miércoles, 26 de septiembre de 2012

Una mente que vive fuera del tiempo



Una Historia de Vida 

“¿Os imagináis una vida sin tener noción ni del tiempo ni del espacio, 
en la cual tuviérais que escribiros post-its para acordaros de las cosas 
y en la cual necesitárais señalaros el camino para volver a casa arrojando piedrecitas? 

Pues aunque parezca increíble, una persona con esas lagunas espacio-temporales es una de las mejores corredoras de ultrafondo del mundo. Su nombre es Diane Van Deren y entre sus logros como corredora está su victoria en el 2008 de la Yukon Arctic Ultra 300, una prueba que mezcla cerca 480 kilómetros de carrera en medio del frío extremo, con 40 grados bajo cero, nieve profunda y apenas siete horas de luz solar. Ella logró completar la carrera en ocho días, algo que ninguna mujer había conseguido antes. 

Su historia empieza a los 16 meses de edad, cuando Diane sufrió una lesión en el cerebro que en aquel momento pasó desapercibida. Los médicos la encontraron años más tarde, cuando se pusieron a buscar las causas de los ataques epilépticos que Diane empezó a padecer a sus 30 años, durante el embarazo de su tercer hijo, cuando los ataques de epilepsia que sufría se hicieron más agudos. Las convulsiones eran en ese momento graves ya que podía tener hasta cinco a la semana, y los medicamentos no funcionaban. Tras pasar unos días de evaluación interna en el hospital, los médicos concluyeron que lo único que quedaba era la cirugía. Ella revisó las grabaciones de los videos que la mostraban en medio de un ataque y la imagen la horrorizó. En entrevistas posteriores reconoció que "nunca había visto con los ojos desorbitados y saltando sin controlar mi cuerpo, mientras sangre y saliva corrían por mi cara". No quería que sus hijos la vieran así y aceptó la operación, aun cuando sabía que podía afectar las emociones y recuerdos, por la zona del cerebro que estaba involucrada.

Desde que despertó de la cirugía no ha vuelto a tener esas convulsiones. Pero ya no puede orientarse, le cuesta memorizar hechos, conversaciones y rostros. Tampoco puede organizar tareas simples y no tiene concepción de tiempo ni de espacio. Se pierde con facilidad y es incapaz de calcular cuánto tiempo ha transcurrido. Por eso marca el camino por el que debe volver a la casa, las cosas que debe hacer y a quién debe llamar.                  
                                                                                                  
En las paredes de su casa, muchas fotos le recuerdan los momentos más importantes de su vida, vacaciones y cumpleaños de sus hijos. Quienes la conocen hablan de una persona cálida, amorosa y preocupada por los demás, aunque nunca recuerda los nombres de las personas, tampoco las conversaciones, por lo que es habitual que repita todo una y otra vez.  
                                             
Pero su amor por el deporte, sus cualidades físicas y el nuevo orden cerebral le dieron a Diane una nueva vida que la ha llevado a convertirse hoy en una destacada corredora de carreras de ultra fondo, que corre sin recordar cuánto tiempo lleva de ruta ni adónde debe llegar, ya que cuando llega a un punto determinado, el GPS para ella no es un elemento que la oriente a llegar a la meta, lo utiliza solamente para dar las coordenadas y que alguien vaya a por ella. Tampoco siente dolor y como ella dice "Para mí, el tiempo solo pasa". Su única concentración durante la marcha es el sonido que causan sus pies en el suelo, que es lo que marca su ritmo. Su visión periférica también se ha visto afectada, por eso no es extraño que en algunas carreras tropiece y se caiga.

No se cuestiona si la cirugía le ha ayudado a ser una mejor corredora, y le basta con saber que eso ha alejado las convulsiones. Es simplemente una medicina para curarse. Para ella, cada día es un regalo que agradece y no hay más que eso. "Me gusta hablar acerca de cómo todos nosotros tenemos obstáculos en nuestras vidas. El mío fue la epilepsia", dice en una de las muchas charlas motivacionales a la que es invitada.                                                                                                     
Diane no se cansa de repetir "mis piernas son como mis palabras; cuando gano una carrera, es como una demostración de que todos podemos superar las tragedias que ocurren en nuestras vidas". 
                         
Una historia realmente increíble desde todos los puntos de vista, con su parte triste por un lado, pero con una tremenda fuerza y con un gran mensaje positivo por la otra. Sin duda un ejemplo más de como la resiliencia y el deporte pueden ser factores determinantes en el renacer de una persona. La primera cosa que el deporte te enseña es que tienes que levantarte cada vez que te caes, sea física como psicológicamente: aprender de los fallos y de las derrotas, recuperarte de las lesiones, superar las críticas injustas, etc. son vivencias que forman parte del pan nuestro de cada día para un deportista. 

Un continuo subir y bajar, caerte y levantarte inmediatamente, la mayor parte de las veces sin tiempo para digerir los acontecimientos. En definitiva, un continuo y permanente acto de resiliencia. 

Con lo cual, aunque poco conocido como término hasta ahora en el mundo del deporte y a nivel social, la resiliencia es sin duda uno de los grandes valores que el deporte puede aportar a la sociedad como herramienta para adaptarse, atravesar y superar momentos de crisis como los actuales, ayudándote a salir de ellos, reforzándote al mismo tiempo a nivel mental y emocional.



1 comentario:

GGEMAR dijo...

Magnifico articulo;
Una sugerencias: no se ve muy bien el blog con ese fondo negro y es difícil leer.

Un fuerte abrazo,
Germán

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