de vivir y como decía un amigo común que él admiraba “a no convertir lo inevitable en problema”. Era posible acariciar la esperanza al visitarle en el hospital. “Pero si incluso en sus últimas horas me ha preguntado por mi viaje, por mi vida en el extranjero. Pero si está consciente...”. El parte médico era implacable: “No le llega el aire a los pulmones y va a ser difícil que salga de esta”. Rafa se estaba preparando para irse al cielo, pero incluso hasta el final, hasta los últimos momentos supo querer: el afecto de una mirada, de una sonrisa que para algunos sigue siendo un secreto.

El lunes 19 de noviembre, al mediodía, nos dejó para siempre, pero solo en esta dimensión. Tenía 29 años. Murió rodeado de su familia, de un desbordante afecto. Alegre. Consciente. Acompañado de amigos. Emocionados todos… Hemos tenido el privilegio de aprender de una persona de verdad. 

Un ejemplo de humanidad que nos anima a recuperar el norte y dotar de un sentido trascendente las acciones de este mundo. Rafa nos enseñó  la virtud de la paciencia en la enfermedad,  que la vida también tiene sentido desde una cama y cómo queremos vivir el resto de nuestras vidas.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La Confianza en uno mismo (3ª parte)











   


Cuando la vida se vive desde la Autoestima todo es diferente. Las cosas cambian de color, sabor y signo, ya que nos conectamos con nosotros y con el mundo, desde una perspectiva más amplia, integral, equilibrada, consciente y productiva.


Quien vive desde la Autoestima es la persona que todos podemos ser. Alguien que se ocupa de conocerse y saber cuál es su papel en el mundo. Su característica esencial es la consciencia que tiene de sí, de sus capacidades y potencialidades así como de sus limitaciones, las cuales tiende a aceptar sin negarlas, aunque o se concentra en ellas, salvo para buscar salidas más favorables. Como se conoce y se valora, trabaja en el cuidado de su cuerpo y vigila sus hábitos para evitar que aquellos que le perjudican puedan perpetuarse. Filtra sus pensamientos enfatizando los positivos, procura estar emocionalmente arriba, en la alegría y el entusiasmo, y cuando las situaciones le llevan a sentirse rabioso o triste expresa esos estados de la mejor manera posible sin esconderlos neuróticamente. El énfasis está puesto en darse cuenta de lo que piensa, siente, dice o hace, para adecuar sus manifestaciones a una forma de vivir que le beneficie y le beneficie a quienes le rodean, en vez de repetir como robot lo que aprendió en su ayer cuando era niño o adolescente. 

Esa consciencia de la autoestima, hace que el individuo se cuide, se preserve y no actúe hacía la autodestrucción física, mental, moral o de cualquier tipo. La gratitud es norma en la vida de quien se aprecia y se sabe bendito por los dones naturales que posee.

Los comportamientos característicos  que ofrece una persona con una sana autoestima son habitualmente los siguientes:

CONFIANZA.

Autoestima es también confianza en uno mismo en las fuerzas positivas con las que se cuenta para abordar el día a día. Esta confianza es la guía para el riesgo, para probar nuevos caminos y posibilidades; para ver alternativas en las circunstancias en que la mayoría no ve salida alguna; para usar la inteligencia y seguir adelante aunque no se tengan todas las respuestas. Estas es la característica que hace que el ser se exprese en terrenos desconocidos con fe y disposición de éxito. Cuando se confía en lo que se es, no se necesitan justificaciones ni explicaciones para poder ser aceptado. Cuando surgen las diferencias de opinión, confiar en uno hace que las críticas se acepten y se les utilice para el crecimiento.

RESPONSABILIDAD.

El que vive desde una Autoestima fortalecida asume responsabilidad por su vida, sus actos y las consecuencias que éstos pueden generar. No busca culpables sino soluciones. Los problemas los convierte en un "cómo", y en vez de compadecerse por no lograr lo que quiere, el auto estimado se planteará las posibles formas de obtenerlos. Responsabilidad es responder ante alguien, y ese alguien es, él mismo o Dios en caso de que su visión de la vida sea espiritual. Toma como regalo el poder influir en su destino y trabaja en ello. Quien vive en este estado no deja las cosas al azar, sino que promueve los resultados deseados y acepta de la mejor forma posible lo que suceda.

COHERENCIA.

La Autoestima nos hace vivir de manera coherente y nos impulsa a realizar e esfuerzo necesario para que nuestras palabras y actos tengan un mismo sentido. Aunque el auto estimado guste de hablar, sus actos hablarán por él tanto o más que sus palabras. No quiere traicionarse y se esmera en combatir y vencer sus contradicciones internas.

EXPRESIVIDAD.

Los que viven confiando en su poder, aman la vida y lo demuestran en cada acto. No temen liberar su poder aunque puedan valorar la prudencia y respetar las reglas de cada contexto. Mostrar afecto, decir "te quiero", halagar y tocar físicamente, son comportamientos naturales en quienes se estiman, ya que disfrutan de sí mismos y de su relación con las personas. La forma de vincularse es bastante libre y sin l típica cadena de prejuicios que atan culturalmente al desvalorizad. En esa expresividad, es seguro observar límites, ya que para expresarse no hay que invadir ni anular a nadie. La expresividad del auto estimado es consciente y natural, no inconsciente ni prefabricada.

ARMONÍA.

Autoestima es sí misma es armonía, equilibrio, balance, ritmo y fluidez. Cuando existe valoración personal, también se valora a los demás, lo que favorece relaciones sanas y plenas medidas por la honestidad, la ausencia de conflicto y la aceptación de las diferencias individuales. Por ser la paz interna la máxima conquista de la Autoestima, quienes están por ese camino hacen lo posible por armonizar y aminorar cualquier indicador de conflicto. Esta armonía interior ahuyenta la ansiedad y hace tolerable la soledad, vista a partir de un estado armónico de vida como un espacio de crecimiento interior y encuentro con uno mismo.

RUMBO.

El respeto hacia nosotros y hacia la oportunidad de vivir engendra una intención de expresar el ser, de trascender, de lograr y de ser útil. Eso se hace más factible al definir un rumbo, un propósito, una línea de objetivos y metas, un plan para ofrendarlo a la existencia y decir "esto es lo que soy y esto es lo que ofrezco". La vida es un don que se expresa a través de una misión y una vocación; descubrirlo es tarea de cada quien, y es únicamente en ese camino donde hallaremos la plenitud y la alegría de vivir. No hacerlo, equivale a nadar en tierra o arar en el mar. El rumbo es indispensable aunque podamos modificarlo, si lo consideramos necesario.

AUTONOMÍA.

La autonomía tiene que ver con la independencia para pensar, decidir y actuar; con moverse en la existencia de acuerdo con las propias creencias, criterios convicciones, en vez de cómo seguimiento del ritmo de quienes nos rodean. No se puede vivir para complacer expectativas de amigos, parientes o ideologías prestadas, mientras algo dentro de nosotros grita su desacuerdo y pide un cambio de dirección. El auto estimado busca y logra escucharse, conocerse, dirigirse y pelear sus propias batallas confiadas en que tarde o temprano las ganará. No se recuesta en la aprobación, sino que mira hacia el interior donde laten sus autenticas necesidades, sin desdeñar lo que el mundo puede ofrecerle.

PRODUCTIVIDAD.

La productividad es un resultado lógico de la Autoestima. Me refiero a una productividad equilibrada en las distintas áreas de la vida humana. No a la productividad meramente económica que suele ser causas de enormes distorsiones en las relaciones y en la salud. Esta productividad equilibrada es consecuencia de reconocer y utilizar los dones y talentos de manera efectiva. Iniciativa, creatividad, perseverancia, capacidad de relacionarse y otros factores asociados con una sana Autoestima posibilitan, al entrar en funcionamiento, la obtención de aquello que deseamos, o al menos de algo bastante cercano.

FLEXIBILIDAD.

Es característica de la persona con autoestima aceptar las cosas como son y no como se le hubiese gustado que fueran. Ante la novedad, para no sufrir, es necesario flexibilizar nuestras creencias y adecuar nuestros deseos sin caer, claro está, en la resignación o la inacción. Flexibilidad implica abrirse a lo nuevo, aceptar las diferencias y lograr convivir con ellas; tomarse algunas cosas menos en serio, darse otras oportunidades y aprender a adaptarse. Todas estas son manifestaciones de inteligencia, consciencia y respeto por el bienestar.

De una manera sencilla y resumida, podemos decir respecto a las capacidades que puede mostrar
 la persona con una sana autoestima, es  que ésta es "ambiciosa sin ser caer en la codicia, 
poderosa sin ser opresora, auto afirmativa sin ser agresiva, e inteligente sin ser pedante".

martes, 30 de octubre de 2012

La confianza en uno mismo (2ª parte)

por Marcelo Vázquez Avila





Otros comportamientos de baja autoestima

Además de los mencionados en el post anterior (I) existen otros comportamientos y actitudes que reflejan desamor y falta de respeto hacia nosotros mismos y como consecuencia de eso, por los demás. Sin que deban ser tomados como algo inmutable y absoluto, algunos de los más frecuentes son:

IRRESPONSABILIDAD.

Quien tiene baja autoestima niega o evade sus dificultades, problemas o conflictos. Culpa a los demás por lo que sucede y opta por no ver, oír o entender todo aquello que le conduzca hacia su responsabilidad. Sus expresiones favoritas son: "Si yo tuviera", "Si me hubieran dado", "Ojala algún día", y otras similares que utiliza como recurso para no aclarar su panorama y tomar decisiones de cambio.

En su irresponsabilidad, el desestimado acude fácilmente a la mentira. Se miente a sí mismo, se autoengaño y engaña a los demás. Esto lo hace para no asumir desde la consciencia adulta las consecuencias de sus actos, de su interacción con el mundo. Ninguna cantidad de nubes puede tapar por mucho tiempo el sol 

INCOHERENCIA.

El desestimado dice una cosa y hace otra. Asegura querer cambiar pero se aferra a sus tradiciones y creencias antiguas aunque no le estén funcionando. Vive en el sueño de un futuro mejor pero hace poco o nada para ayudar a su cristalización. Critica pero no es autocrítico, habla de amor pero no ama, quiere aprender pero no estudia, se queja pero no actúa en concordancia con lo que dice anhelar. Su espejo no lo refleja.

INEXPRESIVIDAD.

Este tipo de personas por lo general reprime sus sentimientos y éstos se revierten en forma de resentimientos y enfermedad. Carece de maneras y estilos expresivos acordes con el ambiente, porque no se lo enseñaron o porque se negó a aprenderlos. En cuanto a la expresión de su creatividad, la bloquea y se ciñe a la rutina y paga por ello el precio del aburrimiento.

IRRACIONALIDAD.

Se niega a pensar. Vive de las creencias aprendidas y nunca las cuestiona. Generaliza y todo lo encierra en estereotipos, repetidos cíclica y sordamente. Pasa la mayor parte de su tiempo haciendo predicciones y pocas veces usa la razón. Asume las cosas sin buscar otras versiones ni ver otros ángulos. Todo lo usa para tener razón aunque se destruya y destruya a otros.

DESARMONÍA.

El desestimado tiende al conflicto y se acostumbra a éste fácilmente. Se torna agresivo e irracional ante la crítica, aunque con frecuencia critique y participe en coros de chismes. En sus relaciones necesita controlar a los demás para que le complazcan, por lo que aprende diversas formas de manipulación. Denigra del prójimo, agrede, acusa y se vale del miedo, la culpa o la mentira para hacer que los demás le presten atención. Cuando no tiene problemas se los inventa Porque necesita del conflicto. En estado de paz se siente extraño y requiere de estímulos fuertes generalmente negativos. En lo interno, esa inarmonía se evidencia en estados ansiosos, que desembocan en adicciones y otras enfermedades. Para el desestimado, la soledad es intolerable ya que no puede soportar el peso aturdidor de su consciencia.

DISPERSIÓN.

Su vida no tiene rumbo; carece de un propósito definido. No planifica, vive al día esperando lo que venga, desde una fe inactiva o una actitud desalentada y apática. Se recuesta en excusas y clichés para respaldar su permanente improvisación.

DEPENDENCIA.

Quien tiene baja autoestima necesita consultar sus decisiones con otros porque no escucha ni confía en sus mensajes interiores, en su intuición, en lo que el cuerpo o su verdad profunda le gritan. Asume como propios los deseos de los demás, y hace cosas que no quiere para luego quejarse y resentirlas. Actúa para complacer y ganar amor a través de esa nefasta fórmula de negación de sí mismo, de auto sacrificio inconsciente de sus propias motivaciones. Su falta de autonomía, la renuncia a sus propios juicios hace que al final termine culpándose, auto incriminándose, resintiendo a los demás y enfermándose como forma de ejecutar el auto castigo de quien sabe que no está viviendo satisfactoriamente. La dependencia es el signo más característico de la inmadurez psicológica, que lleva a una persona, tal como dice Fritz Perls, a no pararse sobre sus propios pies y vivir plenamente su vida.

INCONSTANCIA.

Desde el miedo, una de las emociones típicas del desestimado, las situaciones se perciben deformadas y el futuro puede parecer peligroso o incierto. La falta de confianza en las propias capacidades hace que aquello que se inicia no se concrete. Ya sea aferrándose a excusas o asumiendo su falta de vigor, el desestimado tiene dificultad para iniciar, para continuar y para terminar cualquier cosa. Puede que inicie y avance en ocasiones, pero frente a situaciones que retan su confianza, abandonará el camino y buscará otra senda menos atemorizante. La inconstancia, la falta de continuidad, señala poca tolerancia a la frustración.

 RIGIDEZ.

La persona desvalorizada lucha porque el mundo se comporte como ella quiere. Desea que donde hay calor haya frío, que la vejez no exista y que todo sea lindo. Le cuesta comprender que vivimos interactuando en varios contextos con gente diferente a nosotros en muchos aspectos, y que la verdad no está en mí o en ti, sino en un "nosotros" intermedio que requiere a veces "estirarse". Sufrir porque está lloviendo, negarnos a entender que una relación ha finalizado, empeñarnos en tener razón aunque destruyamos vínculos importantes, demuestra incapacidad para abandonar posturas rígidas que nos guían por la senda del conflicto permanente. Eso es no quererse, eso es desestima.

En general es una persona que no se conoce, que no se acepta y que no se valora; que se engaña y se auto sabotea porque ha perdido el contacto consigo mismo, con su interioridad, y se ha desbocado hacia el mundo con el afán de ganar placer, prestigio y poder, es decir, de obtener a cualquier precio la aprobación de los demás, como un niño que requiere el abrazo materno para sobrevivir. 

Cuando nuestra autoestima es baja o débil no nos damos cuenta fácilmente de que se ha roto el equilibrio que necesitamos para vivir en paz  y disfrutar de la vida, que como un don especial nos ha sido dado. Esta sana autoestima la consideraremos en el próximo post.

jueves, 25 de octubre de 2012

La confianza en uno mismo (1ª parte)


por Marcelo Vázquez Avila

Existen necesidades reales y otras que no lo son aunque a veces así lo pensemos. 
La autoestima está relacionada con el amor incondicional hacia uno mismo. 
Ella orienta la acción hacia el logro de los objetivos y el bienestar general.

Podemos tener limitaciones y a pesar de ello tener una sana autoestima. Los eventos externos, las contingencias, no necesariamente deberían afectarnos esencialmente, al menos no de manera estable o permanente. La sana autoestima es el juicio que hago de mi mismo y  también la reputación que tengo ante mí mismo. La convicción de que con lo que soy basta para funcionar; que no tengo que incorporar nada nuevo a mi vida, sino reconocer aspectos de mí que no he hecho propios, para luego integrarlos.

Es una manera de vivir orientada hacia el bienestar, el equilibrio, la salud y el respeto por mis particularidades. La confianza en uno mismo podemos decir que es siempre cuestión de grados y puede ser aumentada, ya que si lo vemos con cuidado, concluiremos que siempre es posible respetarnos más o estar más conscientes de nosotros y de la relación que tenemos con todo lo que nos rodea, sin llegar a caer en el narcisismo o egoísmo, que es cuando sólo podemos amarnos a nosotros mismos. Por eso utilizaremos expresiones como aumentar, elevar o desarrollar la autoestima, para aludir al hecho de que alguien pueda mejorar en los aspectos citados.

De manera que sí es posible una potenciación de este recurso de conocimiento, aceptación y valoración de uno mismo. Cuando nos referimos a personas o situaciones de poco amor o respeto hacia nosotros mismos, utilizaremos el términos "desvalorización" como palabra que se refiere a una manera inconsciente de vivir que niega, ignora o desconoce nuestros dones, recursos, potencialidades y alternativas.

También es cierto, que en algún momento podemos tener comportamientos de baja autoestima, aunque nuestra tendencia sea vivir conscientes, siendo quienes somos, amándonos y respetándonos. 

Puede también suceder lo contrario: vivir una vida sin rumbo, tendente al auto sabotaje y a la inconsciencia, pero podemos experimentar momentos de encuentro con nuestra verdadera esencia. Fragmentos de tiempo de inconsciencia y desconfianza en uno, no son igual que una vida inconsciente regida por el miedo como emoción fundamental. Lo uno es actitud pasajera, lo otro es forma de vida. Esto hay  que saber distinguirlo.

Cómo nace la autoestima

Desde el momento mismo en que somos concebidos, cuando el vínculo entre nuestros padres se consuma, se puede decir que ya comienza la carga de mensajes que recibimos, primero de manera energética y luego psicológica. Así van transcurriendo la infancia, la adolescencia y la llegada de la madurez. El ingreso al mundo laboral complica el asunto de la formación y manifestación de la autoestima, ya que en ese contexto se nos mide por lo que hacemos y no por lo que somos. Si produces, te quedas y si no te vas. Esa es la medida cuando de dinero se trata. Finalmente en el matrimonio se expresa mucho de lo aprendido en los años precedentes: condicionamientos, tradiciones; lo que fue vertido en el molde durante muchos años y que hemos llegado a creer que somos. En este tiempo, formamos parte de una sociedad uniformada en la que muchos han renunciado a expresar su originalidad y tienen ideas fijas de las cosas, que casi siempre siguen aunque no les funcionen. La inconsciencia y falta de comprensión de lo que ocurre, induce a culpar, a resentir, a atacar, a agredir a los demás, a quienes se ve "como malos que no nos comprenden".

Para entonces, ya hemos construido una imagen de nosotros (auto imagen), puesto que habremos aprendido una forma de funcionar y llevamos como marca, el sello de lo que creemos que podemos o no ser, hacer y tener.

Como se manifiesta la autoestima

Es posible para el observador atento o entrenado, detectar los niveles de autoestima de las personas, ya que su manifestación se extiende a pensamientos, palabras, estados emocionales, hábitos y actitudes. La manera como vive un ser con  autoestima es bastante diferente de la forma como funciona alguien que no la tiene.

Baja autoestima, dos comportamientos característicos

1. Desconocimiento

La persona ignora quién es y el potencial que posee; funciona automáticamente y depende de las circunstancias, eventualidades y contingencias; desconoce sus verdaderas necesidades y por eso toma la vida con indiferencia o se dedica a hacer mil cosas que no le satisfacen; ignora las motivaciones, creencias, criterios y valores que le hacen funcionar. Muchas áreas de su vida reflejan el caos que se desprende del hecho de no conocerse. Parte de ese caos, generalmente auto inducido, se observa en conductas autodestructivas de distinta índole. Vive desfasado en el universo temporal; tiene preferencia por el futuro o el pasado y le cuesta vivir la experiencia del hoy: se distrae con facilidad. Pensar y hablar de sólo de eventos pasados o soñar con el futuro, son conductas típicas del ser que vive en baja autoestima.

2. Desconfianza

El desestimado no confía en sí mismo, teme enfrentar las situaciones de la vida y se siente incapaz de abordar exitosamente los retos cotidianos; se percibe incompleto y vacío; carece de control sobre su vida y opta por inhibirse y esperar un mejor momento que casi nunca llega. Tiende a ocultar sus limitaciones tras una "careta", pues al no aceptarse, teme no ser aceptado. Eso lo lleva a desconfiar de todos y a usar su energía para defenderse de los demás, a quienes percibe como seres malos y peligrosos; siempre necesita estar seguro y le es fácil encontrar excusas para no moverse. La vida, desde aquí, parece una lucha llena de injusticia.

Decía R.W Emerson que:

“La confianza en uno mismo es el primer peldaño para ascender
por la escalera de la felicidad”.

jueves, 18 de octubre de 2012

El recto uso del poder





por Marcelo Vázquez Avila

¿Goza usted de una posición de poder? Si es así, ¿cómo maneja ese privilegio? 
Ejerce el poder fascinación sobre usted? ¿Cómo se siente al percibir el poder que tiene 
para ejercer influencia o control sobre otras personas? ¿El poder que detenta le ha sido 
otorgado desde afuera o también emana de su vida interior? 
¿Su estilo de ejercer el poder contribuye a la obtención de los resultados
 y metas esperados por usted y su organización?

Las respuestas a estas preguntas pueden traer revelaciones importantes acerca de cómo usted maneja el poder. Una de las motivaciones más fuertes del ser humano es la búsqueda del poder. Esta búsqueda está relacionada con el deseo y/o necesidad de controlar o transformar el entorno y las circunstancias que le rodean. Muchas personas se sienten cautivados por el poder. Las personas, organizaciones y naciones luchan por el poder, porque se sienten atraídos por el prestigio, riqueza, estatus, dominio, control y reconocimiento que parecen derivar de él. 

A lo largo de la historia de la humanidad, lograr poder ha venido a significar sinónimo de éxito. El acumular y ejercer poder ha venido a ser sinónimo de liderazgo para muchas personas. 

¿Qué entiende normalmente la gente por poder?

Muchas personas asocian el poder con la posición o con la capacidad de controlar recursos o personas. Otros lo asocian con la capacidad de dominar a otros. Algunos asocian el poder con ambición desmedida, y piensan que el poder corrompe por ser intrínsecamente malo. Hay quienes lo definen como lo opuesto a la humildad. Algunos hablan de poder bueno y de poder malo. Mientras que existen quienes creen que es necesario como fundamento de cualquier forma de gobierno y liderazgo. Pero más allá de las consideraciones morales o filosóficas sobre el poder, éste no es ni bueno ni malo, ni positivo ni negativo por sí mismo. El poder es neutro. El cómo las personas lo usan es lo que establece la diferencia. 

El poder puede ser constructivo o destructivo, según cómo se emplee y para los fines que se use; por eso el uso del poder conlleva una gran responsabilidad. El poder puede ser usado con sensibilidad y respeto por los demás, como un instrumento para la contribución, el servicio y el logro de fines compartidos, o para fines ególatras y utilitarios. En esto radica el ejercicio ético del poder.

¿Qué es el poder?

Warren Bennis define el poder como “la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla”. Esta definición de poder está alejada de los estereotipos que definen el poder en función de la posición e investidura legal, para definirlo con una competencia personal. Como la capacidad para movilizar la energía propia hacia objetivos y visiones personales y organizacionales. Esta habilidad no puede faltar en el ejercicio del liderazgo.

Necesidad de contextualizar el ejercicio del poder

Muchos líderes y gerentes ven el poder como un recurso que la organización les confiere a través  de la investidura del puesto, para controlar, imponer sus ideas, ejercer la “autoridad de la posición” para hacer cumplir los requerimientos de la organización. Esta noción del ejercicio del poder ha perdido vigencia y efectividad. Los trabajadores del siglo veintiuno no son la misma clase trabajadora del siglo pasado; el trabajador de hoy en día es más educado y formado, más deseoso de participar en la toma de decisiones. La gente de hoy no se conforma con “recibir y cumplir órdenes”. 

Por otra parte, el contexto social que rodea a las organizaciones de hoy en día es más exigente desde el punto de vista de la responsabilidad social empresarial, legal y laboralmente más demandante, económicamente más comprometido, y políticamente más complejo. El esquema del mandamás ya no funciona. 

Se requiere de un ejercicio de poder basado en un liderazgo más participativo, que propicie la búsqueda del consenso, la creación de alianzas y las negociaciones creativas. Un ejercicio de poder que incluya la comunicación y el dialogo como vía para la concertación y la solución de conflictos. Un poder ejercido desde el liderazgo como instrumento de influencia orientada al logro de los objetivos comunes.   

El poder y su relación con el liderazgo

Por otra parte, el poder ejercido sin liderazgo deviene en coerción, manipulación y autoritarismo; pero el poder puesto al servicio del liderazgo es transformador. El poder sin el liderazgo como vehículo de expresión, carece de influencia real y duradera; logra adhesión, pero por miedo, sin convicción y compromiso. Podemos argumentar, como lo dice W. Bennis: 

“El liderazgo es el recto uso del poder”.

jueves, 11 de octubre de 2012

Mis Paradigmas








por Marcelo Vázquez Avila



Cada vez que quieras descubrir nuevos caminos y lograr mejores resultados en un área de tu vida, te invito a que te detengas un momento y antes de empezar a hacer las cosas de la forma en la que siempre las has hecho, dedica un minuto a desafiar la forma correcta de hacerlo preguntándote: 

¿Quién dijo que tiene que ser o hacerse sólo de esta manera?

Las personas que llegaron antes que nosotros y nosotros mismos hasta el día de hoy, seguramente hemos hecho las cosas lo mejor que pudimos, pero no necesariamente lo mejor posible. De hecho, las generaciones futuras van a disfrutar de los aportes que nosotros seamos capaces de hacer a partir de desafiar y enriquecer las miradas tradicionales que ya no sean funcionales. 

La rebeldía ante el statu quo, de la mano del respeto por el otro, es la madre de muchos descubrimientos y nos invita a recorrer nuestro propio sendero de investigación y aprendizaje 


viernes, 28 de septiembre de 2012

La fuerza de la Imaginación


"La imaginación es mas importante que el conocimiento"
Albert Einstein


5 preguntas a Ken Robinson (1)





¿Cómo define el concepto “creatividad”?

Hay tres términos clave. El primero es imaginación, la fuente de la creatividad. La imaginación es la capacidad más extraordinaria de los seres humanos, la que nos permite traer a la mente todo aquello que no está disponible para ser captado por nuestros sentidos. Con la imaginación podemos revivir el pasado, ponernos en el lugar de otra persona y sentir empatía con ella. O anticipar el futuro; no preverlo, pero sí anticipar distintas posibilidades.

Todo lo distintivamente humano proviene del poder de la imaginación. La creatividad consiste en poner la imaginación a trabajar. Hay una segunda manera más formal de definir la creatividad: el proceso de generar ideas originales que tienen valor. Se puede ser creativo en matemáticas, música, artes, en la gestión de una empresa, en la conducción de una familia. Todo es una posible fuente de pensamiento creativo. Innovación es el tercer término clave.

Es llevar las buenas ideas a la práctica. Muchas empresas están interesadas en la innovación, pero no pueden innovar de la noche a la mañana. Antes deben tener un proceso de creatividad y, para eso, deben incentivar y promover la imaginación. Y en este punto fallan muchas organizaciones e individuos: dejan de nutrir la imaginación.

Muchas veces me preguntan cómo se la incentiva, y respondo que una manera es a través de nuevas experiencias. Si usted nunca fue a una galería de arte, visite alguna; si nunca vio ballet, asista a una función; si no suele ir a eventos deportivos, vaya a alguno. Si siempre sigue el mismo recorrido de su casa al trabajo, pruebe uno distinto. Estimule su imaginación con un nuevo flujo de ideas. Algunas empresas tienen políticas específicas para fomentar la imaginación de los empleados, como el estudio de animaciones Pixar, que creó un programa de capacitación llamado “Universidad Pixar”. Consiste en seminarios y conferencias sobre todo tipo de materias dictados en las oficinas de la compañía.

¿Cómo se pasa de la imaginación a la creatividad y a la innovación?

La creatividad es un proceso aplicado. Se puede ser creativo en cualquier área. Pixar lo es en el negocio del entretenimiento, Procter&Gamble en productos de consumo. Su estrategia para la innovación es muy distinta a la de Pixar. Fomenta la colaboración entre personas en distintas áreas con el aporte de individuos e investigadores externos. Cisco Systems, por su parte, forma equipos interdisciplinarios con un fuerte énfasis en la colaboración.

Las empresas en las que los sectores funcionan de manera aislada, y las personas que sólo hablan de su especialidad, tienen menos probabilidades de encender la chispa de la creatividad que las compañías en las que se fomenta el intercambio de ideas entre gente en distintos sectores y con diferentes especialidades. En definitiva, para incentivar una cultura de la innovación hay que reconocer que el pensamiento creativo no surge del esfuerzo individual sino de la colaboración, del trabajo en equipo, de combinar las ideas de las personas.

¿Los equipos interdisciplinarios son importantes como fuente de nuevas ideas?

Es una política inteligente y que da buenos frutos. La disciplina es necesaria, pero también lo son el descanso y las etapas de maduración. De hecho, es fundamental para que las ideas evolucionen y se desarrollen. Basta un simple ejemplo: cuando no podemos recordar un nombre por más que nos esforcemos, lo mejor que podemos hacer es no pensar en eso y, luego lo recordaremos espontáneamente. El pensamiento intencionado tiene lugar en la parte frontal del cerebro; pero también hay conexiones inconscientes, y buena parte de las ideas creativas se forman ahí.

¿Cuál es el papel de la emoción en el desarrollo de la imaginación?

La emoción ha tenido mala prensa desde el siglo XVIII, durante la Ilustración, cuando los filósofos deliberadamente intentaron restarle importancia a su impacto. A partir de Descartes, los grandes escritores de ese siglo sostienen que, para adquirir conocimiento, debemos aplicar un riguroso proceso de razonamiento lógico respaldado por evidencias empíricas. El filósofo Hume decía que había que erradicar los sentimientos del proceso lógico porque distorsionaban la verdad. Hemos vivido con esta idea desde entonces. Crecimos pensando que hay sentimientos por un lado y, por el otro, racionalidad. Y que podemos confiar en el intelecto, pero no en los sentimientos. De allí que la psiquiatría se ha dedicado a enderezar los efectos negativos de las emociones. Pero las emociones también tienen efectos positivos, y cada vez más se habla de los beneficios de la felicidad.

Usted afirma que la mayoría de la gente piensa que no es creativa. ¿A qué lo atribuye?

La gente tiene una visión muy limitada de la creatividad y de la inteligencia. Considera que la inteligencia es cierto tipo de pensamiento racional que medimos a través de pruebas de coeficiente intelectual. Por el contrario, yo sostengo que la inteligencia es muy diversa y que hay distintas maneras de pensar. Algunos piensan de forma visual, otros a través de los sonidos o del movimiento, y otros de modo matemático.

Los pintores tienen ideas visuales; no se trata de que intenten compensar una posible falta de habilidad verbal, ni de convertir las oraciones en imágenes. Los músicos no escriben textos y luego los transforman en notas; piensan musicalmente. El cerebro humano es interactivo. Se habla mucho de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, pero la verdadera acción ocurre en las conexiones entre ambos. 

El cerebro no es un sistema mecánico; es un sistema orgánico. 
Cada persona tiene una manera de pensar única que contribuyen a formar 
los grandes equipos creativos.


(1Nombrado caballero por la reina Isabel II en 2003, Sir Ken Robinson es especialista en creatividad, inovación y recursos humanos. Trabajó con empresas del Fortune 500 y asesoró al gobierno inglés y al de Singapur sobre estrategias para el desarrollo de la creatividad. Es autor de los libros Out of Our Minds: Learning to Be Creative y The Element: How Finding Your Passion Changes Everything (lanzado en diciembre de 2009, se tradujo a 16 idiomas y figuró entre los más vendidos en las listas de The New York Times). Profesor en la Universidad de Warwick y actualmente asesor  del J. Paul Gety Trust en Los Angeles

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Una mente que vive fuera del tiempo



Una Historia de Vida 

“¿Os imagináis una vida sin tener noción ni del tiempo ni del espacio, 
en la cual tuviérais que escribiros post-its para acordaros de las cosas 
y en la cual necesitárais señalaros el camino para volver a casa arrojando piedrecitas? 

Pues aunque parezca increíble, una persona con esas lagunas espacio-temporales es una de las mejores corredoras de ultrafondo del mundo. Su nombre es Diane Van Deren y entre sus logros como corredora está su victoria en el 2008 de la Yukon Arctic Ultra 300, una prueba que mezcla cerca 480 kilómetros de carrera en medio del frío extremo, con 40 grados bajo cero, nieve profunda y apenas siete horas de luz solar. Ella logró completar la carrera en ocho días, algo que ninguna mujer había conseguido antes. 

Su historia empieza a los 16 meses de edad, cuando Diane sufrió una lesión en el cerebro que en aquel momento pasó desapercibida. Los médicos la encontraron años más tarde, cuando se pusieron a buscar las causas de los ataques epilépticos que Diane empezó a padecer a sus 30 años, durante el embarazo de su tercer hijo, cuando los ataques de epilepsia que sufría se hicieron más agudos. Las convulsiones eran en ese momento graves ya que podía tener hasta cinco a la semana, y los medicamentos no funcionaban. Tras pasar unos días de evaluación interna en el hospital, los médicos concluyeron que lo único que quedaba era la cirugía. Ella revisó las grabaciones de los videos que la mostraban en medio de un ataque y la imagen la horrorizó. En entrevistas posteriores reconoció que "nunca había visto con los ojos desorbitados y saltando sin controlar mi cuerpo, mientras sangre y saliva corrían por mi cara". No quería que sus hijos la vieran así y aceptó la operación, aun cuando sabía que podía afectar las emociones y recuerdos, por la zona del cerebro que estaba involucrada.

Desde que despertó de la cirugía no ha vuelto a tener esas convulsiones. Pero ya no puede orientarse, le cuesta memorizar hechos, conversaciones y rostros. Tampoco puede organizar tareas simples y no tiene concepción de tiempo ni de espacio. Se pierde con facilidad y es incapaz de calcular cuánto tiempo ha transcurrido. Por eso marca el camino por el que debe volver a la casa, las cosas que debe hacer y a quién debe llamar.                  
                                                                                                  
En las paredes de su casa, muchas fotos le recuerdan los momentos más importantes de su vida, vacaciones y cumpleaños de sus hijos. Quienes la conocen hablan de una persona cálida, amorosa y preocupada por los demás, aunque nunca recuerda los nombres de las personas, tampoco las conversaciones, por lo que es habitual que repita todo una y otra vez.  
                                             
Pero su amor por el deporte, sus cualidades físicas y el nuevo orden cerebral le dieron a Diane una nueva vida que la ha llevado a convertirse hoy en una destacada corredora de carreras de ultra fondo, que corre sin recordar cuánto tiempo lleva de ruta ni adónde debe llegar, ya que cuando llega a un punto determinado, el GPS para ella no es un elemento que la oriente a llegar a la meta, lo utiliza solamente para dar las coordenadas y que alguien vaya a por ella. Tampoco siente dolor y como ella dice "Para mí, el tiempo solo pasa". Su única concentración durante la marcha es el sonido que causan sus pies en el suelo, que es lo que marca su ritmo. Su visión periférica también se ha visto afectada, por eso no es extraño que en algunas carreras tropiece y se caiga.

No se cuestiona si la cirugía le ha ayudado a ser una mejor corredora, y le basta con saber que eso ha alejado las convulsiones. Es simplemente una medicina para curarse. Para ella, cada día es un regalo que agradece y no hay más que eso. "Me gusta hablar acerca de cómo todos nosotros tenemos obstáculos en nuestras vidas. El mío fue la epilepsia", dice en una de las muchas charlas motivacionales a la que es invitada.                                                                                                     
Diane no se cansa de repetir "mis piernas son como mis palabras; cuando gano una carrera, es como una demostración de que todos podemos superar las tragedias que ocurren en nuestras vidas". 
                         
Una historia realmente increíble desde todos los puntos de vista, con su parte triste por un lado, pero con una tremenda fuerza y con un gran mensaje positivo por la otra. Sin duda un ejemplo más de como la resiliencia y el deporte pueden ser factores determinantes en el renacer de una persona. La primera cosa que el deporte te enseña es que tienes que levantarte cada vez que te caes, sea física como psicológicamente: aprender de los fallos y de las derrotas, recuperarte de las lesiones, superar las críticas injustas, etc. son vivencias que forman parte del pan nuestro de cada día para un deportista. 

Un continuo subir y bajar, caerte y levantarte inmediatamente, la mayor parte de las veces sin tiempo para digerir los acontecimientos. En definitiva, un continuo y permanente acto de resiliencia. 

Con lo cual, aunque poco conocido como término hasta ahora en el mundo del deporte y a nivel social, la resiliencia es sin duda uno de los grandes valores que el deporte puede aportar a la sociedad como herramienta para adaptarse, atravesar y superar momentos de crisis como los actuales, ayudándote a salir de ellos, reforzándote al mismo tiempo a nivel mental y emocional.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Empatía y Asertividad


por Marcelo Vázquez Avila

Creer que la relación es el aspecto más importante en la conducta asertiva, 
es la piedra fundamental para conectar 
con otra persona.


Estamos hablando de la capacidad que tiene el ser humano para conectarse a otro y responder adecuadamente a sus necesidades, a compartir sus sentimientos e ideas de tal manera de que logra que el otro se sienta muy bien con él. Es llegar a ponerse en el lugar del interlocutor sin perder la propia identidad.

Es tratar de ponerse en los zapatos de la otra persona sin embargo, esto no se logra en un cien por ciento, lo único que nos queda al final, es seguir intentándolo, con ganas, para lograrlo. Es fundamental en la comunicación humana. La palabra comunicación deriva de COMÚN, lo que tenemos en común. Por lo tanto, empatía es la capacidad de ver cada vez más aspectos positivos del otro, tener más aspectos en común. Eso depende de uno mismo no del otro.

Empatía es la habilidad de poder experimentar la realidad subjetiva de otro individuo sin perder de perspectiva tu propio marco de la realidad, con la finalidad de poder guiar al otro a que pueda experimentar sus sentimientos de una forma completa e inmediata. Es escuchar al otro, sin emitir juicios ni consejos, tal vez baste un abrazo, un apretón de manos, porque generalmente ese otro solo necesite en ese momento una oreja que comparta ese momento y lo apoye.

La inteligencia interpersonal es la que nos permite entender a los demás. La inteligencia interpersonal es mucho más importante en nuestra vida diaria que la brillantez académica, porque es la que determina la elección de la pareja, los amigos y, en gran medida, nuestro éxito en el trabajo o en el estudio. La inteligencia interpersonal se basa en el desarrollo de dos grandes tipos de capacidades, la empatía y la capacidad de manejar las relaciones interpersonales. Es la inteligencia relacionada con la actuación y propia comprensión acerca de los demás, como por ejemplo notar las diferencias entre personas, entender sus estados de ánimo, sus temperamentos, intenciones, etc. Se pueden desarrollar carreras como: políticos, trabajadores sociales, comunicadores, locutores, diplomáticos, en general toda persona que tenga que desarrollarse con mucha gente y entenderla.

Expresarse con empatía

Podríamos dar la siguiente definición de empatía: "es la acción de entender, estar consciente de, o ser sensible a... experimentar los sentimientos, pensamientos, y experiencias del otro (de su presente o pasado) sin comunicar totalmente esos sentimientos, pensamientos, y experiencias de una manera objetiva y explícita".

Si un colega y yo estamos trabajando juntos en un proyecto, y alcanzamos un punto en el que necesitamos negociar acerca de dedicar horas fuera del trabajo a dicho proyecto, yo podría decirle: "los dos tenemos tantas responsabilidades fuera del trabajo. Yo sé que debe ser duro para ti imaginar nuestro trabajo fuera del horario regular, con niños tan pequeños como los tuyos."

La declaración anterior me representa poniéndome en los zapatos de la otra persona, quien se siente más comprendida cuando soy empático con su situación. Las oportunidades de que lleguemos a un acuerdo acerca de las horas extra son más altas cuando se expresa la empatía entre nosotros. La empatía implica conexión. Cuando cada uno de nosotros está pensando en cómo siente el otro, nos estamos conectando con la vida de la otra persona.

ASERTIVIDAD

Como estrategia y estilo de comunicación, la asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad (o no-asertividad). Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos. Es una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia.

Asertividad. Es aquel estilo de comunicación abierto a las opiniones ajenas, dándoles la misma importancia que a las propias. Parte del respeto hacia los demás y hacia uno mismo, planteando con seguridad y confianza lo que se quiere, aceptando que la postura de los demás no tiene por qué coincidir con la propia y evitando los conflictos de forma directa, abierta y honesta. A menudo se habla de un cuarto estilo comunicativo, el pasivo-agresivo. Consiste en evitar el conflicto mediante la discreción, evitando las situaciones que puedan resultarle incómodas o enfrentarle a los demás con excusas, falsos olvidos o retrasos entre otros medios. Así no asume la necesidad de hacer valer sus propios derechos (agresividad), aunque tampoco se muestra receptivo hacia los de la otra parte (pasividad). La asertividad permite decir lo que uno piensa y actuar en consecuencia, haciendo lo que se considera más apropiado para uno mismo, defendiendo los propios derechos, intereses o necesidades sin agredir u ofender a nadie, ni permitir ser agredido u ofendido y evitando situaciones que causen ansiedad. La asertividad es una actitud intermedia entre una actitud pasiva o inhibida y otra actitud agresiva frente a otras personas, que además de reflejarse en el lenguaje hablado se manifiesta en el lenguaje no verbal, como en la postura corporal, en los ademanes o gestos del cuerpo, en la expresión facial, y en la voz. Una persona asertiva suele ser tolerante, acepta los errores, propone soluciones factibles sin ira, se encuentra segura de sí misma y frena pacíficamente a las personas que les atacan verbalmente. La asertividad impide que seamos manipulados por los demás en cualquier aspecto y es un factor decisivo en la conservación y el aumento de nuestra autoestima, además de valorar y respetar a los demás recíprocamente.

Conectar, en el proceso de asertividad implica tres habilidades: expresarse con empatía, buscar áreas de acuerdo y permanecer abierto a las diferentes opciones para un mutuo beneficio. Detengámonos en cada uno de estos puntos anteriores:

Buscar áreas de acuerdo

Avanzamos más lejos en la negociación cuando podemos determinar en lo que estamos de acuerdo, en lugar de estancarnos en nuestras discordancias. Una manera de descubrir áreas de acuerdo es escuchar bien a la otra persona y verificar si comprendimos su mensaje. Decir, por ejemplo: "Parece que ambos estamos de acuerdo en que este es un proyecto de alta prioridad". Otra manera de encontrar áreas de acuerdo, es formular preguntas definidas: ¿Así que tú estás de acuerdo conmigo en que hay tanto trabajo aquí, que tendremos que encontrar el modo de hacerlo fuera de hora?

Permanecer abierto para un mutuo beneficio

La metodología del brainstorming es clave para encontrar todas las posibles opciones de resolver un problema. En ella, cada uno aporta ideas. Algunas pueden funcionar y otras no ser posibles. La acción misma de hacer una "tormenta de ideas" demuestra que existen muchas opciones. Una vez que las opciones sean sugeridas, la tarea será ordenar cuáles conducirán hacia el mutuo beneficio. Si usted puede unirse a la otra persona en esta decisión, entonces la negociación se habrá vuelto una situación ganar/ganar y ambos avanzarán sintiéndose bien.

Las habilidades sociales son conductas que nos facilitan la relación con los demás. Son destrezas adquiridas o aprendidas, no un rasgo de la personalidad. 

Siempre es posible cambiar, aprender actitudes que faciliten nuestras relaciones, 
tanto personales como profesionales. La asertividad es una habilidad social 
que nos permite expresar nuestros sentimientos y opiniones y defender 
nuestros derechos respetando los ajenos.




domingo, 9 de septiembre de 2012

Freddie Mercury y la Libertad interior




Aceptar las limitaciones personales, la propia fragilidad, las situaciones y frustraciones que la vida nos impone, son modos de hacer crecer nuestra propia libertad interior, pues en ese ámbito personal podemos llegar a ser mucho más dueños de nuestras reacciones, y por tanto más libres.

«Cuando la conocí tenía 16 años. Fuimos presentados en una fiesta, por uno que decía ser mi amigo. Fue amor a primera vista. Ella me enloquecía.  Nuestro amor llegó a un punto en que ya no conseguía vivir sin ella. Pero era un amor prohibido. Mis padres no la aceptaron. Fui expulsado del colegio y empezamos a encontrarnos a escondidas. Pero ahí no aguanté más, me volví loco. Yo la quería, pero no la tenía. Yo no podía permitir que me apartaran de ella. Yo la amaba: destrocé el coche, rompí todo dentro de casa y casi maté a mi hermana. Estaba loco, la necesitaba.
Hoy tengo 39 años; estoy internado en un hospital, soy inútil y voy a morir abandonado por mis padres, por mis amigos y por ella.
¿Su nombre? Cocaína. A ella le debo mi amor, mi vida, mi destrucción y mi muerte».

      Esta narración, atribuida a Freddy Mercury poco antes de morir de SIDA, habla sobre los riesgos de la adicción a las drogas. Y las adicciones nos remiten a la pérdida de libertad interior, uno de los grandes temas de nuestro tiempo, que encierra innumerables paradojas.

      El deseo de libertad que hay en el corazón del hombre le impulsa a traspasar los límites dentro de los cuales se siente como encerrado. Queremos aumentar nuestro poder de transformar la realidad. Pero este ansia de libertad no siempre encuentra el modo de realizarse. Hay ocasiones en que se presentan circunstancias externas objetivas que nos oprimen, y que queremos y debemos procurar cambiar, pero hay otras ocasiones en que nos engañamos y echamos la culpa a lo que nos rodea cuando el problema (y la solución) están dentro de nosotros. Es nuestro corazón quien está prisionero de sus egoísmos y sus miedos, el que debe cambiar, el que debe afrontar la dureza de la vida, el que debe conquistar su libertad interior y no consentirse huir de la realidad para refugiarse en la fantasía o en el victimismo.

      Una de las paradojas de la libertad interior es —en expresión de Jacques Philippe— que ser libre es también aceptar lo que no se ha elegido. El hombre manifiesta la grandeza de su libertad cuando transforma la realidad, pero también cuando sabe aceptar la realidad que día tras día le viene dada. Aceptar las limitaciones personales, la propia fragilidad, las situaciones y frustraciones que la vida nos impone, son modos de hacer crecer nuestra propia libertad interior, pues en ese ámbito personal podemos llegar a ser mucho más dueños de nuestras reacciones, y por tanto más libres.

      Cuanto más dependamos de sentirnos listos o poderosos o atractivos, como ese genio de la televisión, o como ese brillante y multimillonario empresario, o como la última top-model del momento, más difícil nos resultará esa necesaria aceptación distendida de nuestra realidad, que ha de ir unida a una firme determinación de mejorarla. La verdadera libertad interior tiene mucho que ver con superar las numerosas “creencias limitadoras” que puedan haberse instalado en nuestra mente (jamás saldré de esto, no valgo para aquello, siempre seré así, soy incapaz de hacer tal cosa…), que no son aceptación de nuestra limitación sino más bien fruto de nuestras heridas, de nuestros temores y de nuestra falta de confianza en nosotros mismos.
      Las drogas son un problema, pero son antes y sobre todo una mala solución a un problema previo. Y algo parecido sucede con otras formas más leves de escapismo. Cuando nos escondemos en refugios virtuales para eludir la realidad que nos cuesta afrontar, nos estamos engañando. 

La libertad está indefectiblemente ligada a la verdad. Por eso hay que perder el miedo a ponerse cara a cara frente a la verdad y aceptar sus mensajes y sus envites, siempre perceptibles en el corazón del hombre que la desea y la busca.

jueves, 30 de agosto de 2012

GESTIÓN DE LA INCERTIDUMBRE Y DEL ESTRÉS





TALLER DE 
GESTIÓN DE LA INCERTIDUMBRE Y DEL ESTRÉS

Marcelo Vázquez Avila
Mercedes Torrijos

Resiliencia, aprende a actuar con éxito en entornos
inestables para poder aprovechar las oportunidades

CONSTRUYE TU MISMO TU DESARROLLO PROFESIONAL.
LA FORMACIÓN QUE NECESITAS EN EL FORMATO QUE TU CARRERA DEMANDA
www.execed.ie.edu
Madrid 6, 7, 13 y 14 de Noviembre



La actitud de los profesionales ante las adversidades y la incertidumbre depende mucho de su comprensión de qué es una adversidad, de la forma en cómo el individuo se relaciona íntimamente con la adversidad y con la incertidumbre para que lo inesperado juegue de su lado y de las habilidades que pone en marcha para convertir la adversidad en posibilidad.

Al finalizar la jornada de trabajo los participantes habrán trabajado en:

• Las distintas formas de comprender las adversidades y la incertidumbre

• Conocer cómo respondemos individualmente ante la adversidad y la incertidumbre o despues de un fracaso. Conocer el propio estilo personal, valorando la importancia de la creatividad. El papel de la racionalidad y la intuición.

• Cómo liderar la adversidad incluso cuando nada va bien para volver a levantarse para crecer. Construir capacidad de Resiliencia y prevenir el estrés en base a trabajar sobre un propósito, valores, visión y prioridades estratégicas a nivel individual.

• Controlar los efectos de la incertidumbre y la mala gestión del estrés, descubriendo los sesgos de cada persona a la hora de tomar decisiones.

• Alinear una estrategia de acción, desarrollando un plan de Self Management.

Las personas resilientes, se proporcionan un sentido, una explicación posible y dirigen las dificultades que viven, pero necesitan creer que su destino esperanzador no está escrito.




lunes, 27 de agosto de 2012

Cuestión de Actitud


Marcelo Vázquez Avila

Disfrutar la vida es, ante todo, 
cuestión de actitud

La experiencia nos dice que la mayoría de las capacidades para lograr una vida satisfactoria son de carácter emocional, no intelectual.  Desde pequeños nos enseñaron que el sentimentalismo --- como se conoce el hábito de exhibir las emociones en vivo y a manifestarlas sin disfrazar nuestros afectos --- era propio de personas débiles, inmaduras, o con carencia de autocontrol. Además, se ha arraigado en nuestro concepto colectivo, la idea de que las emociones o el llanto, pertenecen al ámbito de lo afeminado y débil. Pero hoy esa visión ha cambiado, ya no es así, ha ido avanzando paulatinamente la convicción de que expresar los sentimientos es un elemento insustituible en la maduración personal y en el desarrollo del juicio y la razón.

Nuestra inteligencia

Tenemos muy en cuenta nuestro espacio subjetivo y no sólo le hemos dedicado tiempo y esfuerzo, sino que incluso la valoración que hacemos de una persona pasa, en buena medida, por sus conocimientos ostensibles y habilidades intelectuales demostradas. Desde la educación, tanto sistematizada como no académica, se nos ha motivado para que saquemos el máximo provecho a nuestros recursos intelectuales.

En esencia, somos lo que hemos leído, lo que hemos aprendido y lo que expresamos. Nadie discute la necesidad de adquirir competencias técnicas y culturales para prepararnos para la vida profesional, pero en una equivocada estrategia de prioridades, a veces olvidamos la importancia de cultivarnos para la vida espiritual.

Aprender a vivir es aprender a observar, analizar, recabar, y utilizar el saber que vamos acumulando con el paso del tiempo. Pero convertirnos en personas maduras, equilibradas, responsables y felices en la medida de lo posible, nos exige también saber distinguir, describir y atender a nuestros afectos. Esto significa ordenarlos, jerarquizarlos, interpretarlos y asumirlos.

Porque cualquiera de nuestras reflexiones o actos -en un momento determinado- pueden resultar "contaminados" por nuestro estado de ánimo e interferir negativamente en la resolución de un conflicto o en una decisión que tenemos que tomar.

Una habilidad muy especial

Cuidar nuestro presente emocional, aprender a expresar las desazones sin agresividad y sin culpabilizar a nadie, darles nombre, atenderlos y saber cómo descargarlos, es uno de los ejes de interpretación y de poder modular lo que nos ocurre. Así crecemos y maduramos emocionalmente.

Cada vez que dudamos ante una decisión, que nos proponemos comprender una situación, no hacemos estas operaciones como lo haría un ordenador o cualquier otro artefacto de inteligencia artificial, sino que ponemos en juego, trayendo a colación, todo nuestro bagaje personal -incluyendo lo que nos ha podido pasar hace un rato o unas horas- y el fardo pesado de nuestro legado cultural.

De ahí que vivir nuestras emociones es una habilidad relacional que nos habilita como seres que se desarrollan en un contexto social. Sólo cuando conectamos con nuestros sinsabores, los atendemos y jerarquizamos, somos capaces de tener empatía con los sentimientos y circunstancias de los demás. No es más inteligente quien obtiene mejores calificaciones en sus estudios, sino quien tiene como recursos prácticos destrezas que le ayudan a vivir en armonía consigo mismo y con su entorno.

La mayor parte de las habilidades para conseguir una vida satisfactoria son de carácter emocional, no intelectual. Aunque es siempre sensato sopesar el principio de la realidad con el principio del placer, antes de tomar un curso de acción. 

Los profesionales más brillantes no son los que tienen el mejor expediente académico, sino los que han sabido "buscarse la vida" y exprimir al máximo sus posibilidades. En otras palabras, los que saben cómo luchar con los talentos que tiene haciéndolos crecer y rendir.

Aprender a desarrollar la inteligencia emocional

Esta sociedad de las "buenas maneras" y del control social ha hecho de nosotros auténticos autómatas de las apariencias. Los investigadores J. Woods y G. Pitt han abordado la inteligencia emocional como la habilidad esencial de las personas para atender y percibir los pesares de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos adecuadamente y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás. En la inteligencia emocional se contemplan cuatro componentes:

1. Percepción y expresión emocional. Se trata de reconocer de manera consciente qué emociones tenemos, identificar qué sentimos y ser capaces de verbalizarlos. Una buena percepción significa saber interpretar nuestros sentimientos y vivirlos adecuadamente, lo que nos permitirá estar más preparados para controlarlos y no dejarnos arrastrar por los impulsos.
2. Facilitación emocional, o capacidad para engendrar emociones que acompañen nuestros pensamientos. Si las emociones se ponen al servicio del pensamiento nos ayudan a tomar mejor las decisiones y a razonar de forma más perspicaz. El cómo nos sentimos va a influir decisivamente en nuestros raciocinios y en nuestra habilidad de deducción lógica.
3. Comprensión emocional. Hace referencia a entender lo que nos sucede a nivel cerebral, integrarlo en nuestro pensamiento y ser conscientes de la complejidad de los cambios afectivos. Para entender los afectos de los demás, hay que entender los propios. Cuáles son nuestras necesidades y deseos, qué cosas, personas o situaciones nos causan determinadas afecciones, qué pensamientos generan las diversas emociones, cómo nos conmueven y qué consecuencias y reacciones propician. Tener empatía supone sintonizar, ponerse en el lugar del otro, ser consciente de sus estados de ánimo.
4. Regulación emocional, o capacidad para dirigir y manejar las emociones de una forma eficaz. Ésta consiste en la aptitud de evitar respuestas incontroladas en situaciones de ira, irritación o miedo. Supone también percibir nuestro estado afectivo sin dejarnos arrollar por éste, de manera que no obstaculice nuestra forma de razonar y podamos tomar decisiones de acuerdo con nuestros valores y las normas sociales y culturales que nos gobiernan.

Pensando en el pasado o en el futuro y no en el ahora, hacemos las cosas de forma 
automática, sin prestarles atención ni disfrutarlas. Tener “conciencia emocional” 
permitirá hacer el esfuerzo de desactivar las películas mentales que nos 
desconectan del aquí y el ahora. Es un cambio de actitud necesario para lograr 
aprovechar realmente los buenos momentos.

domingo, 26 de agosto de 2012

En vacaciones, menos es más


por Marcelo Vázquez Avila

















Ir más despacio, tomar conciencia del  aquí y el ahora, saborear, reírnos, 
apreciar la simplicidad...son  actitudes  que nos predisponen al placer. 
La idea de algo placentero remite a unos ritmos en los que los tiempos 
los marca la persona, no al revés.

Festina lente es una locución latina, cuya traducción literal es: "Apresúrate lentamente". Palabras atribuidas a Augusto, según Suetonio (Augusto, 25): "Caminad lentamente si queréis llegar más pronto a un trabajo bien hecho". Corresponde al refrán castellano "Vísteme despacio, que tengo prisa".
Disfrutar la vida no tiene tanto que ver con el estado de nuestra cuenta bancaria como con saber apreciar, y propiciar, los momentos de gozo. Más allá de las codiciadas vacaciones, en las que el placer parece fácil de alcanzar, todos podemos disfrutar en el día a día a través de los actos más simples. Se trata de darnos cuenta de qué es lo verdaderamente importante para propiciar un cambio de actitud.
Es una de las paradojas de nuestro tiempo: nos marchamos de vacaciones para descansar y regresamos aún más cansados que cuando nos fuimos. ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez? Acostumbrados a llenar cada minuto de nuestro tiempo, nos empeñamos en “aprovechar” las vacaciones para ver, hacer y experimentar mil cosas sin concedernos un momento de tregua. 

Irnos de viaje a la otra punta del mundo, visitar el máximo de lugares en el mínimo tiempo posible, ver todos los monumentos que salen en la guía, seguir un itinerario, respetar los horarios para poder hacerlo todo... ¡La simple idea produce cansancio! ¿Y si decidiéramos que tal vez basta con ver una cosa al día, y verla bien, y tener tiempo para descansar y relajarnos después? En vez de pasarnos el día corriendo de un lado para otro para ver todo lo que “tenemos” que ver, dejarnos  llevar con ejercicios como el siguiente: Siéntese un par de hora en la terraza de una cafetería y deléitese en la contemplación de la calle y las personas. Aunque la idea de visitar lugares exóticos sea atractiva, podríamos decidir no viajar tan lejos. Unas vacaciones en un lugar cercano nos supondrá ahorrar tiempo y preocupaciones en incómodos viajes. Además, si lo que buscamos son unas vacaciones de reposo, no necesitamos recorrer 10.000 kilómetros para lograrlo. En muchas ocasiones, para descansar sólo necesitamos cambiar de lugar.

El deseo de ser valientes

En ocasiones, nos llenamos de responsabilidades para no tener que afrontar la posibilidad del cambio. En el fondo son auto sabotajes que nos infligimos para no tener que tomar decisiones llevar a cabo cambios en nuestras vidas.” Por el contrario, el descanso, la relajación, el contacto con la naturaleza... nos ayudan a reconocer nuestros verdaderos deseos y a tomar fuerzas para vivir de forma más acorde con lo que queremos. Los momentos de lícita satisfacción personal son imprescindibles para volver a conectar con nosotros mismos.
Y es que disfrutar la vida es también una cuestión de coraje. Atrevernos a estar presentes en cada momento y a procurar vivir de forma que no atentemos contra lo que somos o lo que nos hace felices. Decía John Lennon que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Así, el secreto para disfrutar plenamente la vida es, sencillamente, dejar de pensarla tanto y empezar a vivirla plenamente, de una manera mucho más coherente con nuestros anhelos más profundos. 

Y es que disfrutar la vida es, ante todo, cuestión de actitud.

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