jueves, 25 de octubre de 2012

La confianza en uno mismo (1ª parte)


por Marcelo Vázquez Avila

Existen necesidades reales y otras que no lo son aunque a veces así lo pensemos. 
La autoestima está relacionada con el amor incondicional hacia uno mismo. 
Ella orienta la acción hacia el logro de los objetivos y el bienestar general.

Podemos tener limitaciones y a pesar de ello tener una sana autoestima. Los eventos externos, las contingencias, no necesariamente deberían afectarnos esencialmente, al menos no de manera estable o permanente. La sana autoestima es el juicio que hago de mi mismo y  también la reputación que tengo ante mí mismo. La convicción de que con lo que soy basta para funcionar; que no tengo que incorporar nada nuevo a mi vida, sino reconocer aspectos de mí que no he hecho propios, para luego integrarlos.

Es una manera de vivir orientada hacia el bienestar, el equilibrio, la salud y el respeto por mis particularidades. La confianza en uno mismo podemos decir que es siempre cuestión de grados y puede ser aumentada, ya que si lo vemos con cuidado, concluiremos que siempre es posible respetarnos más o estar más conscientes de nosotros y de la relación que tenemos con todo lo que nos rodea, sin llegar a caer en el narcisismo o egoísmo, que es cuando sólo podemos amarnos a nosotros mismos. Por eso utilizaremos expresiones como aumentar, elevar o desarrollar la autoestima, para aludir al hecho de que alguien pueda mejorar en los aspectos citados.

De manera que sí es posible una potenciación de este recurso de conocimiento, aceptación y valoración de uno mismo. Cuando nos referimos a personas o situaciones de poco amor o respeto hacia nosotros mismos, utilizaremos el términos "desvalorización" como palabra que se refiere a una manera inconsciente de vivir que niega, ignora o desconoce nuestros dones, recursos, potencialidades y alternativas.

También es cierto, que en algún momento podemos tener comportamientos de baja autoestima, aunque nuestra tendencia sea vivir conscientes, siendo quienes somos, amándonos y respetándonos. 

Puede también suceder lo contrario: vivir una vida sin rumbo, tendente al auto sabotaje y a la inconsciencia, pero podemos experimentar momentos de encuentro con nuestra verdadera esencia. Fragmentos de tiempo de inconsciencia y desconfianza en uno, no son igual que una vida inconsciente regida por el miedo como emoción fundamental. Lo uno es actitud pasajera, lo otro es forma de vida. Esto hay  que saber distinguirlo.

Cómo nace la autoestima

Desde el momento mismo en que somos concebidos, cuando el vínculo entre nuestros padres se consuma, se puede decir que ya comienza la carga de mensajes que recibimos, primero de manera energética y luego psicológica. Así van transcurriendo la infancia, la adolescencia y la llegada de la madurez. El ingreso al mundo laboral complica el asunto de la formación y manifestación de la autoestima, ya que en ese contexto se nos mide por lo que hacemos y no por lo que somos. Si produces, te quedas y si no te vas. Esa es la medida cuando de dinero se trata. Finalmente en el matrimonio se expresa mucho de lo aprendido en los años precedentes: condicionamientos, tradiciones; lo que fue vertido en el molde durante muchos años y que hemos llegado a creer que somos. En este tiempo, formamos parte de una sociedad uniformada en la que muchos han renunciado a expresar su originalidad y tienen ideas fijas de las cosas, que casi siempre siguen aunque no les funcionen. La inconsciencia y falta de comprensión de lo que ocurre, induce a culpar, a resentir, a atacar, a agredir a los demás, a quienes se ve "como malos que no nos comprenden".

Para entonces, ya hemos construido una imagen de nosotros (auto imagen), puesto que habremos aprendido una forma de funcionar y llevamos como marca, el sello de lo que creemos que podemos o no ser, hacer y tener.

Como se manifiesta la autoestima

Es posible para el observador atento o entrenado, detectar los niveles de autoestima de las personas, ya que su manifestación se extiende a pensamientos, palabras, estados emocionales, hábitos y actitudes. La manera como vive un ser con  autoestima es bastante diferente de la forma como funciona alguien que no la tiene.

Baja autoestima, dos comportamientos característicos

1. Desconocimiento

La persona ignora quién es y el potencial que posee; funciona automáticamente y depende de las circunstancias, eventualidades y contingencias; desconoce sus verdaderas necesidades y por eso toma la vida con indiferencia o se dedica a hacer mil cosas que no le satisfacen; ignora las motivaciones, creencias, criterios y valores que le hacen funcionar. Muchas áreas de su vida reflejan el caos que se desprende del hecho de no conocerse. Parte de ese caos, generalmente auto inducido, se observa en conductas autodestructivas de distinta índole. Vive desfasado en el universo temporal; tiene preferencia por el futuro o el pasado y le cuesta vivir la experiencia del hoy: se distrae con facilidad. Pensar y hablar de sólo de eventos pasados o soñar con el futuro, son conductas típicas del ser que vive en baja autoestima.

2. Desconfianza

El desestimado no confía en sí mismo, teme enfrentar las situaciones de la vida y se siente incapaz de abordar exitosamente los retos cotidianos; se percibe incompleto y vacío; carece de control sobre su vida y opta por inhibirse y esperar un mejor momento que casi nunca llega. Tiende a ocultar sus limitaciones tras una "careta", pues al no aceptarse, teme no ser aceptado. Eso lo lleva a desconfiar de todos y a usar su energía para defenderse de los demás, a quienes percibe como seres malos y peligrosos; siempre necesita estar seguro y le es fácil encontrar excusas para no moverse. La vida, desde aquí, parece una lucha llena de injusticia.

Decía R.W Emerson que:

“La confianza en uno mismo es el primer peldaño para ascender
por la escalera de la felicidad”.

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