Descubre tus sombras

 



Por Marcelo Vázquez Ávila 

Bienvenido al show de la Sombra!

¿Alguna vez te has preguntado por qué te irrita tanto la gente que habla en voz alta en el cine? 

¿O por qué una pequeña crítica te hace explotar como un volcán? ¡Tranquilo, no estás solo! Estas son solo algunas de las invitaciones que la sombra nos hace para salir a la luz.

La sombra no es más que esa parte de nosotros que hemos guardado bajo la alfombra, ya sea por vergüenza, miedo o porque simplemente no encajaba con el "yo" ideal que hemos creado. La neurociencia nos dice que nuestro cerebro, en un esfuerzo por mantenernos a salvo y en sintonía con nuestro entorno, filtra y reprime ciertos aspectos de nuestra personalidad. Es un mecanismo de defensa, un superhéroe que en lugar de salvar, esconde. Pero la sombra no desaparece, se manifiesta en pequeñas (y a veces no tan pequeñas) señales. Así que, en lugar de ignorarla, ¿qué tal si la invitamos a bailar?

Aquí están las 5 pistas de baile para encontrar a tu sombra y, en lugar de pelear con ella, ¡hacerte su amigo!

1. Cuando tu radar de “juicio” se enciende (¡No comprendo cómo puede vestirse así!)

Cuando ves a alguien y, de la nada, sientes una aversión instantánea, tu sombra está tocando a tu puerta. La neurociencia lo llama sesgo de confirmación. Tu cerebro, de forma inconsciente, busca en los demás aquellos rasgos que no te gustan de ti mismo. Es como si vieras a la persona y pensaras: “¡Mira, se atreve a mostrar lo que yo he escondido!”. En lugar de juzgar, pregúntate: “¿Qué me molesta tanto de esa persona?”. Quizá te des cuenta de que, en el fondo, anhelas la libertad de expresarte así.

2. Cuando el espejo te devuelve un reflejo incómodo (Otra vez llegas tarde sin avisar)

El feedback negativo puede ser difícil de escuchar. Sin embargo, es una de las herramientas más poderosas para descubrir la sombra. Cuando alguien te señala un comportamiento que no te gusta, como la impuntualidad o la falta de comunicación, tu cerebro activa el sistema de alarma. Te pones a la defensiva porque esa crítica resuena con una inseguridad oculta. En lugar de argumentar, escucha. Puede que esa persona esté sosteniendo un espejo que te muestra la parte de ti que necesitas abrazar.

3. Cuando tu boca va más rápido que tu cerebro (¡No quise decir eso!)

Las acciones impulsivas, los comentarios que se te escapan o los errores que cometes sin querer son portales directos a la sombra. El sistema límbico, la parte de nuestro cerebro que se encarga de las emociones y la impulsividad, toma el control. Es como si tu sombra dijera: “¡Por fin, una oportunidad para salir!”. Es en esos momentos cuando sale a la luz la verdad que tanto has tratado de esconder. En lugar de avergonzarte, pregúntate: “¿Qué parte de mí es la que realmente quería decir eso?”. Puede que descubras un deseo o una necesidad que no sabías que tenías.

4. Cuando el mundo te hace sentir en ridículo (Me avergüenza su modo de tratarme)

Cuando te sientes humillado, la sombra se hace más visible que nunca. El sentimiento de vergüenza es una señal de que has violado tus propias reglas o de que alguien ha expuesto una debilidad que preferirías mantener oculta. Tu cerebro interpreta esto como una amenaza social. En lugar de huir, enfrenta la situación. Pregúntate: “¿Por qué me avergüenza tanto esto? ¿Qué es lo que realmente tengo miedo de que los demás vean en mí?”.

5. Cuando un pequeño error de otro te hace explotar (Nunca hace las cosas a su debido tiempo)

El enfado desproporcionado por los errores de los demás es un claro indicador de que tu sombra está a punto de hacer un berrinche. La amígdala, el centro del miedo y la ira en nuestro cerebro, se activa. Te enfadas tanto porque el otro está haciendo lo que tú te has prohibido a ti mismo. Te has puesto un estándar tan alto que no toleras que los demás lo incumplan. En lugar de explotar, respira. Y reflexiona: “¿Por qué me molesta tanto que esa persona se equivoque? ¿Qué tan rígido soy yo conmigo mismo?”.

Descubrir la sombra no se trata de sentirte mal contigo mismo, sino de abrazar tu totalidad. Se trata de entender que eres una obra de arte compleja, con luces y sombras. Al reconocer y aceptar estas partes ocultas, no solo te liberas, sino que también desarrollas una mayor empatía hacia los demás. Así que, la próxima vez que te topes con una de estas señales, no la ignores. Mírala, salúdala y di: “¡Hola, sombra! Por fin nos conocemos”.

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