miércoles, 7 de marzo de 2012

Psicología del Veraneo

Por Marcelo Vázquez Avila

Todos ponemos enormes expectativas en las vacaciones, deseamos volver renovados, vivir aventuras, descansar, despertar el romanticismo… y una interminable lista de exigencias para quedar satisfechos. La explicación radica en su efecto positivo por el bienestar físico y psíquico. Estos son algunos de los beneficios de este tiempo, que es breve y se da una sola vez al año, así teniéndolos en cuenta, podamos quizás aprovecharlos mejor:
1. Es bien sabido que distanciarse física y psicológicamente de una actividad habitual y exigente, descansa. Si además esa separación es prolongada en el tiempo y se acompaña de la realización de actividades relajantes, divertidas y enriquecedoras es aún más eficaz para recuperar las energías físicas y mentales.
2. Normalmente durante las vacaciones, desaparece la prisa y la preocupación por cumplir un horario, por atender unos plazos, circunstancias generadoras de distrés, uno de los principales males de nuestra sociedad urbana y competitiva.
3. EL mayor número de horas dedicadas al ejercicio físico, favorecido por el buen clima y por disponer de tiempo libre. A nadie le resultan desconocidos los numerosos beneficios psíquicos y físicos del deporte acorde con las características personales de edad, contextura, etc. El deporte es uno de los métodos más rápidos y eficaces para liberar tensiones originadas por el mal manejo de las preocupaciones de la vida.
4. El mayor tiempo dedicado a estar y hablar con la familia y los amigos. El trato con personas a las que queremos y que nos quieren, nos valoran a y nos necesitan, es el mejor bálsamo para curar las heridas emocionales de la incomunicación y la soledad afectiva tan extendida en nuestra civilización de las telecomunicaciones y de la masificación.
5. El intenso y prolongado contacto con la naturaleza. La mayoría de las personas, a excepción de los urbanitas, veranean junto al mar, en la montaña o en el campo. Aunque no todas saben sacar beneficios de ese encuentro con la naturaleza, como algunos jóvenes que pasan muchas noches de sus vacaciones en lugares cerrados, con poca luz y mucho ruido, durmiendo luego gran parte del día. Disfrutar de la belleza de ciertos paisajes, de la amplitud de los horizontes, al que sabe percibirlos,  llena de sosiego, paz y optimismo.
Cara y Cruz
Como es frecuente observar en la vida, muchas cosas tienen su cara y su cruz, su anverso y su reverso. También el veraneo tiene algunos aspectos negativos, vemos entre ellos  el culto al cuerpo según los cánones actuales de belleza basados en la delgadez y la estética corporal desequilibrada. Este interés de todas las épocas del año alcanza una especial intensidad en el  verano y por esta razón en los meses previos reaparecen o agudizan los trastornos alimentarios de anorexia y bulimia nerviosas, fobias a diversas partes del cuerpo, acompañadas de una intensa carga de angustia por inseguridad y auto concepto negativo que impide establecer relaciones interpersonales gratificantes.
Otro aspecto negativo que puede ocurrir es que después de un par de semanas de ocuparse actividades que gustan y producen placer, se puede ir perdiendo el tono por el trabajo y esto acarrea miedos y cierto rechazo a la reanudación de las obligaciones habituales (síndrome post vacacional), sobre todo si lo cotidiano resulta frustrante o para algunos, incluso deprimente.
Lamentablemente, aparecen como colofón los conflictos donde es difícil  identificar el núcleo de esas desavenencias. La mayoría de las veces el síntoma que aparece en la superficie se debe a gustos enfrentados. Ella quiere playa y él  a la montaña; él se pasaría el día pescando y a ella le gustaría que tomase el sol a tu lado... Piensa: ¿ha estallado la guerra mientras hacíais los planes?
Otro motivo aparente es que pasamos demasiado tiempo juntos. Ella sin horarios y sin sus compañeras de trabajo; él, sin sus colegas ni el café de media mañana… todo un mes cumpliendo “cadena perpetua” uno junto al otro y sin saber qué hacer. ¿Necesitáis más independencia? Con los problemas a cuestas. Quizá la relación pasa por su peor momento y los dos saltáis a la mínima. ¿Tenéis la esperanza de que las vacaciones puedan solucionar las cosas?
La solución
¿Cuál es la solución? Piensa, para empezar, en que quizá no consigas en tus vacaciones, todo lo que quieres pero precisamente sabiéndolo podrás poner los medios para no frustraros. Todos necesitamos un período anual en el que el descanso sea más prolongado. Pero es necesario aprender a descansar también a lo largo del año laboral, sobre todo durante los fines de semana. Así no llegaremos tan cansados a las vacaciones y con la imperiosa necesidad de compensar el sentimiento de frustración que acompaña a las situaciones de sobrecarga laboral.
Y lo que considero aún más importante: diálogo y tolerancia. Para acercar los gustos, repartir el tiempo y las cargas sin llevar en el equipaje los problemas es necesario hablar, entenderse y poner voluntad. Por otro lado, hay que estar dispuestos a ser flexibles, improvisar soluciones, darnos libertad  y simplificar, disfrutando con lo sencillo.

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