lunes, 11 de mayo de 2009

La Música y la Conducta Humana II



La música educa las emociones


Parece ser que toda cultura es un intento de hallar en lo transitorio y mudable lo inmutable y eterno. Si en este proceso empleamos tan sólo nuestra mente tardaremos muchísimo tiempo en llegar a la verdad, porque debemos proporcionarle material para su trabajoso análisis y colocarlo externamente a ella: primero debemos examinar los hechos desde el exterior y después llegar a la generalización. Pero hay en nuestro interior otra facultad que nos capacita para abreviar este proceso de la mente: la intuición. La función del Arte es llevarnos a la esencia de las cosas y esa esencia es eterna y no temporal.

La música posee una sutil cualidad de síntesis que influye en la imaginación y educe nuestras latentes intuiciones. Por eso la construcción del carácter puede favorecerse familiarizando cada vez más la mente y las emociones con la música.
López-Quintás afirma que la contemplación del Arte nos procura un equilibrio espiritual que fomenta la creatividad. Sostiene que el hombre desarrolla cabalmente su personalidad cuando sabe convertir en íntimas las realidades externas y ajenas.
Para ello explica lo que él denomina objeto y ámbito, donde éste es fuente de posibilidades y origen de iniciativas. Un libro, como objeto, es material, pesa y puede romperse. Un libro, como obra literaria, expresa emociones, incentiva la imaginación, transmite conocimientos, es decir, constituye un ámbito de realidad. La verdadera magia del Arte consiste en que nos permite transfigurar los objetos en ámbitos.
La actitud de dominar y poseer sólo es posible respecto a objetos y los objetos se hallan inevitablemente fuera del hombre; no pueden nunca llegar a serle íntimos. Es ésta la razón por la que la actitud posesiva y dominadora nos induce a ver los pares de opuestos como dilemas (esto o aquello): libertad-norma, autoafirmación-solidaridad, dentro-fuera. La gran clave de la formación humana es que la actividad creadora convierte estos esquemas en contrastes, pares de opuestos que se complementan entre sí (esto y aquello).
López-Quintás pone como ejemplo la Novena Sinfonía de Beethoven, en la que el análisis de la partitura atestigua que la melodía está sometida a un cauce estricto, pero la audición nos sumerge en un discurso musical extraordinariamente ágil y flexible. He aquí cómo la experiencia estética nos muestra que de hecho la libertad y la norma como cauce de la energía creativa no se oponen, no forman un dilema; se complementan porque constituyen un contraste. Estar obligado a algo no quiere decir en principio hallarse coaccionado por ello, sino relacionado, ligado.


La música impulsa la formación estética

Juan Llongueras
[1], sostiene que la música penetra directamente en nuestros centros nerviosos y ordena de una manera rápida e inmediata la división del tiempo y del espacio. Es muy conveniente -expone- recordar esto para poder reconocer la importancia que tienen las disciplinas del ritmo en la ordenación y coordinación de los movimientos tanto del niño como del adulto y cómo estos movimientos, reflejándose en el espíritu, despiertan el sentimiento y la visión de la forma, aportando a su educación artística de la persona y a su formación estética.
Quintiliano
[2] mantiene que la música es el arte de lo conveniente. El concepto de lo conveniente asociado con la música expresa la unión entre Ética y Estética, la identificación entre el bien y la belleza. En la cultura griega clásica, la música tenía su papel específico pero estaba englobada por una visión filosófica del mundo y del hombre. El hombre, filósofo por naturaleza, capaz de inquirir el porqué de las cosas, había de buscar la sabiduría, amar el conocimiento y descubrir la proporción y el ajuste a las leyes naturales para elevarse en su condición humana.
La Filosofía así entendida, es búsqueda de la perfección, y un motor que sigue siendo hoy tan válido como hace 25 siglos. Sólo a través de una visión global de la vida podemos descubrir el lugar que ocupa el hombre en la Naturaleza, su destino y su mejor manera de actuar para hacer surgir lo más elevado que lleva en su interior. Sólo a través de una formación humanística se puede fundamentar cualquier otro conocimiento, y sólo a través de una verdadera moral se solidifica la personalidad humana. El Arte, la Música, es una faceta más dentro de ese camino de superación que se le ofrece.


Música y Educación

¿No es extraordinario que unas tripas de carnero hagan salir a las almas de su envoltura humana? Escribe Shakespeare en “Mucho ruido y pocas nueces”. Así se expresaba el genial dramaturgo inglés para referirse a la emoción por escuchar los sonidos emitidos por las cuerdas de un instrumento. ¿Es capaz la Música de modelar, como defendían los griegos, el sentido ético de una persona, su valor moral, su comportamiento individual y colectivo, educándola, en una palabra?
Educar es educir, extraer del interior del hombre su rico caudal de experiencia acumulada a través de los tiempos. Así, el hombre que trabaja la madera, conoce las vetas de la materia con que trabaja, y si tuviese un aprendiz a su lado, podría enseñarle todo lo que ha recogido en su experiencia continuada. Pero si el hombre no trabaja su madera interior, ¿qué puede observar?, ¿qué puede recoger?, ¿qué puede transmitir?


[1] El ritmo en la Educación, Ed. Labor, Barcelona.
[2] Profesor de retórica en la Roma de Vespasiano. Su fama proviene de su Institutio Oratoria (c. 95 d. C.), obra enciclopédica que recoge todo cuanto es necesario para formar a un orador, en ella defiende la formación íntegra del orador como ser humano. Ejerció una gran influencia sobre la teoría pedagógica que sustenta el Humanismo y el Renacimiento.

5 comentarios:

calatayud dijo...

Al hilo del último párrafo, se puede extrapolar la idea de que el hombre tiene también la dimensión puramente física y la espiritual. Y a diferencia del libro o la sinfonía, la espiritual no puede ser interpretada (y por tanto, aprovechada) por otros sin que antes el propio individuo la haya trabajado interiormente.

Hasta ahí, bien. Me parece una apreciación correcta y llena de contenido que además se parece mucho a la teoría de la motivación: primero tendré que estar a gusto con mi propia persona (motivación intrínseca) para poder sacar lo mejor y dárselo a los demás, de forma que mis experiencias sirvan para otros (motivación trascendente).

Eso sí, quizá ya es exagerar que sea necesaria una formación en humanidades o una rica cultura para llegar al conocimiento interior. Cada persona construye su propio mundo y motivaciones gracias a la reflexión sobre sus propias experiencias.

Hace no mucho un experto catador de vinos me decía: “Para apreciar el vino no es necesario conocer la técnica, el lenguaje ni la teoría sobre el tema, cuando seas capaz de aprender a diferenciar el que te gusta y el que no, ya eres un gran entendedor.”

Con la música pasará lo mismo, independientemente del estilo de música del que estemos hablando, el que sea capaz de conseguir disfrutar de la misma y evocar sus sensaciones utilizándola como vehículo, la apreciará más.

Pero eso sí: esto es un tema de cada uno. Al final es cada cual el que utilizando el medio que mejor sepa utilizar el que es responsable de sacar lo mejor de sí, sea la música, cualquier tipo de arte, o cualquier otra cosa.

Juan dijo...

Estimado Marcelo

Se que no es parte de la consigna de "LA MUSICA Y LA CONDUCTA HUMANA II", pero me interesa mucho saber cual es tu opiñón sobre el artículo de Rubén Heinemann, socio de Oxford Partners, publicado en el Cronista Comercial, titulado "La gente no cambia".
Te dejo el link para que puedas leerlo.

http://vidaprofesional.blogspot.com/

Saludos

Juan

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido Juan,
respecto a tu pregunta, te cuento que la frase de Heinemann que publica Andrés en su Blog "A partir del momento en que ese estilo y modo de hacer las cosas está plasmado, las personas agregan conocimientos, pero los comportamientos y valores básicos quedan fijados y con poca posibilidad de cambiar" tiene sòlo una parte de verdad. Porque LA GENTE, así, en "génerico" NO CAMBIA si no tiene la actitud de hacerlo. Para ello debe primero conocerse y reflexionar acerca de la conveniencia o no del cambio. Te digo una cosa: si le preguntáramos al mismo Heinemann acerca de si él es capaz de cambiar sus comportamientos debido a fuertes intereses personales nos diría que SI. Entonces porqué seguir con ese viejo paradigma de que la gente NO CAMBIA? Acaso Heinemann, tú y yo (testigo cualificado de mi propio cambio) no somos también GENTE?

Juan dijo...

Estoy 100% de acuerdo con tu pensamiento. Creo que cada uno de nosotros a partir de nuestra libertad, capacidad y necesidades, somos capaces de realizar cambios sustanciales en nuestra vida y en nuestra forma de ser. No es eso una forma de evolución?
Creo incluso, que todos podemos re-inventarnos, si, como bien decís vos, tenemos la actitud necesaria para hacerlo.

Siempre me llamó mucho la atención, cuando algún profesor de RRHH nos decía, que a esta altura de nuestra carrera / vida (33 años aprox), las cartas ya estaban dadas, y que si éramos hombres de Finanzas (por ejemplo) poca posibilidad había de que nos convirtiéramos en especialistas en RRHH u otro área, que difícilmente podríamos hacer ese cambio...

Hago mi mea culpa, por no haberlo discutido en ese momento en la clase, pero en el fondo lo que siento es que "tal vez" las empresas no tengan la apertura mental (o el tiempo) para aceptar estos cambios, pero creo firmemente que esos cambios son posibles. Soy la prueba viviente de ello; si no hubiese hecho esa reconversión nunca hubiese tenido el placer de ser tu alumno.

Te envío un fuerte abrazo y gracias por contestarme.


Juan, EMBA 07

MARCELO VAZQUEZ AVILA dijo...

Querido Juan:
Alumno mío de dónde? del IAE o de San Telmo? Gracias por ponerte en contacto a través del Blog. Pero el placer seguramente ha sido mío! Espero seguir on line y terminar sabiendo tu identidad que solo sospecho. Un abrazo enorme

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